Autor(es):
Andrés Conde Vázquez.
Tres variables en la obra de un novelista medular.
ÍNDICE
1.-Introducción.
2.-En donde lo temporal, lo musical, lo estilístico de la obra carpenteriana encuentran su génesis en "Viaje a la semilla".
2.-En donde lo temporal, lo musical, lo estilístico de la obra carpenteriana encuentran su génesis en "Viaje a la semilla".
3.-Sinfonía, sonata y novela: lo real maravilloso en "El Acoso".
4.-La aventura del tiempo en cuatro capítulos.
5.-Una "cuasi furtiva y externa mirada" a los tres primeros capítulos de "Los pasos perdidos".
6.-Breve ensayo después de "una mirada profunda" al tercer capítulo de los pasos perdidos o el de profundis del hombre del siglo XX.
7.-De pronto, me despierta un grito del adelantado: «¡Ahí está la puerta!» (Capítulo cuarto)
8.-Y luego, esos coros de montañas, de manantiales, de tormentas: de elementos que ahora me rodean y siento. Era voz tierra, que es madre a la vez, arcilla y matriz, como la madre de dioses que aún reinan en la selva. (Capítulo quinto)
9.-Y los que ahora se disponen a aplaudirme, ignoran que van a aplaudir a un embustero. Porque todo, en este vuelo que ahora se arrumba hacia la pista, es embuste. (Capítulo sexto)
10.-Epílogo.
1.-Introducción.
La obra de Carpentier y su influencia en el despertar de la conciencia latinoamericana.
Si Abuelo-Padre pudiera existir, así debíamos llamarle por ser apadrinador de cuanto movimiento renovador en las artes se sucedió en la época en que vitalizó con su pluma el acontecer de ésta, tan escritor como periodista, tan musicólogo como músico de su prosa.
Durante mediados de la década de los sesenta, pude asistir a una conferencia que impartió en el instituto donde estudiaba; era una época en que el boom literario no había sucedido y los Cortázar, García Márquez, Vargas Llosa todavía no eran reconocidos como tales, aunque ya la literatura latinoamericana comenzaba a hacerse sentir y respetar. De esa época, él nos hablaba del desconocimiento entre los escritores latinoamericanos: cómo de momento, en México, alguien escribía una novela que era todo un acontecer desde el punto de vista literario y ese escritor, no conocía a otro que por ejemplo en Venezuela, también lograba una novela de mucho valor. En ese interés por el acercamiento entre los escritores pende el primer hilo de lo que podríamos llamar Su Influencia en el Despertar de la Conciencia Latinoamericana, así como la urdimbre de su prosa, tan de sus primeras novelas y relatos como de su obra cumbre donde aparecen en íntima conjunción un estilo barroco cantando contagiosamente a la naturaleza latinoamericana. Es de esa preocupación suya, patente en toda su obra hasta las últimas novelas riqueza verbal excesiva casi llevándonos al mareo climático-orgásmico de una preñez erudita que se transforma en gozo, en claridad prístina de sus barrocos laberintos a la luz solar antillana, al azul gozoso de Portocarrero, de Amelia Peláez, hasta la suave languidez de las Gitanas Tropicales de Víctor Manuel.
Erudición en prosa mayor es Carpentier, erudición en inventiva, en nuevas interrogantes, en ensayística, en música. No anduvo mal encaminado al redescubrir y nombrar lo real-maravilloso, lo hace en la región geográfica de las Antillas, una que otra isla un poco antes o un poco después llega hasta Haití, y queda maravillado con lo que allí observa; le sucede lo mismo que a José Martí cuando nos está describiendo en un tono poético estupendo, la naturaleza prodigiosa con que se va encontrando a su paso hasta llegar a Cabo Haitiano, presente todo ese deslumbramiento en su Diario de Campaña.
Otro escritor se hubiera quedado satisfecho con sólo contar su exuberante belleza y en ese maravilloso esteticismo hubiera quedado todo, pero Carpentier va más allá, por la misma hendija poética de la belleza caribeña, su ojo penetra y ve más, puede ver todo lo que sucede en su acontecer histórico, revuelve la vida de hombres que ya dejaron de existir y les hace vivir nuevamente en sus novelas. Donde no ha existido el personaje, lo crea, le insufla una vida eminentemente americana, porque quien pone el aliento es él: un perfecto narrador latinoamericano. Y es tiempo lo que nos narra, tiempo de otros siglos, tiempo de este siglo, tiempo de siglos que ya están al llegar. Y siempre presente ese interés en la problemática social de su narrativa, nos cuenta cómo la Revolución Francesa influyó en América, cómo un hombre se pierde y va encontrando que ya vivió en otra época, cómo un dictador latinoamericano de este siglo tiene que huir hacia el exilio, nos narra cómo la Revolución Cubana es atacada. Por donde quiera que hurga, es tiempo lo que extrae, pero no tiempo abstracto, sino tiempo social el que se encierra en sus páginas.
A veces parece que estaría de más hablar de contexto latinoamericano en su obra, porque salvo rarísimas excepciones, es en este contexto donde toda su obra ejerce vida, crece, se multiplica, avasalla y se desborda hasta encontrar un cauce como las revoluciones mismas. Da igual que nos esté narrando la vida de un mísero personaje acobardado por las traiciones que ha cometido y parece llegado el momento en que debe dar el frente a la situación por él mismo creada, en el mismo momento en que en el teatro se está interpretando la Eroica de Beethoven; da igual que una fiesta de casi fin de obra se esté desarrollando en París, cuando magistralmente es tiempo americano lo que está haciéndole tañer a su propio péndulo, tañer de tiempo de nuestra latinoamérica aún en otra latitud, de la misma forma como el dictador sale a empujones de nuestro contexto, así, a su debido tiempo, va puliendo la América un rico contorno y su yo propio, e irá eliminando y repujando sus más ricas fibras, enardeciendo la veta abrasadora de donde provenimos.
2.-En donde lo temporal, lo musical, lo estilístico de la obra carpenteriana encuentran su génesis en "Viaje a la semilla".
2.-En donde lo temporal, lo musical, lo estilístico de la obra carpenteriana encuentran su génesis en "Viaje a la semilla".
Dánae teje el tiempo, dice Lezama Lima en un célebre poema, pero otro contemporáneo suyo, también cubano y erudito como él, desteje el tiempo, lo único que lo hace en la entonces, formándose aún, villa de San Cristóbal de La Habana. Un negro viejo llega a una casa que comienza a ser demolida, entonces alguien le pregunta: "(...) -¿Qué quieres viejo...? Varias veces cayó la pregunta de lo alto de los andamios. Pero el viejo no respondía. Andaba de un lugar a otro, fisgoneando, sacándose de la garganta un largo monólogo de frases incomprensibles".(1) Así comienza Viaje a la semilla relato publicado por Carpentier en La Habana en el año 1944. Trece capítulos de una cápsula del Tiempo mental-vital que el Carpentier filósofo llevaba en sí y que podía manejar a su antojo. ¡Qué madurez para un intelectual tan joven! Recordemos que no es más que su segundo libro publicado hasta ese momento. Ya el autor había vivido algo: en ese lapso de tiempo experimentó el presidio, el exilio, revoluciones literarias y no literarias; ya había aparecido su primera novela que nunca quiso reimprimir porque le pareció superficial en el tratamiento de algunos temas y quizás demasiado "surrealista" a la manera europea, específicamente parisina, y no "surrealista" a su propia manera además de otros aspectos que no le dejaron satisfecho.
Después de esta experiencia, regresa por breves períodos de tiempo a La Habana, y el cubano-americano que llevaba dentro que era en sí toda su naturaleza queriendo salir de su larga lengua de escribano: balbuceante, quizá a puñetazos en sí mismo y que nunca dijo a nadie. En esta novela logra encontrar y desarrollar un tema que le deja más satisfecho al desarrollarlo en su aspecto formal y escribe este relato que si decide mandar a la imprenta es porque ha quedado lo suficientemente convencido de no haber arrastrado imperfecciones anteriores para así hacerlo después de haber publicado ¡Ecue-Yamba-O! en Madrid en el año de mil novecientos treinta y tres.
"(...) Tardé años en buscar lo que deseaba. Y el día que supe exactamente lo que quería, inicié El reino de este mundo de donde arranca prácticamente toda mi novelística y, anteriormente, un cuento titulado Viaje a la semilla, que fue escrito en el año 1942 y publicado en 1943. Fue un caso muy curioso: llevaba exactamente diez años sin hacer un texto literario, no más que artículos de periódicos (...) y estando en el Centro Vasco comiendo se me ocurrió el cuento «Viaje a la semilla». Esa idea se apoderó de mí intensamente. Volví a mi casa y en unas tres horas, escribí sin una tachadura, «Viaje a la semilla». Ese día me había encontrado a mí mismo".(2)
Siempre estuvo presente durante toda su vida y su obra el tratamiento del Tiempo, el cual robó, insertó y filosofó en cada una de sus novelas y relatos. Este ha sido escrito anterior a su viaje a Haití, pero ya estaba germinando lo que en una brevedad llegaría a suceder porque este viaje le impactó tanto, que fue allí donde encontró en visión real su ya visionado en ideas deslumbramiento americano, provocando un cambio hacia una mayor profundidad temática y perfeccionamiento estilístico y por lo tanto, consolidando aún más su desarrollo intelectual, hizo posible que sus novelas breves o relatos largos y también grandes novelas llegasen a ser verdaderas joyas literarias, en su maestría estilística, insertando en ellas su vasta erudición en un castellano de tan amplia gama que le permite utilizarlo en sus más rebuscadas y no usuales palabras hasta hacerlo también en expresiones comunes y del habla popular. Esto nos provocó el asombro como otro hecho más de lo real maravilloso americano de, cada cierto tiempo, encontrarnos con un nuevo libro suyo. Durante estos años radicó geográficamente en Madrid, La Habana y en Paris.
Este relato -escrito de una sentada- según expresó el propio autor, en su forma quiso parecerlo lo más posible a lo que en música suele llamarse recurrencia, "(...) es decir, tocar un tema al derecho y tocarlo al revés seguidamente (...) no podría haber una biografía que se desarrollara de la muerte al nacimiento en vez del nacimiento a la muerte"(3) siguiendo esa obsesión que siempre tuvo por hacer sus escritos en prosa, igualados a alguna forma musical, aunque Leonardo Acosta, quien lo conoció desde la infancia también añade otra opinión al respecto, la cual Carpentier nunca dejó entrever, hela aquí:
En Viaje a la semilla, invariablemente calificada de tour de force, tenemos un tiempo que corre a la inversa, que aparentemente, no puede ser explicado por una forma musical. Sin embargo, esta narración fue escrita en un momento en que el autor defendía calurosamente el sistema dodecafónico de Arnold Schoenberg, entonces muy combatido y mal entendido. "Este sistema -diría luego Carpentier- ofrece una serie de recursos interesantísimos, en los dominios de la construcción, de la estructuración". ¿Cómo no pensar entonces en esa variante de la serie inicial dodecafónica conocida como cancrizans o cangrejo, y que consiste en la misma serie básica, pero al revés? ¿O en el espejo, que invierte los intervalos; o en la combinación de ambos? Nada inverosímil nos parece, si tenemos en cuenta que Viaje a la semilla consta de trece pequeños fragmentos que pueden compararse a los doce tonos de la serie dodecafónica, más la repetición, en otra octava, del primero.(4)
El estudiante de arquitectura que fue en su juventud Carpentier, suele darse gusto en este relato nombrando detalladamente las distintas partes del gran todo arquitectónico que en el primer capítulo empezaba a demolerse y en el segundo capítulo se recomenzaba a construir. "(...) Entonces el negro viejo, que no se había movido, hizo gestos extraños, volteando su cayado sobre un cementerio de baldosas".(5)
Igualmente el músico que de manera indiscutible fue, porque hay en esta obra alusiones a la música que crea el hombre, sabiendo que sólo el oído en extremo sensible de un poeta, un músico aunque también me quedo pensando por conversaciones sostenidas en ciertos lugares con "gente silvestre", en fin, el finísimo oído humano cuando escucha en verdad puede captar deleitablemente desde aparentes "ruidos burdos o quizás insignificantes" hasta "ruidos o sonidos más poéticos y en concordancia con lo musical" entendido como tal, poniendo de relevancia cierto tipo de música que se componía en aquella época donde se tomaba como fuentes y motivos ruidos, y se transformaban en temas principales de algunos movimientos de conciertos, suites y sinfonías, a pesar de que ya esto lo habían hecho compositores como Beethoven, Schubert, Vivaldi y otros, estos más bien habían tomado sonidos producidos por la naturaleza "el agua al correr, el ruido de los truenos, el galope de un caballo, etc.- mientras que los compositores más recientes se inclinaban hacia ruidos producidos o bien por la mano del hombre o por su desarrollo socio-cultural -el ruido de una locomotora por ejemplo- sonidos más representativos de la música que se compondría en las primeras décadas del siglo XX desde Schoenberg, Alban Berg, Bela Bartok y muchos otros, hasta llegar a nuestros días donde, de una manera similar a la de aquellos tiempos, en la obra titulada "La tradición se rompe pero cuesta trabajo", Leo Brouwer hace romper un vaso en plena audición musical haciendo resaltar la contemporaneidad de sus composiciones.
Es muy de notar que el capítulo sexto sea en pequeña escala el anticipo del capítulo que se desarrolla en el Ospedale della Pietá de Concierto Barroco; lo único que esta vez sucede en una isla de las Antillas y no en Italia, donde aparece por primera vez la palabra guaracha representada en lugares donde debió tener mucha aceptación que le ayudó a surgir, popularizarse y enraizarse más fuertemente aún en su desarrollo hasta llegar a nuestros días. En este capítulo sexto están presentes las raíces de nuestra música "(...) los jóvenes descolgaron de la pared una guitarra incrustada de nácar, un salterio y un serpentón. Alguien dio cuerda al reloj que tocaba la Tirolesa de las Vacas y la Balada de los Lagos de Escocia".(6) Casi al final del capítulo, donde más aparecen las distintas formas musicales, irrumpe también lo que se trajeron los negros esclavos procedentes de África. "(...) Y como se estaba en carnavales, los del Cabildo Arará Tres Ojos levantaban un trueno de tambores tras de la pared medianera, en un patio sembrado de granadas".(7) Es por haberse referido el autor a la guaracha, que podemos tener una idea más cabal del tiempo histórico en que se desarrolla la novela del cual ofrece muy pocos datos al lector.
Para dejar de referirnos al aspecto musical les transcribo las últimas líneas del capítulo octavo: "(...) Cada trueno hacía temblar la caja de resonancia, poniendo todas las notas a cantar. Del cielo caían los rayos para construir aquella bóveda de calderones -órgano, pinar al viento, mandolina de grillos".(8) Esta última comparación extremadamente poética se podría interpretar de la siguiente manera: órgano, lo religioso, es decir Dios; pinar al viento, la pradera "piano" en su acepción italiana es decir suave, la Naturaleza; mandolina de grillos, lo lírico íntimo, individual, personal, es decir el amor tal y como lo conocemos los simples mortales.
