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Reflejos.

Autor(es):
Reinier Rodríguez Guevara.
Sobre la obra de Andrés Conde Vázquez.

Dicen quienes lo conocieron que a menudo desandaba por las callejuelas empolvadas de su pueblo, sumido en la ovación de imaginaciones y fantasías que esconda algún fragmento de poema, donde encuentra el equilibrio y la fugacidad del poder. Cuentan que hizo suyo un parque al que nadie visitaba, un parque sin dimensiones, infinito, absoluto, donde se entra despojado de brevedad para encontrar la transparencia.

Alguien dijo que la poesía y la mística -en nuestros mejores poetas- cada vez se asimilan más, al punto de que hoy el poético "deja de ser un quehacer inocente, un canto o un espejo, para tocar el desconocido religioso", quizá por eso nunca soportó su pueblo y deambuló en las noches, amarrando musas o tarareando alguna canción para espantar la incertidumbre. Dicen que su andar quijótico convirtió cada segundo de su vida en un murmullo melodioso de quietud.
 
Un día se vio atrapado en su espejo, víctima de una mirada filosa que advertía desprecio, la mirada del espejo intelectual y psicológico y desde su pupila lasciva y suntuosa sentenció: "En el aire debe estar la transparencia", convirtiendo su álter ego en tinta de imprenta y papel de bagazo.
 
Nace a partir de allí otro concepto: La poesía/ es un ESPEJO/ que se hizo añicos/ dentro de otro ESPEJO; por supuesto que no es una oda al dispositivo óptico que forma imágenes mediante la reflexión de los rayos de luz, sino el purificador de universos, la representación extrema y externa de nosotros mismos que provoca la cercanía y echa a volar un enigma: ¿Qué nos hace ser un espejo perfecto?
 
Silvio propone una atenuante a esta responsabilidad: hoy quiero hablar de poetas/ de poetas muertos y poetas vivos/ de tantos muchachos hijos de esta fiesta/ y la tortura de ser ellos mismos/ porque hay que decir, que hay quien muere sobre su papel/ que vivirle a la vida su talla tiene que doler/ nuestra vida es tan alta, tan alta, que para tocarla casi hasta hay que morir/ para luego vivir. Solo nos muestra una parte del pedazo de cruz que debemos cargar, lo que somos porque sí, porque no hay nadie mejor en quien reflejarse, ese yo que trasmite la onda vital y/o fatal, la que encierra la satisfacción y encierra atributos como: dar - tomar, humildad - orgullo, diligencia - complacencia, sensibilidad - rudeza, perdón - rencor, esa que nos hace únicos e irrepetibles, pero Silvio también nació con los espejos. 
 
Propongo un flash back desde ópticas diferentes, dos puntos de vista que intentan facilitar la comprensión de este tentador argumento: ¿Soy mi espejo perfecto?
 
El conjunto de mitos y creencias de los aztecas con su carácter politeísta incluye dentro de su panteón jerárquico de deidades más importantes a Tezcatlipoca (espejo que humea): Dios del cielo oscuro, la Luna y las estrellas, representaba el principio de dualidad y portaba un gran espejo en el que se reflejaban los hechos de la humanidad. Era una Divinidad aérea, representaba el aliento vital y la tempestad, llegando a asociarse posteriormente con el futuro individual; aquí el espejo juega un papel predeterminista y hasta pusilánime en algunos casos, en él se refleja un "yo" tal y como se es en realidad, con miedos, ansiedades y deseos pecaminosos. El poeta lo concibe como un refugio inocente y convierte el misterio en poesía: "... yo también te he cantado/ he mirado la soledad/ me he visto demasiado bien/ en mi espejo perfecto/". Verse demasiado bien incluye esa atmósfera sentimental que nos acompaña en cada segundo de nuestra existencia, esa onda positiva (o negativa) que surge al sentir que ese de allí, el del cristal, es bastante semejante a lo que siempre he querido ser y espera algún gesto para devolvérmelo con esa maestría y perfección, su intención es hacerse valer, decir, aquí estoy, soy calco y copia de esa quietud con que asumes que existo. 
 
El poeta inglés John Milton (1608-1674) reelabora los mitos bíblicos del paraíso y la creación del universo, recurriendo en varias ocasiones a la imagen del espejo, otorgándole un valor concreto y tremendo, me refugio en un fragmento del poema "Paraíso Perdido", versos del discurso de Eva a Adán en el que nos muestra la singular respuesta del reflejo, lo que Andrés expondría en tres versos: ?me he mirado levitar ondular/ como un espejo que no es espejo/ y a su vez es terrible/. A esta manera de encontrarnos con nosotros mismos en el espacio lo define el poeta inglés cono descubrir el mundo significa también verse y reconocerse.
 
