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2015. Discurso y práctica política en Cuba. Una rápida mirada desde la maldición municipal.

Autor(es):
Delio G. Orozco González.
Artículo donde se analizan aspectos vinculados al desarrollo local, las desigualdades territoriales y los nocivos efectos que esta ejerce sobre los municipios.

«Quien ve a su pueblo en desorden y agonía,
sin puerta visible para el bienestar y el honor,
o le busca puerta,
o no es hombre honrado
».

José Martí.

 

Asumiendo al Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (DRAE) como la fuente más confiable para entender desde la etimología y el consenso aceptado el significado de las palabras, tendríamos que concordar entonces en que descentralización significa: «1. f. Acción y efecto de descentralizar. 2. f. Sistema político que propende a descentralizar»; mientras que por descentralizar la misma fuente señala «1. tr. Transferir a diversas corporaciones u oficios parte de la autoridad que antes ejercía el gobierno supremo del Estado».

La División Política Administrativa de 1976, acontecimiento descentralizador, resultó -lo creo sinceramente y he dicho en más de una oportunidad y lugar-, un acierto en su momento, especialmente para el sinnúmero de pueblos y ciudades que languidecían en una estructura nacida en el siglo XIX que, por su esquema y condicionamientos socio-productivos intrínsecos, no potenciaba el crecimiento y desarrollo de la mayoría de los asentamientos humanos de Cuba; aunque, el caso de Manzanillo resultó excepción porque la ciudad, una de las más aventajadas de la geografía insular, resultó perjudicada al enajenársele la regencia política y administrativa de sus recursos y destinos; en tanto, la praxis política de la construcción social cubana en Revolución hizo determinante la política sobre la economía. El hecho de fundir dos entidades, tan cercanas y tan dispares como las del Guacanayabo y la del Cauto, devino desacierto; no hay verdad más socorrida que un día tras otro y los hechos, los obstinados hechos lo rubrican: el retroceso económico, la depauperación arquitectónica, la emigración, la abulia social, la ralentización del crecimiento demográfico, la ruralización citadina y la quiebra del espíritu público, constituyen confirmación inequívoca de los efectos nocivos de privilegiar una ciudad en beneficio de otra porque no puede ser dispensable -como decía Martí-, el negarse a levantar una de las partes o en jerga moderna, tratar una de ellas como daño colateral. La idea de una provincia con dos capitales en las condiciones de Cuba revolucionaria fue y es una quimera.

Y no es que quienes conduzcan los destinos del territorio desde la cabecera provincial sean protervos por naturaleza, es que se piensa como se vive y «escasos, como los montes, son los hombres que saben mirar desde ellos, y sienten con entrañas de nación o de humanidad»; además, ¿qué otra cosa se ha de hacer con el poder cuando se tiene si no es ejercitarlo? Que Manzanillo tuviera al momento de crearse la nueva provincia a Celia Sánchez Manduley como Diputada a la Asamblea Nacional del Poder Popular, resultó providencial y ello porque su autoridad moral y aporte a la Revolución -todo desde Manzanillo-, volvió legítimo cuanto solicitó e hizo en la urbe; además, el primer discurso de Fidel Castro a los manzanilleros después del triunfo revolucionario pendía como espada de Damocles sobre los regentes nacionales porque aquella madrugada del 4 de febrero de 1959 dijo el hermano de Raúl Castro: ?[...] con la Revolución, Cuba entera debe estar agradecida de Manzanillo porque de Manzanillo salieron los primeros dineros para la Revolución, los primeros víveres, las primeras hamacas, los primeros zapatos, las primeras frazadas, las primeras medicinas y los primeros voluntarios [...]?