Ya en la última parte del capítulo undécimo ocurre algo muy especial y que no se ha encontrado en otras obras de Carpentier: el posible autor de literatura infantil de alta calidad, a la manera de Antoine de St. Exupéry que pudo haber sido y que por razones quizás de tiempo no llegó a desarrollar. Véase esta forma de describir a los animales, inclusive llegando a darles un sentido adulto como es el caso del jubo. "(...) Ahí estaba la gansa gris con bolsa colgante entre las patas zambas; el gallo viejo del culo pelado; la lagartija que decía "urí, urá", sacándose del cuello una corbata rosada; el triste jubo, nacido en ciudad sin hembras; el ratón que tapiaba su agujero con una semilla de carey".(9) ¡Qué fina poesía descriptiva, qué narración tan estrictamente exacta!, necesaria para no caer en ese tonto lenguaje lleno de diminutivos que encontramos en la literatura infantil, aunque a sabiendas que estamos ante una obra para adultos pero así y todo se puede leer ese fragmento a un niño y quedará encantado y hasta le pedirá que le siga leyendo "ese hermoso cuento sin fin" que debía ser todo el período de vida desde la niñez hasta el final.
Otro aspecto digno de destacar en este relato se encuentra al final del capítulo duodécimo, porque Carpentier escribe en lo real maravilloso, para lo real maravilloso y desde lo real maravilloso, que no es lo mismo que el realismo mágico; sin embargo este final de capítulo per se es lo más parecido a la prosa de García Márquez en su novela más famosa, por ejemplo, obsérvese: "(...) Las aves volvieron al huevo en torbellino de plumas. Los peces cuajaron la hueva, dejando una nevada de escamas en el fondo del estanque. Las palmas doblaron las pencas, desapareciendo en la tierra como abanicos cerrados".(10) Analizando detenidamente la forma en que debía describirse todo este tipo de cosas que ocurrían parece que no queda otra forma que la utilizada por el autor y todo esto escrito en las décadas del 30-40, mucho antes que García Márquez escribiera la novela que lo hizo famoso, esto me hace pensar en lo siguiente: ¿hasta qué punto es Carpentier el padre literario de García Márquez?, lo que es igual a decir: ¿es lo real maravilloso lo que hace posible que surja el realismo mágico a la manera de García Márquez? Porque es muy cierto que la urdimbre realísima y profunda de lo real maravilloso es muy superior a cierta textura estilística del realismo mágico que parece cosa pegada a la pared y no la pared en sí misma.
Pero el tiempo, pero el tiempo, ese lento y rápido devenir de todo tanto se hace cumplir en la novela como en Ud. lector, por algo la negra vieja según la describe el autor "(...)con tacha de cimarrona y palomas debajo de la cama, que andaba por el patio murmurando: «¡Desconfía de los ríos, niña; desconfía de lo verde que corre!»"(11) recordando lo que tanto hemos oído decir: Nadie se baña en la misma agua dos veces, trae de momento el presente y aunque Ud. no lo crea, el verdadero final de la novela no se encuentra en ese final lineal del último capítulo. Volvamos al momento actual, el personaje, nosotros, el tiempo. Leamos y vivamos el final del capítulo tercero: "Era el amanecer. El reloj del comedor acaba de dar las seis de la tarde."(12)
Notas:
1.-Alejo Carpentier: "Viaje a la semilla" en Novelas y relatos. Instituto Cubano del Libro, La Habana, 1974, p. 338
2.-Alejo Carpentier en Entrevistas. Alejo Carpentier. Compilación, prólogo y notas de Virgilio López Lemus. Editorial Letras Cubanas, Ciudad de La Habana, Cuba, 1985, p. 471.
3.-Alejo Carpentier en Entrevistas. Alejo Carpentier. Compilación, prólogo y notas de Virgilio López Lemus. Editorial Letras Cubanas, Ciudad de La Habana, Cuba, 1985, p. 123.
4.-Leonardo Acosta en Música y épica en la novela de Alejo Carpentier. Editorial Letras Cubanas, Ciudad de La Habana, 1981, pp. 22-23.
5.-Alejo Carpentier: "Viaje a la semilla" en Novelas y relatos. Instituto Cubano del Libro. La Habana, 1974, p. 361. El subrayado es nuestro.
6.-Alejo Carpentier, op. cit. p. 369.
7.-Alejo Carpentier, op. cit p. 371.
8.-Alejo Carpentier, op. cit. p. 376.
9.-Alejo Carpentier, op. cit. p. 361.
10.-Alejo Carpentier, op. cit. p. 362.
11.-Alejo Carpentier, op. cit. p. 344.
12.-Alejo Carpentier, op. cit. p. 343.
3.-Sinfonía, sonata y novela: lo real maravilloso en "El Acoso".
A Digna Eulalia Telarroja Gómez y César Ferrer Delgado.
Sinfonía Eroica a due Violini, Alto, due Flauti, due Oboi, due Clarinetti, due Fagotti, tre Corni, due Clarini, Timpani e Basso composta per festeggiare il souvenire di un grand'Uomo e dedicata a Sua Alteza Serenissima il Principe di Lobkowitz, da Luigi van Beethoven, op. 55, No. III delle Sinfonie...(1) Precisamente esta sinfonía dedicada en un primer momento a Napoleón, cuando el compositor pensaba que él poseía ideas republicanas y después cambiada su dedicatoria cuando se hace proclamar Emperador, hace pensar que ya desde sus inicios la traición a Altos y Sublimes ideales flota en el ambiente porque igualmente sucederá con el personaje de El Acoso novela terminada de escribir el 20 de febrero de 1955 en Caracas y publicada en 1956 en la Argentina. Fue escrita en diez días, en el mismo momento en que también escribía Los pasos perdidos y El camino de Santiago.
La idea de la emancipación es la verdadera fundamentación en la cual descansa esta sinfonía y esto también puede influir en la casi extraordinaria forma de el finale. Normalmente cuando alguien compone un juego de variaciones, lo hace como un trabajo separado; esta es una forma muy libre y casi nunca ocurre en una sinfonía. Existe también el Passacaglia (el cual es también una clase de variación) en la Cuarta Sinfonía de Brahms, pero yo no puedo recordar un movimiento similar en ninguna de las conocidas sinfonías clásicas. En este notable trabajo la libertad de la forma refleja el tema subyacente en toda la obra como un espejo de la vida con todos sus cambios y mutaciones.(2)
Esa libertad formal para componer una sinfonía dedicada al espíritu de los hombres que han luchado, luchan y lucharán por la libertad durante su breve lapsus de tiempo sobre el planeta coincide en lo formal con lo que Carpentier hizo al pensar en la estructura en la que acotaría la escritura de su novela.
(...) Utilizando la forma rigurosa de sonata cual las auténticas, las originales, que eran de tres movimientos: un tiempo rápido, un tiempo lento y un tiempo rápido. Muchas veces el tiempo central de la sonata se compone de variaciones, es decir el músico muestra bajo distintos ángulos, aspectos, ritmos y tono, un mismo tema, lo transforma, le hace mutaciones. Entonces construí mi novela de esta manera: Tema C, el taquillero, abre. Tema A, la entrada del Acosado, que es monólogo del miedo, y allí hay ese capítulo sin puntuación que es expresión de un miedo atroz. Tema B, Estrella.(3)
La forma sonata comienza con una exposición donde se presentan los temas, le siguen las variaciones, una reexposición del tema del comienzo en la última parte y coda que no es más que una pequeña añadidura a la ya finalizada o casi finalizada obra. Ya como tema central de la novela -16 variaciones, según Carpentier- escrita de una forma novedosa, mármol esculpido lejos de la cantera como dijo Juan Marinello, considerada por Sartre su mejor novela. Mármol esculpido a cincelazos frente a una máquina de escribir, novela que no entra de plano dentro de lo real-maravilloso en cuanto al derroche verbal que utilizaba el autor para describir los grandes paisajes geográficos de la naturaleza americana y los acontecimientos históricos que allí han sucedido, novela desarrollada en la ciudad universalizando La Habana para llegar a ser cualquier ciudad del mundo. En 46 minutos -tiempo que según el musicólogo Carpentier debe durar la ejecución de la Sinfonía Eroica-, el personaje central del Ulysses de Joyce, el aparente arbitrario empleo del tiempo de ese mismo autor y de Proust, capítulos que recuerdan la técnica utilizada por Joyce en el célebre monólogo interior del Ulysses autor a quien tanto admiraba Carpentier (lo que ayudó a que se publicara en Cuba tempranamente el monólogo interior de esa novela y Retrato de un artista adolescente), conjuntamente con un hombre acosado y por lo tanto condenado a muerte deambulan por calles conocidas de todos nosotros, observan, analizan y se regodean "en su estar vivos" frente a una arquitectura que todos hemos contemplado y aunque en todo momento se puede sentir el sabor a La Habana, es también una ciudad que no requiere nombre, porque es cualquier ciudad. Carpentier en la época en que escribió esta novela estaba muy interesado en desprovincializar la literatura latinoamericana, las famosas novelas precedentes las consideraba demasiado nativistas y costumbristas, y sin lugar a dudas que esta gran preocupación de esa época hace que El Acoso lleve ese sello distintivo de logro, de perfección, obtenido sólo a costa de mucho meditar, preocuparse y por último lograr un resultado perfecto en cuanto al interés que puso en lo que por tanto tiempo le incumbió: que la novela latinoamericana tuviera ese trascender hacia lo universal.
Carpentier dice: "(...) Hay un malentendido muy corriente en lo que se refiere al significado de la palabra maravilloso. Usada unilateralmente se nos ha vuelto un sinónimo de bello, bellísimo, digno de admiración, etcétera. Y esto nos ha hecho olvidar que lo maravilloso es -en realidad-, lo insólito, lo singular, lo inhabitual, bello o feo, hermoso o terrible, jubiloso o lúgubre, dondequiera que se le halle".(4)
Considerando la verdadera acepción de la palabra maravilloso, El Acoso también forma parte del mundo de lo real-maravilloso pero en lo que tienen de feas, terribles, lúgubres, inhabituales las características psicológicas de los personajes todos sintiéndose perseguidos, vigilados, espiados, toda esta atmósfera logra demostrar la época dictatorial y de persecución en que se desarrolla El acoso durante el período en que Gerardo Machado se encontraba en el poder. Aunque al desarrollarse en una ciudad, no puede ofrecer la grandeza de ciertos escenarios alejados de ésta donde su verbosidad barroca alcanza quilates, regodeos, arcaísmos presentes casi solamente en esta obra en la descripción arquitectónica que hace en lo concerniente a la acepción común de bello, digno de admiración, etc. Lo más comparable a lo real maravilloso, ese mundo siempre presente en mucha mayor medida en sus otras novelas. Recuerdos de sus personajes masculinos que vivieron su niñez y adolescencia en pueblos de provincia, ciertos momentos en que la lluvia aparece y está presente como un personaje más, arrastrando la psiquis hacia regiones, vericuetos mentales de la antigua existencia sólo por ellos conocida puesto que sólo ellos la vivieron y de momentos traídos al presente por la pinza del escritor que cual psiquiatra-cirujano, los extrae y muestra para que los conozcamos: troncos que sirvieron de buzones para primeros amoríos, paseos al atardecer metiendo sus infantiles ojos en el mundo aún no vivido de los adultos y por tanto lleno de misterios y enigmas, de claves representadas por ciertas palabras, ciertas paseos a medias, la visión de una mujer desnuda, el candor de una mujer negra que todavía le presta un sitio de resguardo haciéndole el último favor, puesto que ella morirá en el momento que más le necesitaba -único momento en que aparece lo negro dentro de esta novela- y a causa de ello debe abandonar su refugio y de ahí en adelante será el saberse sin nadie, el esconder su rostro de los transeúntes, saltar tejados, entrar a una iglesia donde el cura le da la espalda y lo abandona -la novela de Dios en la obra carpenteriana-, entrar y salir urgente de la casa de otra mujer -Estrella, la prostituta-, quien se pasa todo el día quejándose:
(...) «Es una inquisición, es una inquisición, lo que se traen ahora.» Se erigía en única amenazada, víctima de persecuciones, víctima de una causa obscura, y había, en esa magnificación de los padecimientos, como un afán de compadecerse a sí misma por la humillación sufrida. «Ahora quieren saber hasta con quién una busca vida.»(5)
Ella que todas las Semanas Santas va de iglesia en iglesia, repartiendo limosnas, según nos narra el Autor, expiando su terrible pecado cual el mismo hombre que acaba de salir de sus sábanas calientes tiene también que expiar su terrible pecado: la delación, -monólogos llenos de angustia, esquizoides, pensamientos donde él abjura de su vida pasada-, y Carpentier suena el último aldabonazo; ofrece un después, implícito en el Libro de donde tomó la cita con la que se comienza el segundo capítulo: "Aunque encubras estas cosas en tu corazón, yo sé que de todas te has acordado". Y es tan así que desde el principio en que aparece el Acosado en el interior del Teatro Auditórium hasta su último minuto: en que cree por un segundo que sus perseguidores se han marchado con el público y leve, sutilmente alegre ¿un poco en paz? recibe los disparos que hacen pensar a los músicos en estruendos propios de truenos de la tormenta que se desencadenaba en ese momento, sobre el techo de aquel teatro donde un hombre trató de refugiarse, de evadir el acontecer de una época horrible o bella pero su época, no pudiendo escapar de la terrible trama a que el acontecer histórico, su escenario -El Mundo-, sus personajes: los Habitantes de este Planeta, donde desde el primero al último pasaron, pasan y pasarán por situaciones quizás semejantes, de quienes Carpentier ha sido sólo un estampador en letras de la terrible fugacidad del tiempo cual la sangre que se vierte por la herida, enorme cerebro para una enorme memoria ahora nos habló del año 1939, después nos habló de siglos anteriores a esta era y mañana ¿de qué nos hablarás?, ¿qué nueva razón filosófica encontraremos en tus musgosos escritos? Lienzos donde la vida solloza, la pesadumbre hace poner la mano en un barandal y a veces se confunde con la decepción y la melancolía y en otro tono canta el futuro donde otro cronista les narrará su acontecer.
Notas:
1.-Alejo Carpentier: "El Acoso" en Novelas y relatos. Instituto Cubano del Libro. La Habana, 1974, p. 177.
2.-Krips, Josef. Notes on the symphonies of Beethoven: A pictorial history of the composer's life and times, with comments by Josef Krips and excerpts from the diaries of Alexander Wheelock Thayer. Prepared especially for the Beethoven Festival Recordings made by The London Symphony Orchestra under Mr. Krips. Edited by Frederic V. Grunfeld. Published by Everest Records. s/f. Traducción de César Ferrer y el autor de este trabajo. El subrayado es nuestro.
3.-Alejo Carpentier en Entrevistas. Alejo Carpentier. Compilación, prólogo y notas de Virgilio López Lemus. Editorial Letras Cubanas, Ciudad de La Habana, Cuba, 1985, p. 385.
4.-Alejo Carpentier en Entrevistas. Alejo Carpentier. Compilación, prólogo y notas de Virgilio López Lemus. Editorial Letras Cubanas, Ciudad de La Habana, Cuba, 1985.
