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2016. Fidel, mi padre y yo.

Autor(es):
Delio G. Orozco González.
Íntima evocación de mi padre a raíz del fallecimiento de Fidel Castro.

A la memoria de mi padre.

A escasos cinco metros pero fugazmente, vi personalmente por primera y única vez a Fidel Castro. Iba en jeep descapotable junto a Todor Yikov, presidente de Bulgaria y ambos visitaban la escuela Vocacional de Holguín donde estudiaba. Sin embargo, fue mi padre, quien no era comunista pero si fidelista -también mucho más espiritualista que el propio Allan Kardec-, el gran interlocutor para asentir y disentir en torno al hombre que él consideraba como el estadista de mayor calado de su tiempo.

Rara vez he visto en un hombre tanta sensibilidad patria cuando Fidel hablaba, especialmente en foros internacionales: la voz se le cortaba, alzaba el puño y exclamaba: "¡Cuba será faro y luz del mundo, más grande que Cuba nada!...", repetía transido de orgullo lo que el espiritista francés Juan Bautista Lavié Peret -muerto en abril de 1945-, profetizaba sobre el futuro de esta ínsula.

Aún ardiente en mi recuerdo aquella oportunidad cuando mi padre veía un discurso de Fidel y este, arguyendo en su intervención una y otra vez la misma idea, saturaba el acto oratorio. En ese momento llega a la sala de la casa un amigo y exclama: "¡Allá va eso, de nuevo el hombre repitiendo lo mismo!" y mi padre, sin dejar de prestar atención al televisor le replica al visitante: "Los curas repiten el sermón una y otra vez desde hace 2000 años y que yo sepa, nadie se ha puesto bravo por eso" El recién llegado tuvo que consentir en la fuerza argumentativa de la respuesta; pues, en la lógica de mi progenitor y la de Fidel, el bien era preciso predicarlo sin cansarse, aún a riesgo de repetirse.

Mi padre, nacido en 1921, fallece a la edad de 89 años, uno menos que Fidel Castro y cada vez que se refería a este lo hacía apelando al nombre; por supuesto, jamás le oí endilgarle el título de "dictador"; solo una vez se me acercó y dijo: "Hijo, tu sabes que los que no nos quieren bien dicen que Fidel es dictador y creo que en algo tienen razón"; quedé pensativo y algo perplejo pero de inmediato acotó: "Es posible que sea un dictador, pero es un dictador que dicta para el pueblo".

En 2009 ambos ya estaban enfermos pero no apartados de la vida y las ideas. El anciano Orozco veía una intervención de Hugo Chávez y retándome, pregunta: ¿A ver, dime, quien es el estadista más grande de estos tiempos? En más de una ocasión había discutido con mi viejo temas relacionados a la política cubana y le señalé errores que, en mi opinión, eran responsabilidad de Fidel Castro; su rostro se tornaba dolorido y replicaba: "Si pones en una balanza las cosas buenas y malas de la Revolución, verás como el peso se inclina hacia la primera". Después de una sesión de controversias y dándome cuenta que era una cobardía contradecir a un hombre enfermo que, además de haberme dado la vida había contribuido como pocos a mi estatura sentidora, decidí, no solo por amor y respeto; sino, porque algunos de sus argumentos eran ciertos y justos, no agraviar sus convicciones; por tanto le respondí: "Bueno papá, creo que es Chávez", entonces, una sonrisa se dibujó en su rostro y ello alegró mi espíritu; luego me dijo: "Chávez es su discípulo, Fidel el maestro".

La fe de mi padre, enlazada con la patria, resultó ser el motor de su conducta cívica; por ello, cuando alguien deploraba que Fidel estuviera vivo o no lograban explicar el fracaso de tantos intentos de asesinato, su respuesta era única: "Fidel cumple la voluntad de Dios y estará aquí mientras el cielo lo determine".

Creo, siguiendo la lógica de mi viejo, que Fidel ha cumplido la voluntad de Dios; por ello, ha terminado su misión y aunque su cuerpo aún está aquí, su alma no, su ser ha volado a los espacios y allí, donde no hay jerarquías, ni grados, los dos amigos se saludan y hablan animadamente: mi padre y Fidel; yo los acompañaré algún día.


Manzanillo de Cuba, domingo 27 de noviembre de 2016.



Publicado: viernes 13 de abril del 2018.
Última modificación: jueves 30 de mayo del 2019.