Empero, fijar la suerte y destino de un pueblo a la vida de un hombre o mujer resulta fatalidad. Ya lo decía Ignacio Agramonte en lapidario discurso ofrecido en la Universidad de La Habana durante su tiempo de estudiante: ?Por fuerte que sea un gobierno centralizado, no ofrece seguridad de duración, porque toda su vida está concentrada en el corazón y un golpe dirigido a él, lo echa por tierra? y asimismo sucedió con Manzanillo, el cáncer abatió la madrina de la ciudad. El resto lo hizo el Período Especial, la crisis económica, los yerros internos y el bloqueo. «Pero compadre -me dice con lógica imbatible un amigo-, todas las ciudades y pueblos de la isla tienen, han pasado y pasan por idéntica coyuntura y no están en el deplorable estado de nuestro Manzanillo» y me obliga entonces a buscar la singularidad y todos los caminos llevan a la maldición municipal, condición adquirida después de 1976 cuando se crea la actual provincia Granma. La solución no era crear una provincia, era preciso hacer dos; empero, de nada vale llorar sobre la leche derramada o tratar de vestir un santo desvistiendo otro: la solución, clara y sin retruécanos consiste en multiplicarla en dos. Los bautizos de ambas entidades geopolíticas resultan asunto secundario; sin embargo, la creación es cuestión de urgencia inmediata y cualquier otra solución devendrá cura ineficaz.

Para la mayor de la Antillas, estos tiempos, de «reenquiciamiento y remolde», resultan portadores y en más de un sentido, de notable incongruencia o como afirmó con lucidez y concreción intelectual Joel James: vienen ataviados de fuerte «contra sí»; pues, no de otra manera puede entenderse la disociación entre discurso y práctica política que en algunos tópicos o cuestiones sociales se perciben por doquier y afectan especialmente a la mayoría de los cubanos; o sea, los residentes en esas unidades geo-administrativas que Martí calificó un día como el mejor legado del Derecho Romano: el municipio, sal de la democracia. Entremos, sin más dilación, en la verdad de la única manera posible, con la camisa al codo, como entra en la res el carnicero.

Si los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, aprobados en abril de 2011 se han convertido en documento estratégico del país y herramienta que, cual brújula conduce los cambios que necesita la nación, no debe existir entonces ley, estatuto, reglamento o funcionario que los contravenga; incluso, algunos de los cambios que estos proponen obligan a modificar sin más dilación la Ley de Leyes puesto que nada ni nadie puede estar por encima de la Carta Magna. Dichos Lineamientos... se acercaron por vez primera y de manera enfática en 35 años a la necesaria descentralización que demanda la vida en los municipios: diversa, poliforme, distinta y variopinta; sin embargo, cuatro años después de su adopción la tendencia ha navegado a contracorriente; o sea, hemos percibido una mayor centralización desde las capitales provinciales, en tanto, el uso dado al concepto de «reordenamiento de la economía» ha hecho estallar el sentido clásico de la palabra: "ordenar de nuevo", para darle otra connotación: "reducir", "quitar", "menguar" y "concentrar funciones y recursos" con las consabidas consecuencias negativas para los que, desde los municipios, padecen la verticalidad de la decisiones, las piruetas de la burocracia y el desequilibrio territorial del desarrollo, conceptos estos traducidos en menos recursos humanos y materiales, más viajes, más gastos, más dilaciones, menos facultades y por ende mayor complicación de la vida diaria. Es como si no fueran suficientes los problemas emanados de nuestros desatinos y el Leviatán del bloqueo para ofrecerles a los cubanos una dosis diaria y gratuita de cicuta.

Por ejemplo, la Red de Archivos en Granma está compuesta de cuatro repositorios: el provincial ubicado en Bayamo y los municipales de Jiguaní, Manzanillo y Niquero. Hasta el 2013 estos tuvieron aparato económico propio y funcionaba; pero, al carecer de NIT y REEUP empleaban el de la Delegación del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA) en la provincia; entonces, en vez de dotarlos de personalidad jurídica para resolver tal incongruencia, fueron absorbidos por la Unidad Presupuestada en la capital provincial y ahí comenzaron las dificultades. Véase solo un botón de muestra: las personas que estaban nombradas en los municipios para firmar contratos perdieron tal capacidad, ahora solo puede hacerlo un Administrador que está a 45, 62 y 130 kilómetros de los tres archivos, si en algunos de los municipios mencionados se llegase a comprar algún recurso, es preciso llevarlo hasta Bayamo para darle entrada en almacén y luego devolverlo al lugar en que fue adquirido, mientras el pago a los trabajadores que antes se hacía por transferencia bancaria, ahora se hace usando un transporte que va archivo por archivo.