5.-Alejo Carpentier: "El Acoso" en Novelas y relatos. Instituto Cubano del Libro. La Habana, 1974, p. 194.
4.-La aventura del tiempo en cuatro capítulos.
Desde la Edad Oscura nos llega una antigua leyenda en la que se basa Carpentier para escribir uno de los relatos aparecidos en su libro Guerra del tiempo. Un verso de la Ilíada da pie a su título «Y caminaba, semejante a la noche», esta última frase es la clave que durante los cuatro capítulos del breve relato nos hará reflexionar sobre la tremenda dimensión "la magnanimidad de mi pensamiento"(1) diría el personaje. Este protagonista anónimo encarna al guerrero, tanto al antiguo guerrero acaieno, como al guerrero español o francés para llegar hasta a la última gran guerra mundial: el guerrero americano que el próximo día parte porque "(...) por última vez, una espada había sido arrojada sobre los mapas de Occidente. Pero ahora acabaríamos para siempre con la nueva Orden Teutónica"(2) una clara alusión al nazismo. En este jugar con el tiempo, no por simple arbitrariedad, por primera vez se invierte el recorrido geográfico, siempre fue de Europa hacia América y ahora el guerrero recorre el camino a la inversa.
Esto sucede en el tercer capítulo, quizás el más difícil de comprender para el lector, porque comienza desarrollándose en Francia. De momento se abre una puerta y de aquel siglo el personaje aparece en la azotea de un rascacielos desde donde mira y no puede distinguir a las personas en "(...) el confuso hormigueo de cabezas y sombreros"(3) haciendo referencia a una ciudad americana.
Capítulo tremebundo, pero mucho más que cualquiera de los otros tres que conforman esta pequeña obra -pequeña en extensión- mas; grande en el propósito que abarca.
El autor debido a su vasta erudición y a su "ya fijo y declarado propósito" tiene in mentis su obra, sabe lo que se trae entre manos, sabe lo que algún día desarrollará, sólo falta esperar el tiempo en que podrá hacerlo, bebedor en los mejores ríos de la cultura universal y hastiado ya de una Europa donde todo está hecho, donde los surrealistas tratan de inventar -mecánicamente hablando- lo que en América es posible palpar, encontrar, tan de carne y hueso como Ud. o como yo. El autor como sus personajes decide retornar a nuestro Continente quemando de alguna forma las naves. El lector sagaz podía ya haber adivinado cuando faltaban muchas de sus obras por escribir las "ocultas intenciones" en cuanto a los temas que serían predilectos para sus futuras obras.
La primera aparición de Semejante a la noche fue en la revista Orígenes (La Habana, número 31, 1952) y después se incluyó en Guerra del tiempo (México, 1958). Con una paciencia propia de un restaurador no sólo en este caso de obras de arte, sino de "tiempo histórico", el narrador nos hace entrar en un mundo anterior a nuestra era lleno de pequeños detalles, de minuciosidades extraídas en ese primer capítulo del que fuera su libro de cabecera junto con El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, la Ilíada; todo el mundo helénico sale a relucir tanto en sus detalles internos -su psicología, su filosofía- hasta el "aburrimiento pastoril", recreando todo aquel mundo griego descrito en un idioma lleno de arcaizantes palabras que le dan un sabor a cosa añeja, antigua, que cualquiera podría pensar que es una traducción hecha por un escritor que utilizando el más arcaico, y por lo tanto hermoso castellano, hubiese escrito ese relato en la España anterior a la conquista de América.
Con precisión de historiador, cosa que puede apreciarse a través de los cuatro capítulos de la obra, él nos ofrece pequeños datos, a la vez que nos escamotea otros, convirtiéndose él mismo en un pícaro que nos quiere narrar un cuento y a la vez no nos lo narra, en un ofrecer y no dar que convierte al lector en un cómplice de su intención y lo obliga a hurgar, a filosofar, a preguntarse cómo sería él si fuera ese joven guerrero, a preguntarse por ejemplo: la palabra tejoleta ¿qué querrá decir? o la palabra sacabuche; pero no es solamente en el lenguaje donde este señor nos deja entrever su picaresca escritura es sobre todo en el aparente despiste desde el punto de vista de situación histórica y por lo tanto temporal que cada capítulo representa.
Si ya Ud. está situado en la Antigua Grecia en el primer capítulo, lo más lógico sería pensar que como en el segundo comienza también la narración hablándonos de naves que están próximas a partir, el lector incauto podría caer en la trampa preparada por el autor; pero por los nombres españoles de las naves y algunas alusiones musicales que hacen pensar en algarabías más propias de otras razas que de blancos europeos, ya comenzamos a sospechar que "algo anda mal" en este segundo capítulo y efectivamente nos damos cuenta que es en la España que ha realizado ya el descubrimiento de América y se encuentra en su fase de colonización y que a su vez ya recibe incipientes formas de influencia de ésta, donde ese mismo personaje está situado y siempre rodeado por la atmósfera de la marinería.
Carpentier recuerda un poco al escritor de novelas detectivescas: se sabe que ha ocurrido un crimen y que alguien es el autor pero ¿quién es? y antes o después mediante falsas pistas se llega a desvirtuar al lector de una manera tal que cuando menos lo espera ocurre el gran asombro: de quien nunca sospechó ese es el que ha cometido el crimen. En ningún capítulo como en el tercero se pone esto en evidencia: se está desarrollando históricamente en Francia, una Francia que sin lugar a dudas Carpentier admiró, sobre todo a sus filósofos, después de una breve discusión con su enamorada justamente la noche antes de su partida para la Gran Empresa, el joven guerrero se siente incomprendido, comienza a rezongar contra la pusilanimidad de las mujeres, su incapacidad para comprender al hombre capaz de cometer actos de heroísmo que en él se encerraba, capítulo de un mayor refinamiento filosófico en contraste con el capítulo segundo (el desarrollado en España), donde el pensamiento tanto del personaje, como del entorno es mucho más burdo y mucho más religioso, el gran proceso de evangelización -no más que recordar a Hatuey, quemado vivo y sin querer besar la cruz de los colonizadores- lo que sin lugar a dudas nos demuestra que este tercer capítulo se desarrolla algunos siglos después del segundo, cuando ya Montaigne ha escrito sus Ensayos y de una manera muy sutil Carpentier comienza a aproximarnos a nuestro tiempo, este en alguna medida "capítulo francés" es el que más se va acercando a nuestra época en ideas, ya comienzan a gestarse nuevas concepciones que sin lugar a dudas tendrán fuerte repercusión en América, dejándose entrever lo que serían los tiempos futuros, empezando por el área de influencia gala y terminando después en todo el Continente. ¿Por qué este acercarse a nuestra época? En medio de todo este acontecer histórico el joven guerrero al sentirse rechazado por su enamorada en el justo momento en que esperaba de ella un poco de ternura, una hermosa despedida digna de ser recordada durante su largo tiempo sin verla suenan fuertes aldabonazos (los mismos aldabonazos que reaparecerán en El Siglo de las Luces) y él decide escapar ante la inminente llegada del padre. Este es el ardid de que Carpentier se vale porque que si nos ha ido trayendo muy sutilmente a nuestra época, de manera tal ya están comenzando -por primera vez en su obra- a sentirse aldabonazos que algún día estremecerán cierta casa habanera y a su vez toda la Historia -luego han de continuar reapareciendo a lo largo de su vasta obra literaria- justamente por influencia de los filósofos franceses y todavía durante unas líneas estamos en aquella época y es donde el autor no muy claramente al principio y con mucho de suposición, de desconcierto por nuestra parte el Gran Pícaro Literario, el autor de novelas detectivescas que nunca escribió nos da el golpetazo que nos deja atónitos: el personaje acaba de hacer su irrupción en pleno siglo XX, en un momento crucial en la historia de nuestro siglo. En realidad el tercer capítulo podía haber terminado con ese precipitado acto de escape sólo la magia -el taumaturgo que él era- conjuntamente con la poderosa técnica que poseía, le hace insertar un nuevo capítulo dentro del ya existente, recordando aquellas pequeñas novelas dentro de otra gran novela como sucede a menudo en El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, logrando ensamblar en un mismo capítulo e inclusive con escasos recursos dos hechos históricos ocurridos en siglos diferentes. ¿Por qué dos capítulos en uno? Más adelante sabremos por qué. Pero este es el momento en que el escritor de novelas detectivescas nos dice: ese es el que ha cometido el crimen y todos quedamos sorprendidos, tan sorprendidos como siguiendo el mismo estilo utilizado en ese capítulo y salvo rarísimas palabras -más bien propias del desarrollo tecnológico- nos damos cuenta que estamos compartiendo con el personaje el hecho, la gran aventura de encontrarnos en nuestro propio siglo. Es este el Gran Momento dentro de la literatura carpenteriana, sobre todo en las primeras obras escritas por él, mucho más que los acaecidos en otras obras suyas más conocidas; pero donde esta sucesión histórico-estilística no ocurre demostrando que aquel Carpentier joven aún ya era un escritor maduro y capaz de producir obras maestras, como sin lugar a dudas lo es este pequeño relato; un escritor definido, ya hecho, que sólo necesitaba cual guerrero del tiempo ejercitar sus armas.
Pero bien ¿por qué dos capítulos en uno? Además de ser una prueba de fuego para un escritor, es sabido el musicólogo que habita siempre en Carpentier, esa obsesión por basar sus obras literarias en alguna forma musical conocida. En realidad la obra debía constar de cinco capítulos -ese fragmento del tercer capítulo que se desarrolla en nuestro siglo debía ser el cuarto capítulo y el que conocemos por cuarto debió ser el quinto- pero Carpentier no puede terminar su obra con un quinto capítulo porque entonces no podría realizar su gran obsesión: dar a cada obra suya una forma musical determinada.
(...) La unión de dos capítulos en uno tiende a reforzar la idea expresada por Leonardo Acosta en cuanto a que la forma utilizada para este relato es el rondó, ya que la misma puede ejemplificarse como A-B-C-A donde A sería el primer capítulo, B el segundo, C, el tercero -de ahí la unión de dos capítulos en uno- y por último de nuevo el recurrente primer capítulo, o sea A. Leonardo Acosta ofreciendo gala de una exquisita sensibilidad llega a observar que cuatro capítulos resultan en sí un tema con tres variaciones, y al final de cada variación se nos recuerda el tema inicial mediante dos motivos clave: uno, el sonido de "las caracolas de los vigías" o el "bramido de las reses"; otro, el trasiego de vino, aceite, y sobre todo del trigo "El trigo seguía entrando en las naves...", o "en la playa, seguía embarcándose el trigo..." al ser la forma rondó que según nos recuerda el propio Acosta no es necesariamente ni "abierta" ni "cerrada", porque si siempre retorna al punto de partida siempre permite un episodio más, una variación más.(4)
Ya no queda la menor duda del por qué la obra no apareció escrita en cinco capítulos. Sin embargo este hecho de no querer aparecer ese quinto capítulo, logra la magistralidad de insertar de una manera brillante y sin que casi nos demos cuenta, ese otro capítulo, dándole mayor fuerza, creatividad, deslumbramiento a un capítulo ya acabado.
En el cuarto capítulo -sobre todo al principio- vuelve la perplejidad, el personaje reaparece en el mismo entorno histórico-geográfico del primer capítulo, acaba de llegar a su casa después de unas horas pasadas con una amante y encuentra en su lecho a su prometida -la misma del capítulo tercero desarrollado en Francia- pero ofreciéndole su virginidad -esa gran entrega que las mujeres suelen hacer ante el guerrero que parte y no saben si volverá con vida de la guerra- a aquel joven guerrero acaieno que ya en la mañana de su partida comienza a quejarse de no poder llevar los mismos atavíos de "(...) quienes podían encargar sus equipos de guerra a los artesanos de gran estilo y que, por cierto viajaban en la nave más velera y de mayor eslora"(5) demostrándonos su humilde condición social, preguntándose quizás si todo aquello -el rescate de Elena de Esparta- no sería más que propaganda de guerra alentada por los que sí se beneficiarían de ella tratando de vender más alfarería, abriendo nuevos caminos y acabando de una vez por siempre con la competencia troyana.
Sea cuales fueren las verdaderas causas de esta guerra y de que él, un joven acaieno de larga cabellera, -viril costumbre de la época- se encontrara en ese momento en una de las naves enviadas por Agamenón; su filosofar, pesimista ya en ese momento, escudriñador de intereses quizá de otra índole bien distinta a los tan elevados propósitos con que él se había embarcado demuestran que detrás de cada guerra se esconde siempre un sentimiento de rapiña, que se ha demostrado a través de las guerras ocurridas desde hace siglos hasta las más recientes. Y que esa caracola que sólo anunciaba grandes acontecimientos ha seguido sonando durante muchos siglos embarcando a jóvenes guerreros, acaienos o no, hacia empresas que en la mayoría de los casos no han reportado a ellos nada en lo personal; pero sí han modificado en muchas ocasiones el ritmo y el rumbo de la Historia.
Notas:
1.-Alejo Carpentier: "Semejante a la noche" en Novelas y relatos. Instituto Cubano del Libro. L a Habana, 1974, p, 400.
2.-Op. cit. p. 339.
3.-Op. cit. p. 378.
4.-Leonardo Acosta en Música y épica en la novela de Alejo Carpentier. Editorial Letras Cubanas, Ciudad de La Habana, 1981, p. 22.
5.-Alejo Carpentier: "Semejante a la noche" en Novelas y relatos. Instituto Cubano del Libro. La Habana, 1974, p.. 338.
5.-Una "cuasi furtiva y externa mirada" a los tres primeros capítulos de los pasos perdidos.
?Al cabo de los años, luego de haber perdido la juventud en la empresa, regresarían a sus países con la mirada vacía, los arrestos quebrados, sin ánimo para emprender la única tarea que me pareciera oportuna en el medio que ahora me iba revelando lentamente la índole de sus valores: la tarea de Adán poniendo nombre a las cosas. Yo percibía esta noche, al mirarlos, cuánto daño me hiciera un temprano desarraigo de este medio que había sido el mío hasta la adolescencia; cuánto había contribuido a desorientarme el fácil encandilamiento de los hombres de mi generación, llevados por teorías a los mismos laberintos intelectuales, para hacerse devorar por los mismos Minotauros. Ciertas ideas me cansaban ahora, de tanto haberlas llevado y sentía un obscuro deseo de decir algo que no fuera lo cotidianamente dicho aquí, allá, por cuantos se consideraban ?al tanto? de las cosas que serían negadas, aborrecidas, dentro de quince años?.(1)
Quien así se expresa es el Personaje, alguien cuyo nombre jamás conoceremos para que pueda representar a miles o millones según ha de transcurrir el tiempo de intelectuales (entiéndase por esto músicos, filósofos, científicos, pintores, antropólogos, etc.) y por supuesto escritores y poetas; o esa, fusión que comenzó a ocurrir en una década temprana del siglo pasado que podríamos llamar escritores-poetas, ya que la prosa se va haciendo exquisitamente poética según fue avanzando el tiempo en ese siglo. Conjuntamente con las numerosas corrientes artísticas que se sucedían, a veces vertiginosamente, se encontraba también como impedimento en la madurez espiritual de los intelectuales el casi siempre forzoso exilio; a veces por razones económicas, políticas o culturales, principalmente en esta última donde más se manifestaba la lucha debido a las tantas corrientes artísticas que continuamente surgían. Sobre todo para poder llegar a esa cumbre que representó en aquel momento La Ciudad Luz.