"...inclíneme a mirar, y una figura/ he aquí se muestra frente a mí de pronto/ dentro el fulgor del agua e inclinada/ para mirarme a mí: volvíme atónita:/ atónita volviese; pero luego/ tornar me plugo, a ella tornar le plugo/ con mirar de entendida simpatía/ y amor."
 
Cada una de las imágenes que se representan en este fragmento del poema insisten en la manifestación de empatía para con nosotros mismos, que trae consigo encontrarnos frente a frente, es como una zarzuela: cantamos, bailamos y actuamos con la sinfonía del cuerpo. 
 
Otro punto de vista es el espejo como instrumento abstracto o identificador de movimientos y corrientes, aquí adquiere un valor más develador y así lo demuestra la apasionante huella del acervo cultural, situémonos en dos importantes momentos del desarrollo del arte literario.
 
El siglo XVII es el siglo de oro del teatro en España, las circunstancias sociales y políticas determinan una situación excepcional: la representación pública se convierte en el eje de la moral y la estética. Dos autores de la época nos sirven para ilustrar el sentido y la evolución del arte teatral, Cervantes y Lope de Vega, no hacer de los personajes simples estereotipos es la intención del teatro en esta época, un teatro que quiere ser espejo de la vida humana; Cervantes no tuvo al principio reconocimiento como teatrista, pero el nacimiento de Don Quijote de la Mancha, un personaje situado en el plano de la epopeya homérica, el drama shakesperiano y la versión folklórica goethiana por ubicarlo con precisión satisfactoria y comprensible, resume sectores de la vida cultural y el término espejo cambia completamente su significado. En los últimos versos del poema se describe la negatividad del reflejo.
 
"...lanzarán la mordida/ la única verídica/ la que no quiero mirar/ para no verte idéntico/ para que mis ojos no sufran/ tu agonía tu maldición.../
 
La verdad siempre se convierte en algo que nos hace cómplice de situaciones difíciles, ¿Cómo inducir una polémica hacia un viraje radical de la concepción de los problemas sociales? Ese es precisamente la otra acepción que tiene en el diccionario del poeta la palabra espejo, las situaciones coyunturales han sido el plato favorito de cientos de generaciones de literatos con no muy pocos argumentos han presentado una caricatura solapada de los conflictos y prejuicios que han perfilado la existencia humana, sometiéndolo en cada momento a su propia cruz y lo hace confesar su verdad. El poeta sentencia: "... mar tú también te burlas/ de mi pequeñez de mi insignificancia/ de mi único dedo/ perfecta pequeñez del hombre.../"
 
El siglo XIX marcó el desarrollo de la novela moderna ofreciendo un panorama más variado, tomamos igualmente dos de los más grandes autores de la época: Stendhal y Balzac, ambos independientemente de sus cataclismos y enfoques, desarrollan una similitud estoica: sus ciclos novelísticos se convierten en espejo de interpretación de la realidad social. Stendhal se perfila como el gran psicólogo del amor, sacando a la palestra literaria un nuevo héroe: el inadaptado social, como hace el caso de Julián Sorel en su obra El Rojo y el Negro. Balzac por su parte, se convierte en el principal historiador de la Francia de su tiempo; enfoca y aplica una obra que resumirá toda su producción novelística con una estructura y sentido histórico - filosófico: La Comedia humana, un punto de referencia y enlace a la Divina Comedia de Dante, esta vez, propuesto el teatro del mundo en tres tiempos, paralelamente, no desde el punto epocal, sino desde el punto conceptual el poeta de Espejo Perfecto hace gala de sus argumento y mantiene una herramienta funcional que acredita su genialidad categórica.
 
En el primer momento de la Comedia humana: "Estudio de costumbres", marca la individualidad, la vida parisina en el ámbito político, social y militar, el poeta por su parte declara: "...esta es tu ventana/ perdón ningún poeta tiene ventanas/ y todas son suyas.../ casi por accidente coinciden sus puntos de vista en la concepción de un proceso psicológico no estereotipado como es el andar de los poetas y la vida parisina de aquel tiempo.
 
La segunda parte está dedicado a las causas o "Estudios filosóficos" que complementan a modo de esquema los "Estudios analíticos" que es su tercer tiempo; el poeta advierte: "...ningún lugar es tu lugar/ y el que sientes tuyo/ lo será.../; tres versos son suficientes para interiorizar la verosimilitud de esta percepción, procurando claramente reflejarse en un montón de causas, que hacen mito, que hacen realidad, que ofrecen motivos; incluso más adelante continúa: ...y más que mío/ y más que de cualquiera/ defiendes tu derecho/ a que la huella no se perpetúe/ y quede.../; entonces aquí espejo no es sinónimo de imagen (físico o psicológico) reflejadas, sino arquetipos que funcionan como representaciones de un panorama identificado con la búsqueda de lo esencial, lo primario, lo enigmático, para pedir como el poeta: la transparencia Dios la Transparencia.


Publicado: miércoles 21 de agosto del 2019.
Última modificación: miércoles 21 de agosto del 2019.