Duélese muchas veces este personaje de ese desarraigo, él reencuentra la tierra de su infancia por una simple casualidad, debido a un viaje que tiene que hacer por un encargo que le han encomendado de ir a cierto país donde internándose en lo más profundo de la Selva quizás pueda encontrar ciertos instrumentos musicales primitivos. El Curador había delegado en él, por sus estudios musicológicos ni más ni menos, que era enviado por el Museo Organográfico perteneciente a cierta venerable universidad radicada en la gran metrópoli donde vivía. Se refleja en su pensamiento lo propio de todo aquel que vive en una inmensa ciudad, el anonimato, de tan gran manera que él llega a definirse como el Hombre-ninguno con una vida metódica, rutinaria en forma tal que puede llegar a anular o dañar el intelecto humano.
En estos primeros capítulos, a quien haya sido buen lector de Carpentier la novela proyectada de momento sobre él le resultará un poco: ?pedrada irónica lanzada sobre su mente?. Ciertos desconciertos, ciertos camuflajes que mucho después comenzarán a dejar de serlo para ofrecerse en todo lo que de verdad llevan pero en ese momento cumplen el rol que el autor ha querido darles y les utiliza como una ?trampa? obligando al lector a escrutar en su intelecto, en su memoria, en su mucha o escasa cultura (conocimientos históricos, musicales, literarios, filosóficos).
En este Personaje, como quizás en ningún otro, hay muchos detalles y rasgos autobiográficos. Cuando se está leyendo la novela se siente pese a alguna leve duda: ¿será el personaje el que habla, medita, filosofa o es el propio Carpentier? y esa duda continuará a lo largo de los primeros capítulos. Se llega a percibir como si el pícaro Carpentier te estuviera diciendo ¿no sientes que soy yo el que habla?, ¿no te das cuenta que no es sólo el Personaje el que lo hace? Hay una fusión entre el Personaje-Autor que es realmente muy interesante aunque te puedes decir: muy bien todos los personajes tienen que expresar algo, pensar, etc. en todas las novelas porque de no ser así no existirían como tales. Sin embargo hay una coincidencia que más da lugar a que se piense esto. El autor que ya ha escrito algunos relatos de muy buena factura e inclusive novelas como lo es El reino de este mundo (1949) y otras más, comprendidas estas en el período que abarca desde 1944 a 1956, al que también pertenece Los pasos perdidos (1953) donde en la primera de ellas en su prólogo Carpentier hace una declaración comparando el surrealismo con lo que es lo real maravilloso convirtiéndose éste en un quehacer literario que hará suyo hasta el final de su vida.
En ese momento se encontraba viviendo en Venezuela desde el año 1945, país adonde llegó invitado a trabajar en una emisora de radio y donde también hizo periodismo. Resultado de un viaje al Alto Orinoco (lo hizo primero en avión a muy baja altura) y después al igual que su Personaje por carretera y ríos. Queda deslumbrado con lo que observa, allí está el Génesis, nuestro Popol-Vuh y otras antiguas leyendas narradas por boca de los aborígenes haciéndose llegar hasta el tiempo actual. Esto es tan así que al acercarnos a ese mundo comenzamos a pasar de lo que algunos llamamos civilización a etapas anteriores y más antiguas y mucho más hasta creer llegar a lo que podría ser el primer elemento de la vida sobre nuestro continente y si lo generalizamos más a todo el planeta. En esta novela se muestra un Carpentier poeta como solamente había encontrado en algunos pasajes de Viaje a la semilla (1944), pero decididamente es otra la poesía, más sutil e interna, más cierta y verdadera. Desde la óptica de un poeta podíamos decir que del año 1944 al 1953 su poesía se había hecho mucho más densa y exquisita si lo considerásemos un poeta y no un novelista. Esta forma de poetizar nos dejaría más a gusto porque en la primera o séase Viaje a la semilla era más externa, señalativa de rasgos, aunque muy fina poesía también. Pero ahora hemos de compartir versos, disculpen, es prosa, una exquisita poesía.
En la novela aparecen el Personaje y tres mujeres que siempre estarán en el centro de su interés. El nombre de la primera en aparecer es Ruth, una actriz que no ha llegado a desarrollar todo lo que hubiera podido en su carrera por lo que se aviene muy bien a esa presentación que el Autor está haciendo de sus personajes. Comienza la novela con una gran descripción en la cual sólo por un pequeño detalle nos damos cuenta que se refiere al escenario de un teatro donde justamente Ruth actúa desde hace años en la misma obra teatral, razón por la que siente que no ha podido llegar a realizar los grandes papeles que como actriz sueña con llevar a las tablas, alguien más junto al Personaje que se debate en la rutina para poder sobrevivir económicamente. Ella es su esposa, debido a todo esto y queriendo hacer más notoria la mediocridad de sus vidas, sin más, a secas, él le hace el amor los domingos en la mañana. New York es la ciudad donde todo esto acontece.
Sin embargo la segunda mujer que Carpentier nos presenta es Mouche de origen francés, amante del Personaje, ella se dedica a la Astrología y con sus amistades nos pretende dar a conocer cierto tipo de artistas que se mueven en un mundo muy cercano a la pseudo intelectualidad. También radica en New York y es quien le acompañará cuando su verdadera esposa se encuentre de gira con su grupo teatral, él comience sus vacaciones y al mismo tiempo se le encomiende a ir en busca de ciertos instrumentos musicales aborígenes.
La otra mujer es Rosario, desde la forma en que a ella la van haciendo aparecer en la novela: enigmática, entre brumas, alguien al borde de una carretera en una alta montaña, sin conocimiento, razón por la que el rústico transporte en el que ellos viajan se detiene, logran revivirla, la hacen subir y llega hasta el mismo lugar a donde ellos viajan. Llevaba un libro que después comienza a leer, motivo para hacer comparaciones entre las cultas lecturas a las que él se dedicaba y aquello en lo que ella se entusiasmaba leyendo. Posibilidad de analizarla físicamente corroborando que hay tres razas que coinciden en ella. También a su debido tiempo el Personaje habrá de comprender que es la mujer hecha por la vida en una naturaleza ruda y responde a eso pero sin perder su condición de mujer. Él comienza a compararla con Mouche en una contraposición mujer de ciudad - mujer de vida tal que ha tenido que pasar tanto por diferentísimos cambios geográficos como avatares pueda tener la vida, saliendo airosa de cada golpe porque ese mismo medio natural que la rodea le regala y ella asimila la fuerza y a la vez la dulzura y feminidad que la naturaleza pródiga por la que vive rodeada suministra a su equilibrio psíquico - biológico. Ella es la representación de la mujer de nuestra América, la que todos hemos anhelado, soñado y en la que buscamos conscientes o inconscientes esa hondura de espíritu que su medio le hace poseer.
Es con su cercanía con la que el Personaje comienza a adentrarse no ya en la Sabana (lo ha hecho con Mouche) si no en la antesala de la selva y en la Selva misma. Aquí comienzan a aparecer una serie de personajes a cual más interesante y más en conciliación con un mundo natural que por mucho que pretendamos imaginar y creer que en algo conocemos, no es así. La Selva se ofrece a la vista pero no la puerta por donde entrar a ella únicamente debido a un gran conocimiento, a un tú a tú con sus enigmas y su substancial universo es por donde pueden irse conociendo esos lugares permitiéndole debido a ese conocimiento su entrada al Hombre. Aquí se muestra tanto lo deslumbrante de su naturaleza, de su mundo primigenio intacto no hollado casi por los pies humanos que lo real maravilloso se hace realidad y el barroquismo de su mundo encuentra su paralelismo en el barroco literario, Carpentier demuestra que el lenguaje en que debe ser cantada, narrada, no puede ser otro más que ese.
Notas:
1.-Alejo Carpentier: Los pasos perdidos, La Habana, Ediciones Huracán, 1974. p. 92.
6.-Breve ensayo después de "una mirada profunda" al tercer capítulo de los pasos perdidos o el de profundis del hombre del siglo XX.
será el tiempo en que tome camino,
en que desate su rostro y hable y vomite
lo que tragó y suelte su sobrecarga.
El libro de Chilam-Balam
El Personaje y su amante (Mouche) -ya que su esposa había quedado muy lejos, donde Ruth se dedicaba desde hacía cinco años a representar el mismo papel en una obra de teatro en la gran ciudad de donde provenían- casi al amanecer toman un autobús que tras un largo recorrido les ha de llevar a los altos picachos, siempre coronados, de nieve de nuestra América.
Kilómetro a kilómetro en su ascenso, el que haya leído esta novela habrá sentido el disfrute sobre todo para los que no vivimos en países donde abundan las altas montañas y el extraño goce de ascender a tan altas cimas que los precipicios, el aire frío, la niebla impidiendo ver y por supuesto la escasez de oxígeno propia de estas regiones, han de hacerle sentir al que haya tenido por camino hacia las alturas una travesía semejante. Paisaje descrito con una minuciosa preciosidad en tanto que cada piedra, laja, escasez de árboles y abismos, era querido llevar en medio de aquella abrupta desolación mayor mientras más se ascendía en un paralelismo hacia lo humano, que por contradicción hacía que el hombre sintiera que él no nació para vivir a tan grande altura y a su vez sintiese nostalgia de paisajes que debido a la no altitud de lugares donde acostumbraba residir, el propio narrador utilizaba para demostrar en la cima de aquellas cordilleras lo que el hombre sentía en su sima interna, todo pequeñez y aridez espiritual donde sólo se veían cráteres de volcanes extintos y nieve convertida en hielo, donde el mismo acto de la respiración se tornaba doloroso comparable a cuchilladas infringidas por algún dios de rostro desconocido para el hombre.
Algo después comienza el descenso y ?lo viviente humano? experimenta que disminuye el extraño sentir que ha estado padeciendo, la casi angustia que un paisaje desconocido acaba de provocarle normalizándose debido a de lo que se va alejando y dejando cada vez más arriba: las nubes que hacía poco tenía bajo sus pies y el lento reaparecer de una vegetación con la que sus ojos han jugueteado y disfrutado de una manera mucho más familiar, así también junto al continuo peligro comienzan a decrecer. Este descenso de las cumbres extremas también nos hará ponernos en contacto con altitudes medias donde su geografía y la aparición de ?(?) pequeños poblados o aldeas de casas calizas adosadas a la cordillera?(1) nos traerán la forma efectiva del poder conocer otras maneras de vivir y el asombrarnos también de que tanto se parezcan a las nuestras de hoy en día. Cierto en gran manera parece ser que el hombre rodeado de la naturaleza sea esta cual fuere y hasta en altitudes medias y no medias es siempre el mismo ¡oh hermano que estás a tantos kilómetros! y en altitudes donde nunca hemos estado; por algo hemos sentido que aquí tienes tu semejante, tu semejante y viceversa sin lugar a dudas que esto es clave importante de la novela y uno de los motivos que ya en este capítulo nos la hace tan interesante adentrándonos mucho más en la hermosa humanidad del hombre americano y sus entornos.
Muy de esta manera aquel antiguo y esforzado medio de transporte montañés hubo de llegar ya anocheciendo a uno de esos ?pequeños poblados o aldeas? que
de tanto en tanto (al igual que en ciertas ocasiones pequeñas antiguas ciudades) se irían encontrando por el camino utilizándoseles para descansar y alimentarse. Ya durante el desplazamiento el Personaje ha ido conociendo a una mujer en la que admira la coincidencia de varias razas: ?(?) india por el pelo y los pómulos, mediterránea por la frente y la nariz, negra por la sólida redondez de los hombros y una peculiar anchura de la cadera(2) cual nos la describe el Autor. Sabemos por esos confluentes y obscuros laberintos que nos unen que en esa mujer por su físico, su idiosincrasia ¿en formación o ya sólida? de manera tal que su modo de reaccionar ante los sucesos cotidianos hará de ella tierra fértil donde se ha de fecundar y por lo tanto propagar esa raza que hoy puebla este Continente. Ese hombre-personaje también ha sentido esa sacudida poco a poco aún de una manera lejana casi sin comenzar a conocerla; pero saboreándose anticipadamente ya un fecundo conocimiento corporal y espiritual que ha hecho crecer de manera vigorosa la raza continental y antillana de la que formamos parte.
Rosario se retira a descansar después de haberse alimentado, tiempo en que le ha explicado el motivo de su viaje, razón por la que el Personaje conoce que un buen tramo del camino han de permanecer juntos. Después queda en el comedor solo, motivo para disfrutar de la noche; debido a sus recientes vivencias, su sentir comienza a salir de un largo ?amodorramiento? que se produce cuando no se ha vivido recientemente a todo el gusto con que se ha deseado, sea por situaciones de escaso interés amoroso, económico o de diversa índole. Es entonces que se da cuenta de la música que, proveniente de un radio, se ha estado escuchando en aquel lugar, se dirige a apagarlo pero la obra que en ese momento se está ejecutando hace que le preste oídos y decide sin muy darse cuenta no apagar esa irrupción súbita de un algo que procede del intelecto humano -y que gracias a las ondas radiales él va a poder disfrutar pese a encontrarse en un lugar tan apartado- perteneciente a uno de los máximos representantes no solamente de lo que es posible que se logre en y mediante lo intelectual humano, diríase mejor lo que su obra total puede hacer por el entendimiento humano, nacidos en el mismo continente europeo lo mismo el que compuso la música que el poeta que hubo de escribir la Oda a la Alegría, utilizada en el último movimiento de la Sinfonía para que la humanidad recordase por qué años después Antoine de Saint - Exupéry en su obra El pequeño príncipe conocida también como El Principito(3) daría el oficio de farolero a uno de sus personajes (el encargado de mantener a la humanidad espiritual e intelectualmente iluminada) estén ocurriendo sucesos demasiado obscuros y tormentosos o aunque así no fuere, la humanidad no puede vivir sin ese personaje que para resaltarlo y hacerlo más importante ante nuestros ojos le hace apagar y encender el farol en el más pequeño de todos los planetas, donde para colmo no había casas ni habitantes, solamente un farol y su farolero en tan reducido territorio, teniendo que hacerlo debido a eso tan continuamente que alguno llegase a pensar que es absurdo lo que hace por lo que Saint - Exupéry dice: ?(?) Puede ser que este hombre sea absurdo. Sin embargo, es menos absurdo que el rey, que el vanidoso, que el bebedor y que el hombre de negocios.?(4) Siendo tal la importancia de esto para la humanidad que el pequeño ?obrero de la luz espiritual? se hace imprescindible para el desarrollo de la vida tanto individual como colectiva, aunque en ningún momento se especifique qué ?tipo de luz? es la que proyecta desde su farol, no queda la menor duda a qué clase de hombres ejemplariza el autor francés como ?faros de luz espiritual? para la humanidad mediante ese personaje.
El Personaje no llega a abandonar el lugar y mucho menos con urgencia (casi como el que saliera a huir) cosa que ya había hecho anteriormente en algún teatro de la gran ciudad donde vivía, porque al parecer esta obra la Novena Sinfonía de Beethoven, le ampliaba en su sentir e intelecto un trauma psíquico y filosófico muy grande: demasiado valores culturales, humanos, tirados por la borda como si no representasen nada, como si no valiesen un centavo. Recordar el suicidio de Stefan Zweig, recordar el hundimiento de una cultura con sus mejores representantes muertos, condenados a campos de concentración o al exilio, como les sucedió a Einstein y Freud por solo mencionar a dos de ellos.
Todo esto le traía al Personaje demasiados recuerdos de una guerra mundial recién finalizada, lo que llevó a que esa guerra sucediera y por lo tanto a que ocurrieran en él muy grandes crisis, por lo que en ocasiones anteriores había desaparecido con mucha urgencia de el lugar donde se estuviese ejecutando esta Sinfonía. Quizás el encontrarse ante un nuevo paisaje étnico, cultural, geográfico, el haberse propuesto una misión en la que en verdad tenía que haber mucho de riesgo y el redescubrimiento de una nueva sensibilidad a causa de poder escuchar las palabras del idioma de su infancia: el castellano. Este idioma había sido su primera lengua aprendida debido a su nacimiento y al haber pasado su infancia hasta muy cercana la adolescencia en la ciudad de La Habana.
Para el lector que se ha leído los dos capítulos anteriores debe añadir a todo esto que en la vida del Personaje algo ha comenzado a cambiar, puede que sea la
nueva mujer que casi comienza a conocer o que artista él (músico es su oficio) en esa plena noche en un extenso territorio completamente desconocido y ante el embrujo de todo el sortilegio que la tierra, el clima y la totalidad de la naturaleza americana al aunarse habían comenzado a lograr que alguien nacido en América, pero que habiendo vivido en Europa y que por tanto tenía las desgarraduras que ?lo europeo?, de algún modo le había acarreado a Europa y al mundo entero aunque más bien era la fría indiferencia con que muchos en ese continente permitieron que comenzase lo fatídico, a lo cual no puede llegar a llamarse génesis porque era la continuación de cosas muy malas que siempre ha habido en el hombre; pero que por una suma de coincidencias hacían posible que un alguien monstruoso iniciase la repetición que debía venir no sé sabe de qué preciso momento del pasado, de quién o quiénes en una antigüedad desconocida fueron sembrando el poco a poco que llegase a formar en ese siglo XX algo muy fatídico en extremo que tanto horror había de traer al mundo occidental. Todo eso él lo había visto y sentido escuchando la Novena, podía recordar los primeros valores morales que su padre músico también le había ido enseñando en momentos en que se daba a la tarea de dirigir una hipotética orquesta sinfónica sobre todo cuando escuchaba esta sinfonía. La misma música que su madre solía tocar al piano: ?(?) el tercer movimiento adagio y su admirable frase tan honda dentro del pudor de su lirismo.(5) A la que luego seguía esa Oda del cuarto movimiento que cantaban también los victimarios llegando a crearle más confusión y enojo al Personaje, de manera que el Autor para que comprendamos mejor lo que sucede en su mundo psíquico nos hace saber lo siguiente:
?(?) sin hablar de las muertes peores, logradas en frío, por manos enguantadas en caucho, en la blancura aséptica, neta, luminosa, de las cámaras de operaciones. A dos pasos de aquí, una humanidad sensible y cultivada ?sin hacer caso del humo abyecto de ciertas chimeneas, por las que habían brotado, un poco antes, plegarias aulladas en yiddish ?seguía coleccionando sellos, estudiando las glorias de la raza. Tocando pequeñas músicas nocturnas de Mozart, leyendo La Sirenita de Andersen a los niños. Esto otro también era nuevo, siniestramente moderno, pavorosamente inédito?.(6)
Carpentier en su propio deslumbramiento americano lo hace compartir con el Personaje todo lo que se puede reflexionar sobre Europa, heridas y muertes, vidas llevadas al horror, destrucciones, se hacen recuerdo en medio de la negra noche americana y su belleza. A casi un paso de la Selva el hombre-Personaje, americano en su niñez y europeo en su adultez, es puesto allí por un escritor genial que siente que ese es el gran escenario donde su personaje debe reflexionar y meditar, en ese momento vuelve a escuchar la Sinfonía, creemos que pese a todo lo que a él le ha ocurrido puede que llegue a suceder el casi milagro de que no salga a huir ante la música de la Novena Sinfonía y que también entone algún fragmento de la Oda a la Alegría, algo que le recuerde que el mundo alguna vez fue su mundo, que la vida alguna vez fue su vida y esto le hiciese cantar:
¡Alegría! El más bello fulgor divino, hija del Elíseo. Ebrios de tu fuego penetramos, ¡oh, Celestial!, en tu santuario? Todos los hombres serán hermanos donde se cierne tu vuelo suave.(7)
Pero esto pese a todo no sucede, lleno de una gran inconformidad con los sucesos acaecidos en el Mundo que le ha tocado conocer y por tanto la repercusión en su vivir, el Personaje decide apagar el radio porque siente que la Novena y sobre todo la Oda a la Alegría no han cumplido para la humanidad la mesiánica profecía de la hermandad del Hombre, algo de lo que no puede culparse ni a Beethoven ni a Schiller. Él continuará en su bregar por la tierra americana adentrándose cada vez más en la Selva tal y como su Personaje protagónico le reclama.
A su vez su insatisfacción con esa Sinfonía hace pensar que el Hombre no ha llegado a un clímax en su vivir interno y tampoco en lo externo que le rodea, esto nos hace meditar, grandeza de la obra literaria que se estudia y de la literatura que cual obra no acabada en el tiempo dialécticamente nos ofrece un después, para que esto que el Hombre necesita en sus adentros y la otra alegría que le entra por los ojos y es externa ¿cómo será esa vida necesaria como el pan de cada día? Para lo que el Hombre precisa, será inevitable un nuevo tipo de música, una nueva sinfonía donde de una manera más real se le cante a la Alegría, será que todo eso sucederá un día y de la misma forma que Carpentier se trajo a su Personaje a este Continente lo desconocido, lo futuro haga posible que a esa multitud humana entroncada aquí en América también los violines cósmicos y terrestres le entonen su nueva y deslumbrante Oda a la Alegría, sentida como la verdadera vida con los pies bien puestos en esta tierra americana y que sirva de cántico también a la Humanidad entera.
Notas:
1.-Alejo Carpentier. Los pasos perdidos. Editorial Letras Cubanas. Ciudad de La Habana, Cuba.1985. p. 101.
2.-Alejo Carpentier. op. cit., p. 100.
3.-Antoine de Saint-Exupéry: El principito. Buenos Aires. Emecé, 2004.
4.-Antoine de Saint-Exupéry: op. cit., p. 60.
5.-Alejo Carpentier. Los pasos perdidos. Editorial Letras Cubanas. Ciudad de La Habana, Cuba.1985. p. 112.
6.-Alejo Carpentier: op. cit., p. 116.
7.-Alejo Carpentier: op. cit., p. 118.
7.-De pronto, me despierta un grito del adelantado: «¡Ahí está la puerta!» (Capítulo cuarto)
Compuesto de seis jornadas, si se consideran en su totalidad, aunque dos de ellas solamente resultaron ser medias jornadas; cada una de estas representa un avanzar, primero buscando una puerta que permita la entrada a la Selva y segundo continuar ese conocimiento in situ a partir de haber podido descubrir el lugar exacto por donde ella permite su entrada.
Es este un lugar muy parecido al resto, diríase mejor idéntico pero identificable solamente por tres V, una insertada dentro de la otra y estas dos en la siguiente.
Según Carpentier, este lugar existe tal y como lo describe en la novela Los pasos perdidos(1) y él personalmente pudo llegar a conocerlo durante un viaje de semanas que realizó por el Alto Orinoco. Estos lugares quedan sin mencionarse mediante sus verdaderos nombres geográficos al igual que otras regiones, llamándoles simple y poéticamente el Gran Río, afluentes y todo el mundo húmedo relacionado con este dador y propiciador de una abundante vida vegetal y animal; tanta que se va por encima de la que se encuentra en otros continentes, saturación de humedad que lo hace posible. Es allí hacia donde se dirige todo el esfuerzo literario del Autor, también del Protagonista para poder regalar y regodearse en ese capítulo completamente dedicado a la Selva (hábitat, reino vegetal, maravilloso y muy explicado mundo mineral). Joya rara donde sus afluentes y vertientes literarios, al igual que los grandes ríos que nos describe, logran un prismático color que le hace identificar. Por su no parecerse a otras regiones le confiere ese extraordinario don americano, es sólo en él donde se desarrolla el tema central de la mayor parte de esta obra.
Todo fluye y confluye en ese lugar para que podamos saber el por qué de la grandeza americana, allí cree el Personaje haber encontrado nuestro Perdido Paraíso y por tanto de ese lugar no quiere emigrar. Su vida física ha comenzado a experimentar lo contrario del automatismo tipo siglo XX y posteriores, su tiempo vital se acompasa a ese ritmo de mundo vegetal, sol y agua donde el Tiempo es ese instante en que se está viviendo a plenitud, el Hombre convertido en Dios, porque el Creador así quiere que se disfrute lo por Él creado, su mundo, su Universo para el hombre instituido y fundado. Ya no puede numerarse, hacerse contable en meses o años ¡Oh plenitud del Sol, del aire limpio y puro, del agua cristalina bajando a chorros de las altas rocas y el hombre desnudo para su disfrute, eternamente desnudo, comparando su fuerza interna con la que le rodea, sus ojos con el cielo, sus manos con las ramas, sus pies con la corriente de los ríos y su corazón es el centro de la suma de todas las fuerzas que Dios ordena en torno a él! ¡Oh Sol! Sabemos porqué también los incas te adoraban, los egipcios y tantas culturas más, distantes en tiempo y geografía.
Lo que hemos podido leer en los capítulos anteriores es simple presentación de nuestras vidas actuales, culturalmente entendido este hecho, para poder contraponerlas a las de aquellas regiones y poder valorar lo bueno que hayan podido lograr esos habitantes de la selva, sin que haya que tener ?el concepto? de lo que ha sido visto única y exclusivamente por algo tan inexacto, como es para poder tomar como referencia ?la mirada del hombre blanco civilizado? de lo que se ha tenido y se sigue teniendo por ?malo? si se mira desde nuestro ?superior mundo cultural? y lo peor de la nuestra ¿qué podríamos decir de ella? aunque debido a esa misma ?superioridad? no lleguemos a darnos plena y a veces ni mediana cuenta de ello. Por qué, si no ese querer conocer y hurgar del hombre civilizado, en la forma de vida y conocimientos alcanzados en su enfrentamiento continuo con la Madre-Selva, de esos que todavía viven en el gran Útero Primario.
El Gran Personaje en este capítulo es la Selva y el Personaje Principal pasa a empequeñecerse lo bastante, quedando sólo de él el intelecto que le permitirá conocer, comparar y disfrutar de este poder encontrarse con el mundo primigenio, lugar al que nuestros más antiguos antepasados tuvieron como única casa y que sin lugar a dudas, por todo aquel vivir rodeado de grandísimos peligros fueron condicionando sus psiquis, entrometiéndose en ellas hasta lograr ir formando su ?primer mundo instintivo? donándolo de generación a generación hasta llegar a nuestro modo de vida actual.
Nuestros terribles miedos instintivos ¿de dónde provienen? ¿Cuántas veces nos hemos hecho esta pregunta? (Hace pocos días recibí un correo de un geofísico cubano que se encuentra haciendo exploraciones en la selva venezolana él también ha estado en África y una de las cosas que más le atemorizaba era la variedad de culebras venenosas que allí se encuentran, inclusive mucho mayor que en otros continentes, al extremo que cada vez que salía de estos sitos venezolanos y llegaba al pueblo daba gracias por haber llegado vivo). Al parecer provienen de ahí y de algo humano en su primerísima formación cuando ?Aquello? que por primera vez abría los ojos, descubría todos los temores del mundo-vital donde tendría que comenzar a ejercitar su organismo, a realizar las funciones que poco a poco comenzaría a tener que aprender o que por razones que no conocemos ya estaban en sus códigos provenientes de muy anteriores ancestros que dieron paso a eso que no quiero llamar humanoide, porque mi orgullo de ser humano quisiera concebirnos desde el principio como tales y no tener que considerar que hubo algo muy anterior que habría que llamar lo pre-humano, tanto en su formación orgánica como en la psíquica.
Cuando digo que el Personaje Principal se empequeñece, así lo hace ver el Autor para podernos mostrar en toda su asombrosa grandeza al Universo Verde y mediante su gran intelecto lo vemos, admiramos y sentimos, debido a la cristalina transparencia que lo intelectual humano contiene: ?pequeña lupa neuronal? que nos permite vivir, comprender y a su vez se equipara de ese espacio también Cósmico, pero esta vez hecho de esa sustancia especial, donde se aloja bien elegido por la Madre Natura, dentro de un protector cráneo que de todo lo resguarda y pretende resguardarlo, diciéndole: estás hecho de la sustancia especial que ha de desentrañar todos los misterios.
El capítulo más breve de todos, apenas unas cuantas páginas, todas impregnadas de mundo mineral y vegetal. Enigmas guardados para siempre en altísimas regiones donde le es imposible llegar al hombre, que sirven para que los indios de esos lugares narren una historia muy parecida al Diluvio Universal, con la gran interrogante de cómo pudieron llegar hasta tan gran altura y hacer aquellos dibujos que hasta hoy perduran y por lo tanto, nos llegan, dando una gran lógica a lo narrado: solamente con una embarcación en aquellos días diluviantes, donde la tradición oral de estos hombres hace llenarla de especies vivientes. Para saber si ha llegado el fin del Diluvio se envía un ratón, que regresa con una mazorca de maíz, rodándola entre sus patas, señal de que ya han finalizado las lluvias y es en esa gran chalupa o curiara donde únicamente los hombres de aquel tiempo pudieron ascender a cumbres tan altas y poder dejar el legado desafiante al Tiempo, tanto que todavía permanece mediante sus dibujos, y a su vez, el Gran Diluvio que había acontecido, el Arca de Noé americana dejaba su constancia petroglífica. Es tanta su extraña riqueza pétreo que hace pensar que estos minerales han llegado de otras regiones del espacio sideral, anticipándose el Autor mucho antes de la primera mitad del siglo XX, a una serie de formulaciones hechas en nuestros días de la misma, tanto por científicos o por la muy seria ciencia ficción, hacen en forma que ya había hecho nuestro cultísimo pensador-naturalista rememorando y honrando a aquel gran sabio alemán, considerado nuestro segundo descubridor, Alexander von Humboldt.
No solo ese mundo encontramos en el Capítulo Cuarto de Los Pasos Perdidos, también allí en plena selva, entre grupos humanos, su entrañable verdad nos hace encontrar el origen de la Palabra emitida, cual un susurro o quejido, no pudiendo precisar cual de los dos sea, dejando entrever mediante su poesía la duda de lo que será feliz o trágico. (Recuerda un susurro o una queja, enigma para el Hombre que a lo largo de su vida ha de usarla y expresar su sentir mediante ella).
Allí se siente también la Revelación de que se acaba de asistir al Nacimiento de la Música y aparece la primera figura que se modela cuando se puede hacer un objeto. Se considera la Madre de Dios y a su vez la Madre primordial de todas las religiones, cuyo principio matriz, genésico, hembra, le hace situar como prólogo de todas las teogonías.
De tanto que se puede sentir al estar allí, se llega inclusive a hacerlo cual un viaje anterior a la existencia del hombre, experimentando si se quiere la tristeza sideral de esa inmensa soledad. Aún con ese inicio incierto, al que Algunos no queremos asomarnos, recordemos a Antígona decir a través de la palabra escrita por la investigadora y novelista argentina Marta Traba:
"(...) Numerosas son las maravillas del mundo pero la más grande maravilla sigue siendo el Hombre".(2)
Notas:
1.-Alejo Carpentier. Los pasos perdidos. Editorial Letras Cubanas. Ciudad de la Habana, Cuba, 1985. pp 195-231.
2.-Marta Traba. Las Ceremonias del Verano. Premio de Novela 1966. Casa de las Américas.
8.-Y luego, esos coros de montañas, de manantiales, de tormentas: de elementos que ahora me rodean y siento. Era voz tierra, que es madre a la vez, arcilla y matriz, como la madre de dioses que aún reinan en la selva. (Capítulo quinto)
Cuando se comienza a leer este Quinto Capítulo, debido a que recién hemos pasado nuestros ojos, espíritu e intelecto por un tercer y cuarto muy medulares, puede que de momento nos contraríe un poco, porque el gran tema del Viaje y el habernos adentrado en la Selva comienza a alcanzar un aparente cercano fin, llegando a sentir cierto estupor, sobre todo después de haber estado inmersos en esa naturaleza llena de Grandes Ríos, de lo increíble encontrado a nuestro paso no solamente vegetación y mundo mineral sino también el mundo humano de sus habitantes, los cuales se encuentran sobreviviendo a diario en un medio extremadamente peligroso que nos hace pensar que el hombre siempre está en la jungla, ya sea la de acero de las grandes ciudades o en esa que dio origen a la palabra con la que se intenta definir todo ese cosmos. En fin, ningún vocablo llega a precisar con toda especificidad el vasto macro y micro mundo que en la Selva se encuentra, porque Ud. también está allí no sólo el Personaje, o si acaso, debido a una momentánea distracción mental, arrinconásemos hasta llegar a hacer prevalecer un efímero e imperdonable (porque sería muestra de no haberlo comprendido y aquilatado nunca) desconocimiento de la grandeza intelectual de su autor. Esto sucede únicamente durante la lectura de unas cuantas páginas, no porque estuviesen ni por un segundo mal escritas o dejasen algo que desear en cuanto a su mantenido estilo, todo lo contrario, de manera tal que en cuanto llegamos a leer las páginas suficientes, nos empezamos a dar cuenta, dada la muestra magistral que nos ofrece, de porqué sí tiene el Personaje que comenzar a alejarse un poco de la tremenda inmersión en el mundo selvático que tanto gozo nos ha hecho sentir y del cual hemos conocido mucho gracias a la descripción propia de un erudito que nos dice: ?(?) Hay mañanas en que quisiera ser naturalista, geólogo, etnógrafo, botánico, historiador, para comprenderlo todo, anotarlo todo, explicar en lo posible.?(1) Este ilustrado investigador y escritor latinoamericano, sin lugar a dudas, nos recuerda al sabio alemán: Alexander von Humboldt, en sus extensos conocimientos botánicos y geológicos (ciertas teorías muy actuales que pretenden demostrar que la vida llegó a la Tierra procedente de otros mundos lejanos al nuestro, de alguna manera pueden intuirse cuando describe la extraña geografía de regiones que se encuentran a gran altitud, donde el pie del hombre nunca ha sido puesto, conservando una especie de virginidad no profanada aún, pudiendo establecerse un paralelismo entre ese período temporal que nos describe y el que le acontecía al Hombre hasta llegar a la década del sesenta del siglo XX, virgen a las pisadas humanas como hasta esa fecha era todo el Universo, hasta que al fin el Hombre comenzó a plantar el pie en otro astro ?la Luna? dando inicio a lejanas y futuras expediciones cósmicas que seguirán sucediendo, como las que en este mismo continente habían ocurrido siglos no muy lejanos atrás ?de las naves espaciales de hoy en día a los pequeñísimos navíos de los primeros viajes a América? pero recuerde, el riesgo de aquellos hombres es el mismo que corren las tripulaciones de las actuales naves espaciales, y que demuestran el ansia infinita de conocimiento y curiosidad que hay en nuestra raza). Lugares aquellos que nos describe el Autor en los que también se refiere a una vegetación ?rara?, ?no habitual a nuestros ojos?, debido a ?algo? o ?Algo? que no sabemos si se debe comenzar escribiendo con letra mayúscula o minúscula, que por lo tanto desconocemos hasta el por qué o de dónde procede, y para que sea más enigmático sólo se hace presente en lugar tan inaccesible a la mirada humana. Agrandando el misterio que siempre ha rodeado a la Creación, ¿quién? o ¿qué? así ha querido que sea, en donde si se hiciera un análisis geológico, es muy posible que se encontraran minerales no nativos, diferentes en gran medida a los que conocemos en la Tierra. Todos estos conocimientos han sido llevados a página escrita, ni más ni menos que en una novela que se desarrolla en la América del Sur, en una época en que estos discernimientos estaban solamente en la mente de un grupo privilegiado de científicos e intelectuales, no olvidar que Los pasos perdidos se comenzó a escribir a finales de la década del cuarenta terminando de hacerlo en la ciudad de Caracas, el 6 de enero de 1953, siendo publicada en ese mismo año casi justo a la mitad del siglo XX.
Este momentáneo estupor o choque al que nos hemos referido un poco antes, no es más que nuestra negación como lectores y seres humanos a ?un cambio inminente? debido al cual, seamos sustraídos del ?mítico y siempre soñado mundo de la Selva?, imaginado desde que éramos niños, mucho más sensibilizados a él después de habernos adentrados hasta su maravilla, osadía y sacrificio mediante una gran novela. ?Este sentir? se niega a abandonar el sitio que siempre anheló visitar, aunque intelectualmente comprendemos que para el autor sí es necesario porque su consideración filosófica, de continuar el personaje para siempre en la Selva, se malograría.
¿Qué hace entonces el Autor? Dentro de parámetros muy cercanos a lo que se entiende en aquellos lugares por la Selva, le hace llegar en compañía de otros personajes, también muy significativos por lo contundente de sus personalidades ?y de ahí sus importantes, por verdaderos, útiles razonamientos. Siendo estos: Fray Pedro, el Adelantado, su hijo Marcos y hasta quien no hacía mucho el griego Yannes, el que al despedirse para ir como minero a la búsqueda de oro, dejaba como recuerdo al Personaje un tomo de La Odisea, o séase, el mítico griego Homero en medio de la Selva Americana (¿influencia surrealista o todo lo real maravilloso puesto sobre una bandeja ante nuestro intelecto?). Esta es gran parte de la representación masculina, llegando también la opuesta con la Rosario, a quien conoce y de la cual se ha enamorado alcanzando inclusive a quererla durante el viaje, que desde antes de adentrarse en la Selva, han hecho juntos. El Adelantado les muestra un descampado que con ayuda de su hijo y algunos indios, a fuerza de machete e instrumentos similares, han logrado establecer para poder conjugar un verbo que a todos ha de impresionarnos:
Fundar una ciudad.
Yo fundo una ciudad.
Él ha fundado una ciudad.
Es posible conjugar semejante verbo.
Se puede ser Fundador de una Ciudad.
Crear y gobernar una ciudad que no figure en los mapas,
que se sustraiga a los horrores de la Época, que nazca así,
de la voluntad de un hombre, en este mundo del Génesis.
La primera ciudad. La ciudad de Henoch, edificada cuando
aun no habían nacido Tubalcain el herrero, ni Jubal,
el tañedor del arpa y el órgano?(2)
Aunque escrito en prosa, es tal su poesía inaugural que hay que correr el riesgo y desarrollarlo como se escriben todos los poemas que desde entonces y hasta ahora hemos conocido como tales.
Es lo que menos podemos suponer, que en otro de los ardides geniales del escritor, nos haga testigos de la fundación de una ciudad tal y como se fundaron y comenzaron a levantarse las primeras ciudades de nuestro continente: una Plaza Mayor, alrededor de la cual se edificarían la Casa de Gobierno, la Catedral, una gran nave que haría funciones de Almacén, las casas de viviendas y detrás el barrio de los indios, etc. Una ciudad que llevará por nombre Santa Mónica de los Venados, fundada sobre un valle a poquísima distancia de la verdadera Selva.
En este sitio el Personaje afianzará más su deseo de no regresar al mundo de allá, donde todos llevan una vida falsa y esclavizada por el reloj. Después de haberse bañado en las aguas auténticas de la verdadera vida, ya sabe que ese otro mundo que jamás le dejó satisfecho, mucho menos ahora le podría deparar algunas de las verdades esenciales que necesita el hombre: respirar y sentir correr por sus adentros para poder llegar a nombrar su vida verdaderamente Vida. Para su mayor complacencia ha encontrado una mujer de pruebas, hecha y a su vez colmada por las autenticidades que nuestro mundo americano ofrece a quien lo sepa asimilar y hacer suyo, engrosando un legítimo existir que hará que la palpe y la abrigue a plenitud, en todo lo que su mundo compactado le irá haciendo alcanzar desde su espesura.
Su existir se encuentra así, hasta ese instante sabemos que ha tenido momentos muy especiales durante este Viaje, ha logrado encontrar los instrumentos musicales aborígenes por los que fue enviado a la Selva, ha querido y se ha hecho querer de una auténtica mujer americana (resumen ella de las razas que nos han dado origen) y tuvo el privilegio de asistir a varios Principios: Proveníamos de un Capítulo Cuarto donde ya algunos de ellos sucedieron, se había asistido a varios Nacimientos, de ahí que el narrador ya nos dice en esa sección casi finalizando el capítulo:
?(?) Esto es Dios. Más que Dios: es la Madre de Dios. Es la Madre, primordial de todas las religiones. El principio hembra, genésico, matriz, situado en el secreto prólogo de todas las teogonías. La Madre, de vientre abultado, vientre que es a la vez ubres, vaso y sexo, primera figura que modelaron los hombres, cuando de las manos naciera la posibilidad del Objeto. Tenía ante mí a la Madre de los Dioses Niños, de los totems dados a los hombres para que fueran cobrando el hábito de tratar a la divinidad, preparándose para el uso de los Dioses Mayores. La Madre, «solitaria, fuera del espacio y más aún del tiempo», de quien Fausto pronunciara el solo enunciado de Madre, por dos veces, con terror. Viendo ahora que las ancianas de pubis arrugados, los trepadores de árboles y las hembras empreñadas me miran, esbozo un torpe gesto de reverencia hacia la vasija sagrada. Estoy en morada de hombres y debo respetar a sus Dioses? Pero he aquí que todos echan a correr. Detrás de mí, ramas que sirven bajo un amasijo de hojas colgadas de techo, acaban de tender el cuerpo hinchado y negro de un cazador mordido por un crótalo. Fray Pedro dice que ha muerto hace varias horas. Sin embargo, el Hechicero comienza a sacudir una calabaza llena de gravilla ?único instrumento que conoce esta gente? para tratar de ahuyentar a los mandatarios de la muerte. Hay un silencio ritual, preparador del ensalmo, que lleva la expectación de los que esperan a su colmo. Y en la gran selva que se llena de espantos nocturnos, surge la Palabra. Una palabra que ya es más que palabra. Una palabra que imita la voz de quien dice, y también la que se atribuye al espíritu que posee el cadáver. Una sale de la garganta del ensalmador; la otra, de su vientre. Una es grave y confusa como un subterráneo hervor de lava; la otra, de timbre mediano, es colérica y destemplada. Se alternan. Se responden. Una increpa cuando la otra gime; la del vientre se hace sarcasmo cuando la que surge del gaznate parece apremiar. Hay como portamentos guturales, prolongados en aullidos; sílabas que, de pronto, se repiten mucho, llegando a crear un ritmo; hay trinos de súbito cortados por cuatro notas que son el embrión de una melodía. Pero luego es el vibrar de la lengua entre los labios, el ronquido hacia adentro, el jadeo a contratiempo sobre la maraca. Es algo situado más allá del lenguaje, y que, sin embargo, está muy lejos aún del canto. Algo que ignora la vocalización, pero es ya algo más que palabra. A poco de prolongarse, resulta horrible, pavorosa, esa grita sobre un cadáver rodeado de perros mudos. Ahora el Hechicero se le encara, vocifera, golpea con los talones en el suelo, en lo más desgarrado de un furor imprecatorio que es ya la verdad profunda de toda tragedia ?intento primordial de lucha contra las potencias de aniquilamiento que se atraviesan en los cálculos del hombre?. Trato de mantenerme fuera de esto, de guardar distancias. Y, sin embargo, no puedo sustraerme a la horrenda fascinación que esta ceremonia ejerce sobre mí? Ante la terquedad de la Muerte, que se niega a soltar su presa, la Palabra, de pronto, se ablanda y descorazona. En boca del Hechicero, del órfico ensalmador, estertora y cae, convulsivamente, el Treno ?pues esto y no otra cosa es un treno? dejándome deslumbrado con la revelación de que acabo de asistir al Nacimiento de la Música(3)
Músico de profesión, todos estos descubrimientos en plena Selva, le ayudan a que renazca en él la necesidad de componer, cuestión que le hace teorizar mucho, sobre lo ?aprendido en libros,? con relación al origen de ese arte (al principio creyó que se dedicaría a componer una cantata inspirada en el poema de Shelley ?Prometeo Encadenado;? pero, al no tener el texto en sus manos, tuvo que abandonar la idea, tema que le resultaba muy interesante porque era un reflejo de su propia vida en esos momentos. También había roto las cadenas que le oprimían su existir, sintiéndose liberado gracias a ese Viaje). Las teorías que predominaban en su mundo cultural sobre el origen de la música, fueron casi todas ?echadas abajo? al tener ante sí el verdadero modo de hacerla que tenían los indios: (?) También sería útil recoger algunos de los cantos de indios de este lugar, muy bellos dentro de su elementalidad, con sus escalas singulares, destructoras de esa otra noción generalizada según la cual los indios sólo saben cantar en gamas pentáfonas?(4)
De la misma manera, tal y como nos lo hace saber el Autor en el siguiente poema, aunque escrito en prosa me he tomado el atrevimiento de desarrollarlo de esta forma:
Yo,
en cambio
he visto
cómo la palabra emprendía
su camino hacia el canto, sin llegar a él;
he visto
cómo la repetición de un mismo
monosílabo
originaba un ritmo cierto he visto,
en el juego de la voz real
y de su voz fingida
que obligaba al ensalmador
a alternar dos alturas de tono,
cómo podía originarse un tema musical
de una práctica extramusical.(5)
Todo lo auténtico de ese mundo le hace variar de cantata a treno, inspirado en las vivencias sentidas frente a un Hechicero, que trata de salvar a un hombre mordido por una serpiente.
Para el Personaje todo se desenvuelve a buena marcha para su existir, anhela con mayor profundidad el no volver allá, pero la vida marca otros designios y antes de que a él le ocurra algo, ya casi finalizando este capítulo, sepamos qué le hizo cambiar de forma al componer esta obra, qué lo traía envuelto en vida, respirando grueso junto a la mujer soñada y encontrada, conjuntamente con una Naturaleza tan vital que se le introducía por los ojos yendo a parar a cada célula de su organismo. Sepamos pues:
Las noches en que se emborrachaba ritualmente con un polvo sorbido por huesos de pájaros, el Capitán de los Indios se hace bardo, y de su boca recoge el misionero jirones del cantar de gesta, de la saga, del poema épico, que vive oscuramente ?anterior a su expresión escrita? en la memoria de los Notables de la Selva? (?) Y cuando de ver se pasa a mirar, se encienden raras luces y todo cobra una voz. Así, he descubierto, de pronto, en un segundo fulgurante, que existe una Danza de los Árboles. No son todos los que conocen el secreto de bailar en el viento. Pero los que poseen la gracia, organizan rondas de hojas ligeras, de ramas, de retoños, en torno a su propio tronco estremecido. Y es todo un ritmo en que se crean las frondas; ritmo ascendente e inquieto, con encrespamientos y retornos de olas, con blancas pausas, respiros de pronto, en un segundo fulgurante, que existe una Danza de los Árboles. No son todos los que conocen el secreto de bailar en el viento. Pero los que poseen la gracia, organizan rondas de hojas ligeras, de ramas, de retoños, en torno a su propio tronco estremecido. Y es todo un ritmo en que se crean las frondas; ritmo ascendente e inquieto, con encrespamientos y retornos de olas, con blancas pausas, respiros, vencimientos, que se alborozan y son torbellino, de repente en una música prodigiosa de lo verde. Ninguna coreografía humana tiene la euritmia de una rama que se dibuja sobre el cielo. Llego a preguntarme a veces si las formas superiores de la emoción estética no consistirán, simplemente, en un supremo entendimiento de lo creado. Un día, los hombres descubrirán un alfabeto en los ojos de las calcedonias, en los pardos terciopelos de la falena, y entonces se sabrá con asombro que cada caracol manchado era, desde siempre, un poema.(6)
Era el Universo físico y el espiritual encontrado, el que le permitiría quedarse allí a pesar de haber sido un ?hombre civilizado? y por tanto vivir la contradicción de estar al tanto de un desarrollo tecnológico que los indígenas no conocían. Sin embargo en sus grandes libros como el Popol-Vuh y en tradiciones orales mantenidas por siglos, ellos ?sabían? lo que sería el equivalente a lo que conocemos como ?robot? y también de un diluvio muy de ellos, testimoniado por dibujos realizados en rocas, demasiado altas para ser hechos allí, solamente valiéndose de una colosal inundación. Se llegan a valorar dos mundos, dos maneras, y ambas concuerdan en lo mismo, ambas líneas llevan al Hombre en su búsqueda de humanidad. No olvidemos una foto donde alguien le lleva música grabada de Mozart a los indígenas y hay que ver el rostro de ellos expresando el éxtasis sentido, al igual que cualquier hombre de este mundo de acá. Todo sigue sucediendo muy bien, hasta que un día, los indios gritan aterrorizados por el ruido y presencia en el aire de un avión que logra aterrizar y en escasos minutos carga con el Personaje, porque en el mundo de allá su esposa legal ha inventado toda una historia donde se dice que él ha sido retenido por indios sanguinarios y se ofrece una importante suma de dinero a quien lo encuentre y lo regrese vivo a ese mundo, donde sucedería la repetición de la vida falsa y la esclavitud del reloj, que convierte al hombre en lo equivalente a ese mineral que se usaba en los relojes antiguos para marcar el tiempo? arena y un poco después la arenilla que irá corroyendo nuestros huesos aún en vida.
Notas:
1.-Alejo Carpentier. Los pasos Perdidos. Editorial Letras Cubanas. Ciudad de la Habana, Cuba, 1985. p. 259.
2.-Alejo Carpentier: op. cit., p. 233.
3.-Alejo Carpentiier: op. cit., pp 227-229.
4.-Alejo Carpentier: op. cit., p. 247.
5.-Alejo Carpentier op. cit., p. 247.
6.-Alejo Carpentier: op. cit., p. 259-261.
9.-Y los que ahora se disponen a aplaudirme, ignoran que van a aplaudir a un embustero. Porque todo, en este vuelo que ahora se arrumba hacia la pista, es embuste. (Capítulo sexto)
Reflexionaba el Personaje durante el tiempo en que se dirigía hacia la ciudad de destino, conmovido por una sociedad que era capaz de ser indiferente ante la sórdida vida de los habitantes de aquellos suburbios -sobre todo la de los niños y ancianos- lugares por los que sobrevolaban en ese momento y sin embargo era incómodo saber que esa misma sociedad podía de una forma rápida, convertir en ídolo a un explorador o cazador si supuestamente ese hombre hubiera caído en manos de una tribu feroz, como la calificaría su esposa. Todos los pasajeros del avión le habían mostrado fotos suyas aparecidas en los periódicos. Le llamaba la atención sobre todas, las de su primera comunión, celebrada en la iglesia de Jesús del Monte, recordándole al lector ya en este capítulo final, que el Personaje había vivido su infancia en Cuba y de una manera muy carpenteriana sigue relacionando ?(?) y las de uniforme en las ruinas de Monte Cassino, y la otra, frente a la Villa Wahnfried, con los soldados negros.(1)
Sucesos escalonados y de una gran importancia en su mundo interior al punto de tomar y mantener decisiones, que conllevarán a que en su vida y forma de pensar se establezca ese ?estilo de observación y meditación irónica? que ha ido llevando a que su psiquis, y por lo tanto sus consecuentes reacciones surjan de una mente no hecha a ese mundo al que se niega a regresar. Dejándonos a través de su análisis diario, ?ese rastro de su modo de pensar?, que nos va a permitir conocer su exacta y personalísima reflexión a lo largo del tiempo, en que más por obligación que por deseo propio va a tener que continuar su desagradable permanencia en la ciudad. Revela con esas conclusiones muy propias sobre la vida que le ha tocado llevar, un pensamiento indisoluble el cual mantiene hasta el final del capítulo, que resultará ser también el de la novela.
Durante el viaje venían a su mente recuerdos de la conversación sostenida con Ruth -su legítima esposa-, donde ella le proponía encontrarse con él en esa ciudad, desde la cual le llamaba negándose a que ella tomara un avión y viniese a su encuentro, precipitando su partida hacia el lado de allá, adonde ya no le era de interés su rutinaria vida y por tanto nada le tentaba a regresar.
Su arribo se convirtió en el desarrollo de una verdadera obra teatral, donde su esposa (intérprete que representa una única obra durante muchos años) de esta manera logra variar su personaje, convirtiéndose en primerísima actriz de un guión que hubo de madurar y desarrollar, para que así fuese logrando una magnífica actuación en su rol de abnegada, amante, comprensiva y feliz esposa del hombre que acababa de ser rescatado en plena Selva de las garras de ?bárbaros?, a quien toda la Nación dirigió su vista y rendía honores. Esta cúspide a la que lo elevaron por razón del mundo periodístico y el ?gran desempeño teatral? que alcanzó su esposa, conjuntamente con su insípida y mantenida, a lo largo de años, manera de vivir, finaliza aquella actuación. Al entrar nuevamente en su apartamento, después de aquel tiempo ausente y a poco de haber comenzado a hablar, Ruth recoge el recorte de un periódico sensacionalista que alguien arrojó frente a la puerta y mediante una rápida ojeada acabó por enterarse de una nueva noticia: su esposo tenía una amante, que a su vez fue la que lo acompañó durante gran parte de su viaje a la Selva, precipitando lo que él tenía planeado hacer con más tiempo y cautela: pedirle el divorcio.
A partir de ese momento ella se erige en juez defendiendo su causa, él la escucha tan lleno de cinismo que solamente en el momento en que dice que va a ser Madre, cede un poco por temor a verse enredado en cuestiones de ternura femenina que pudiesen cancelar su petición de divorcio por ese instante supremo de la Naturaleza, sin que él llegue a quedar preso en esas redes invisibles. El autor la describe así: ?(?) En ese momento, Temis se hizo madre; se abrazó a su propio vientre con gesto desolado, doblándose sobre la vida que le estaba naciendo en las entrañas, como para defenderla de mi avilantez, y rompió a llorar de modo humilde, casi infantil, sin mirarme, tan adolorida que sus sollozos, venidos de lo hondo, apenas si se marcaban en leves gemidos.(2)
Unas páginas después nos enteramos que ese hecho y otros le obligan a cambiar sus planes al Personaje haciéndonos saber:
Ese fue el momento en que acepté la suma considerable ofrecida por el periódico de mi rescate para revelarle la exclusividad de innumerables mentiras ?ya que son cincuenta cuartillas de mentiras las que voy a vender ahora. No puedo, en efecto, revelar lo que de maravilloso ha tenido mi viaje, puesto que ello equivaldría a poner los peores visitantes sobre el rumbo de Santa Mónica y del Valle de las Mesetas. Por suerte, los pilotos que me hallaron sólo se refirieron a una misión en sus reportes, por el hábito verbal de llamar «misión» todo lugar apartado donde un fraile ha plantado una cruz. Y como las misiones no inspiran mayor curiosidad al público, puedo callarme muchas cosas. Lo que venderé, pues, es una patraña que he ido repasando durante el viaje:
prisionero de una tribu más desconfiada que cruel, logré fugarme, atravesando, solo, centenares de kilómetros de selva; al fin, extraviado y hambriento, llegué a la «misión» donde me encontraron. ?Cobraré mi prosa, y con una suma de dinero que puede asegurar a Ruth unos tres años de vida apacible, plantearé el divorcio con menos remordimiento.(3)
Después de este encuentro y ruptura decide salir a la calle, donde se da cuenta de la diferencia entre su ritmo de respiración por haber estado cierto tiempo en la Selva y el de los hombres que van por la acera ?(?) llevando un ritmo ajeno a sus voluntades orgánicas?.(4)
Alguno podría pensar que es demasiado exagerado ese detalle, pero no es así, coincide plenamente con su desarrollo psico-biológico, desde el cual juzga y analiza lo que le rodea: el mundo desde el punto de vista artístico y social, este último de una manera tan sutil, apenas nos damos cuenta que es una mirada política, muy política, la que el Personaje nos ofrece: Mundo de post-guerra muy relacionado con el acontecer en Greenwich Village y lo que se podría llamar la época de formación de lo que llegaría a conocerse como la Generación Beat. Debido a sus grandes conocimientos en diversas materias, puede comparar la arquitectura, la danza, la música, la pintura de esa primera mitad de siglo XX en esa ciudad, confrontándolas con lo que él acaba de conocer sobre tribus antiquísimas (casi en la formación de la palabra, la música y la religión), que incorpora a sus gustos personales, trayendo en sus ojos y oídos ese nuevo modo de ver el anterior sitio donde vivió. Todo eso ya lo había incorporado a su psiquis, desde la cual nuevamente juzga y compara esta segunda ocasión.
La imagen que nos ofrece de esta mitad de centuria en lo concerniente al estilo decorativo utilizado en ciertos lugares, en la música que interpretaban algunas bandas (se debe sobrentender que en esa categoría no se incluía a los Grandes Maestros anteriores o vivos todavía en la época). Él llegó a considerar la pintura, como pseudo surrealista, al igual ocurría con la arquitectura, la cual no acababa de encontrar un nuevo orden ni un gran estilo. La iglesia también es sopesada debido a la utilización de una lengua muerta para su oficio religioso, lo que iba creando un abismo entre los fieles y los sacerdotes. Otra gran manera de reflejar su mirada comparativa, es en la forma de bailar o danzar, de la cual dice que es ?(?) ese movimiento colectivo que tiene algo de ritual subterráneo, de danza para apisonar la tierra -sin tierra que apisonar??(5) Todo lo anterior fue confrontado con su equivalente en el mundo selvático y nada le dejó lo suficientemente satisfecho como para no emprender el viaje de regreso a aquella naturaleza, donde Rosario, representando la mezcla de razas de donde provenimos y por lo tanto a América; le hace pensar que curará sus dolores de hombre -personales y sociales- instándole al regreso.
Después de haber pasado tres meses y muchos inconvenientes, logra retomar el camino hacia ese encuentro: al llegar a Puerto Anunciación, el lugar donde la selva había llegado a él, en la persona del Adelantado no pocos meses atrás, allí le hacen saber:
?(?) que alguien compró la casa a la madre de Rosario, y que ésta, con todas sus hijas solteras, ha ido a reunirse con una hermana que tiene tras de los Andes, a once o doce jornadas de viaje. Una vez más me admiro ante la naturalidad con que las gentes de estas tierras consideran el ancho mundo, echándose a navegar o a rodar durante semanas largas, con sus hamacas enrolladas en el hombro, sin los sustos del hombre cultivado ante las distancias que los precarios medios de transporte hacen inmensas?.(6)
Allí también, un mozo de rostro aindiado se ofrece a llevarlo en su canoa, pero al ser conducido al lugar donde se encuentra la incisión de tres V, que indica la verdadera entrada a la Selva. No puede encontrarlas debido a las lluvias anticipadas, por lo que tendría que esperar varios meses hasta que la elevación del agua volviese a su nivel natural, posibilitándole entonces encontrar el paso secreto que le habría de permitir bajo el manto selvático llegar a la aldea de los indios y ser llevado por ellos hasta Santa Mónica de los Venados.
En ese tiempo de espera trabaja sobre el texto de Shelley para aligerar ciertos pasajes, pero no se atreve a componer en grande debido a que:
?(?) la obra que me interesa ahora es el Treno, y los apuntes han quedado en manos de Rosario. Podría tratar de iniciar nuevamente su composición, pero lo hecho allá me había dado un tal contento, en cuanto a la espontaneidad del acento hallado, que no quiero empezar nuevamente, con el sentido crítico aguzado, haciendo esfuerzos de Memoria ?preocupado a la vez, por el afán de proseguir el viaje?.(7)
Todo esto le impedía en frío, intentarlo hasta que no llegase nuevamente a reunirse con ella. Continuaba en esa expectativa cuando se encontró con Yannes ?el que viajaba siempre con un tomo de La Odisea-, quien acababa de descubrir lo que a todas luces debía ser un yacimiento diamantífero, por lo que en ese
Momento iba a tener qie viajar a la capital para obtener su legalización. Debido a los últimos acontecimientos reflexiona y llega a interiorizar de esta manera:
??me digo que la marcha por los caminos excepcionales se emprende inconscientemente, sin tener la sensación de lo maravilloso en el instante de vivirlo: se llega tan lejos, más allá de lo trillado, más allá de lo repartido, que el hombre, envanecido por los privilegios de lo descubierto, se siente capaz de repetir la hazaña cuando se lo proponga ?dueño del rumbo negado a los demás. Un día comete el irreparable error de desandar lo andado, creyendo que lo excepcional pueda serlo dos veces, y al regresar encuentra los paisajes trastocados, los puntos de referencia barridos, en tanto que los informadores han mudado el semblante?(8)
Es con el griego con quien intenta saber algo de Rosario y este le entera que ya es mujer de Marcos, afirmación que le hace sentir y decir ?(?) Mi piel se eriza de alfileres fríos, salidos de dentro?.(9) Una expresión que recuerda la poesía de quien tanto conoció el dolor propio del hecho de estar vivo por lo cual supo hacer suya esa lírica popular, que es el cante jondo que luego llegase a ser tan bien llevada a la escritura poética por ese granadino que se llamó Federico García Lorca.
Insatisfecho en su mundo existencial, duramente golpeado por la verdad de la que acaba de enterarse, en representación de otros hombres y mujeres de mitad de siglo XX, experimenta todo el doliente desengaño de una vida que prometió ser algo más que lo que su conciencia y espíritu sintieron a lo largo de años
máxime en este final de novela. ¿Cuánto de todo esto nos ha tocado vivir a los que apenas acabábamos de nacer en el momento en que el Autor llevaba al Personaje a decir: "(...) Hoy terminaron las vacaciones de Sísifo..."(9)
Notas:
1.-Alejo Carpentier. Los pasos Perdidos. Editorial Letras Cubanas.Ciudad de la Habana, Cuba, 1985. p. 297.
2.-Alejo Carpentier: op. cit., p. 308.
3.-Alejo Carpentier: op. cit., p. 299.
4.-Alejo Carpentier: op. cit., p. 308.
5.-Alejo Carpentier: op.. cit., p. 313.
6.-Alejo Carpentier: op. cit., p. 325.
7.-Alejo Carpentier: op. cit., p. 336. El subrayado es nuestro.
8.-Alejo Carpentier: op. cit., p. 340. El subrayado es nuestro.
9.-Alejo Carpentier: op .cit., p. 343.
10.-Epílogo. Posible origen de la poesía
Un día, los hombres descubrirán un alfabeto en los ojos de las calcedonias, en los pardos terciopelos de la falena, y entonces se sabrá con asombro que cada caracol manchado era, desde siempre, un poema.(1)
¿Cómo saber donde se encontró primero la poesía? En los objetos primitivos del inicio del mundo (en nuestro caso el planeta Tierra), en el Universo, en los ojos de quien miraba por primera vez (mirada virgen sobre objetos vírgenes jamás tocados por los invisibles rayos que al ser refractados permiten la visión), en los planos estéticos que existen en la mente del hombre y, después de esto, el sentir de este que, ante tanta belleza tuvo que pujar y parir las palabras, porque no se podía quedar con tanto sentir dentro pudiendo morir de no haberlo hecho o haber vivido en una eterna angustia si no lograba sacar de su mente y pecho, aunque fuera en palabras, lo que el mundo externo le estaba proporcionando. Tenía que inventarlas: rugidos, gritos, cualquier cosa que le devolviera al que tanto le había puesto ante sus ojos una forma de reconocimiento. Estos sonidos fueron transformándose en verbos, que con el tiempo pudieron ser llevados a una forma escritural. Desde entonces, el Hombre expresa su admiración por todo, llevando a voces los primitivos rugidos, luego, escribiendo, para dejar constancia y testimonio: legado mediante el cual los hombres de otra generación tuviesen conocimiento de sus antecesores, e intentasen seguir buscando el nacimiento de su origen, aunque también hay mundos desconocidos que se guardan en su mente, transmitidos de generación a generación sin saber dónde comenzó ni quién o qué depositó en sus complejos neuronales tanto de lo que llamamos inteligencia e intelecto, que le permite poder cuestionarse su origen, vivir actual y también futuro.
¿Quién puso dentro de él ese tanto que le permitió llegar a la poesía macrocósmica o a la poesía microcósmica? ¿Qué es la ciencia microscópica si no poesía a nivel de átomos, enlaces iónicos y covalentes que nos va llevando hasta donde tiene primacía el espermatozoide y el óvulo, y a la abismal dimensión de su origen?
Toda la nanotecnología que se utilice con los fines que fuesen, está llena de la exquisita poesía admirada por el primer Hombre, pero ahora, valiéndose de microscopios electrónicos, haciendo danzar lo infinitamente pequeño del mundo biotecnológico a su antojo.
Puede ser que de tanto Universo ante los ojos le diera por traerse a las estrellas a sus manos o soñara con poner el pie encima de ellas, como había de recordarle el salmo bíblico, hasta que al fin un día ese hombre pudo llegar a ser el escribano de libros superiores a los ya conocidos en ese momento donde un algo invisible se convertía en dador de suprema inteligencia y sabiduría espiritual.
A lo largo y ancho de la geografía terrestre todas las civilizaciones dejaron en la piedra, en la arcilla, en el papiro, lo que los antiguos dioses les hacían llegar como sapiencia espiritual, ¿era o no poesía el hacerle llegar al espíritu e intelecto del Hombre tanta sabiduría? ¿No era? Es y será siempre un gigantesco acto de amor. Fue así, el Hombre enfrentándose al infinito Universo, ante tanto espacio inabarcable, frente al cual cada día tenía que enfrentarse, se vio urgido de una imperiosa necesidad de comunicación.
Necesitaba hablar con los astros, las estrellas, las montañas, las olas, y también con el otro que se encontraba dentro de él, y por supuesto, el hombre más cercano de su gruta; el valle, la colina, de esa primitiva manera de comunicarse provendría la amistad y a su vez el mal entendido, primera causa de enemistad y futura fuente propiciadora de guerras.
También la demasiada soledad cósmica pudo hacerle sentir su pequeñez humana, llenándolo de temores y ansiedades de manera tal que, le llegaran a provocar la angustia de no poder expresarse, ingeniándoselas para llegar a alcanzar el habla y, mediante ésta, pudo convertirse en un ser sociable, saciando un poco la falta de comunicación en primer lugar, y después, convirtiéndose en representante de su intelecto, cuando pudo llegar a escribir y luego, también a inventar la imprenta, permitiéndole hacer perdurable su obra, llegando a los demás, mostrándoles el fruto del pensamiento: su obra intelectual.
Partiendo de algo como lo dicho por Carpentier en el Quinto Capítulo de Los Pasos Perdidos: ?...y entonces se sabrá con asombro que cada caracol manchado era, desde siempre, un poema?, se puede intuir en esa afirmación: ?era, desde siempre, un poema?, la poesía que siempre existió desde que la Naturaleza fue creada (no confundir con la belleza de la naturaleza que nos conmueve o inspira, nos pudiera llevar a ser como los Panteístas: quienes veían a Dios en ella), válida esa admiración pero no es en este caso en el cual lo que se quiere destacar: Es la poesía la cual desde el origen se manifestaba intrínseca, ?propia? de cada pequeño o gran elemento que aparecía sobre la faz de este planeta en el cual todavía vivimos. El Hacedor de este mundo mostró su sentido artístico, sensibilidad y, entonces, trajo al Hombre, y lo puso ahí, en el escenario natural que para él había creado, y este absorbió de ese exquisito e inteligente entorno el refinamiento preciosista que El Hacedor había puesto ante sus ojos, comenzando a llevar a su sentir tanta belleza, tanta maravilla inteligente, asimilándola y haciéndola suya. De esa perfección externa creció la carne humana, se formó el exquisito mundo psíquico e intelectual, y el Hombre quizo ser un diosecillo para rivalizar con el que tanta inteligencia había desbordado para su creación.
Esta, se me ocurre la más cercana manera de explicar el nacimiento del mundo psíquico o mental, tanto que el hombre actual sigue llevando consigo aquello que el Hombre incorporó y guardó para siempre en su cerebro bien protegido por la bóveda craneana.
El Hombre tomó la belleza externa y la llevó al interior, cómo no iba a resultar la obra que él hiciese de perfección tal que, emulando en todo con el Universo a su imagen y semejanza, intenta llegar a crear tomándolo como modelo. De ahí las grandes maravillas arquitectónicas y de ingeniería perfectísimamente construidas que tanto admiramos en el mundo antiguo y contemporáneo, al igual que las magníficas obras literarias concebidas para disfrute de ellos, y por extensión del hombre a lo largo de su permanencia sobre la extensa superficie de la tierra.
Poesía sigue siendo la vida diaria del hombre, desde simples palabras hasta poder llegar a complejas formas de expresión poética. Es aquel primer Hombre, llenando el mundo interno de sensibilidad, quien todavía sigue expresándose, fue tanto lo incorporado a sus neuronas que hasta el último día de vida sobre el planeta Tierra, ha de seguir vertiéndola sobre cada página escrita, o esa otra forma de poetizar que a diario en las palabras y frases menos esperadas van surgiendo. Ese sentir llevado a palabras, a frases poéticas, a versos que surgen y brotan de un cuerpo lleno de sudor, y sin embargo, esa palabra es limpia y perfumada, arrastrando al hombre hacia las más profundas sensaciones y por tanto, también, a mayores reflexiones donde cada ser humano encontrará su clímax, sentir máximo, logrado por su riqueza proteica, orgánica, la cual desemboca en totalidad psíquica orgasmo pleno, donde aparentemente no se necesita copular, pero sí ha sucedido la copulación de todas las partes de su organismo, de un modo equilibrado perfectísima maquinaria donde la nanotecnología llegará a explicar cómo es qué puede suceder este momento y por qué en cada persona es diferente, por ejemplo, se podrá saber lo qué hace posible que alguien con lo que llamamos literatura superficial llegue al máximo de ese sentir orgásmico, mientras que otros necesitan de profundas y difíciles estructuras literarias mediante las cuales solamente pueden llegar a alcanzar esa cima total de su intelecto, plenitud donde se suman todos sus átomos e iones y todas las redes neuronales en conjunción con las de su sistema nervioso y entonces sucede ese máximo sentir, plenitud de lo que el Universo en el origen del Hombre inyectó en su totalidad psíquica y corporal. No confundamos lo que se acaba de decir con el orgasmo sexual, suma de plenitudes también, pero con una finalidad cargada de otra intención además de la reproductiva, la placentera o viceversa; todo logrado desde un palpitante corazón cuyo tic-tac. ¿Será una reminiscencia de aquel big bang que dio origen a todo?
?Golpe a golpe / verso a verso? más que decirnos nos cantaba don Antonio Machado, haciéndonos saber que la palabra con o sin intención poética estará siempre con nosotros. Por qué grandes poemas que forman parte del acervo cultural mundial no justamente surgieron cual rosadas o frágiles palabras sino todo lo contrario: palabras duras, viriles, impregnadas de gránulos de tierra como todo lo que de ella brota llenas de fecundidad y si se llega a cumplir que esa fecundidad es virgen al sentir humano, se convierten en novedad estética, en formadoras de nuevas escuelas y tendencias literarias; de ahí proviene la virilidad de nuestra lengua castellana, viril y sensual, según mi decir propio y sé también de personas que hablan otras lenguas y cuando aprenden el castellano así les resulta. Recordemos ese mar de las palabras sensuales que responde al nombre de Pedro Páramo o la virilidad transida de dolor de la poesía de José Martí sobre todo la escrita en Nueva York. Estas son las palabras que acompañan al Hombre, después de la carne, lo otro de lo que estamos constituidos los seres humanos es de palabras: alegres, esperanzadoras, sufrientes, mortales, que ayudan a este permanezca en el planeta como es el ejemplo que a continuación ofrezco debido a mi autoría:
El hombre está solo.
El hombre como una araña
sube por paredes invisibles
inexistentes
inventadas por el hombre
que está solo y sube
como una araña
vislumbra el mundo real
desde las paredes virtuales
que se inventa.
Eso le ayudará a vivir.
Eso le ha ayudado a vivir.
Por lo que permanece.
¡Admirémoslo y admirémonos
pues ha logrado
y hemos logrado sobrevivir!
Versos actuales para reflejar este principio de siglo XXI. Y no son menos las palabras que forman este siguiente soneto, debido a todo un maestro de nuestra lengua castellana, conocidísimo por su aporte a la enseñanza de la Literatura Española e Hispanoamericana, profesor por muchos años en la Universidad de Oriente, quien dio a conocer a los lobeznos de aquella época los rudimentos necesarios para poder localizar dónde se encontraban las mejores obras literarias y el enfoque preciso para su estudio, llevándonos hacia un mayor desarrollo cultural e intelectual. Estas palabras quieren significar su valía ante nosotros, hijos y admiradores de esta Lengua, y hacer constar ante posibles olvidos, un recordatorio para que él sepa no le olvidamos, aquellos que abrimos nuestros ojos y sensibilidad convirtiéndonos con el pasar del tiempo y la vida, en amantes de nuestra hermosa lengua castellana. Sirva este pequeño homenaje a ese gran hispanista llamado Juan Chabás:
Pido a la luz más vida, mientras ríos
de oscura angustia, aviso de tu muerte,
cauces de horror para los ojos míos
cavan al alba, ¡Oh, sí, vivir por verte,
toro de fuego y alma! Entre los fríos
aceros que te hieren, más fuerte,
tu sangre haciendo luz, fulgor de bríos,
incendia el pecho al que te piense inerte.
Oigo bramar tus iras por las tierras
de robles y nogales y encinares,
donde los hombres son arcilla y roca.
¡Oh toro de reyertas y de guerras!
Toro de gloria y cumbres entre mares:
¡oír tu sangre hirviéndome en la boca!
O este poema, ejemplo de la literatura que se escribe en Cuba actualmente debido al autor matancero Luis Lexandel Pita:
Eliseo Diego escribió una vez
el retrato del mundo.
Allí estaba todo:
el silencio de los árboles,
los animales inmensos que se paseaban
entre las húmedas sombras,
toda la ingenuidad,
el vasto espacio
y el adiós.
También el tiempo de la luz
sobre las aguas grises,
la rápida fuga del planeta
y la muerte de cada hombre.
Para lograr este poema, Eliseo Diego
no tuvo si no que escribir:
Hacia la constelación de Hércules.
Palabras que forman versos para decir lo que el hombre va reflexionando mientras dura su permanencia en este planeta, en esta galaxia, en este Universo.
La poesía, que equilibrada por el intelecto se utiliza y utilizará aún cuando el Hombre tuviese que emigrar de su planeta natal, poesía cósmica llevará en sus naves cuando en el infinito espacio vuelva a sentir su pobre y solo corazón, hasta llegar a poblar un próximo planeta. Ese Hombre es también este, que sentado frente a una máquina que escribe, intenta poblar de palabras su pobre, solo, destartalado corazón, como aquel PRIMERO que llenó su interior de tanta belleza que todavía sigue destilando por mis neuronas? por mis neuronas.
Notas:
1.-Alejo Carpentier. Los Pasos Perdidos. Editorial Letras Cubanas. Ciudad de La Habana, 1985. p. 261.
Publicado: sábado 17 de agosto del 2019.
Última modificación: domingo 18 de agosto del 2019.