Pero no son solo las capitales provinciales la fuente de toda legislación concentradora, a veces resultan mero instrumento de indicaciones superiores. Después del Congreso de la UNEAC, breve, muy breve, acaso por ello no dio tiempo a casi nada, se realizó por zonas geográficas la discusión de los Estatutos y Reglamentos. En el encuentro celebrado en Holguín, cita a la que asistieron los delegados de dicha provincia, Granma y Tunas que habían participado en el congreso, la delegación de Manzanillo llevó el planteamiento de otorgar al Comité Municipal de su ciudad y teniendo en cuenta historia, características y cantidad de miembros, personalidad jurídica propia para hacer más expedito, eficaz y menos engorroso su trabajo; incluso, poco después, hicieron llegar a la Presidencia Nacional y a la Comisión encargada de confeccionar y redactar dichos estatutos y reglamentos una fundamentada petición donde se recogían con absoluta claridad los motivos de tal pretensión:

1.-El Comité Municipal de Manzanillo fue el primero creado en el país y cuenta con experiencia en la gestión contractual y económica.
2.-Militan en sus filas 40 miembros en todas las secciones, los cuales residen en los municipios de Manzanillo, Media Luna y Niquero, con perspectivas reales de crecimiento.
3.-Contamos con una sede que posee la infraestructura necesaria para el desempeño de sus funciones: almacén, cocina, pantry, patio amplísimo, dos habitaciones, galería de arte, sala de vídeo, sala de navegación y áreas de oficina. Un auto ligero forma parte también de la logística con que cuenta la sede.
4.-Posee el Comité Municipal de Manzanillo personal apropiado para el desempeño de las labores económicas y cuenta bancaria en la sucursal local del BANDEC.

Si lo supradicho deviene fortaleza y da un espaldarazo a nuestra petición, las razones listadas de inmediato devienen inconvenientes que, con el otorgamiento de la Personalidad Jurídica, podrían ser abolidas:

1.-Entre ambos comités median 62 km que es necesario vencer con cierta frecuencia para resolver trámites que podrían evacuarse satisfactoriamente en Manzanillo sin incurrir en gastos.
2.-El Comité Provincial de la UNEAC no tiene un jurídico en plantilla; sino, contratado que no labora todos los días y a la anterior distancia de 62 Km.
3.-Los naturales e inevitables errores humanos que se producen a la hora de conformar y/o firmar contratos, retrasan a veces -y hasta por meses-, la documentación necesaria para el normal desempeño de las actividades en la Sede Municipal de Manzanillo.
4.-Alguna que otra gestión que podrían hacer los miembros de la organización que residen en los municipios de Media Luna y Niquero en la vecina Manzanillo, se ven obligados a realizarlos en el Comité Provincial distante de ellos casi 150 kilómetros; de modo que gastos, molestias y recursos podrían ahorrarse al poder verificarlos en el Comité Municipal de Manzanillo.

Y como si lo consuetudinario y funcional junto al sentido común fueran ofensa, la decisión resultó no solo negar lo solicitado; sino, decapitar la estructura al eliminarle la cuenta bancaria asentada escasamente a cinco cuadras, dejar sin empleo a los encargados de la tarea y sumir al Comité Municipal en un pantano de brea al poner en manos del aparato provincial la poca independencia que le quedaba, decretando así, de golpe y porrazo, la entronización de la abulia en unos y el desgano y la renuncia en otros, porque es preciso haber estado en el vórtice de la tormenta para entender cuanto se padece en la lucha contra los demonios del poder, los excesos de la autoridad y la facilidad con la cual, aquellos que tienen potestad, parten y reparten y luego se quedan con la mayor y mejor parte. "Es bueno ordenar, pero no que el orden llegue a ahogar", decía Martí y decisiones como estas no ordenan, ahogan; por tanto, no es coherente ni honrado después buscar respuestas afuera cuando la génesis del daño está dentro.

Pero este panorama es causa a medias o cuasi causa, porque el centro de energía radica, como dijera Engels ante la tumba de Marx, en la economía y en este caso específico en la forma en que se administra por las entidades provinciales la economía de los municipios. Los dineros de una demarcación municipal son manejados por entidades provinciales, las cuales, poco a poco los van colocando en partidas; pero, como si vivieran en otro planeta, los retiran al terminar el trimestre si no se ejecutan, desconociendo o no queriendo conocer que los recursos no están al doblar de la esquina y en este caso, para los enajenadores, el bloqueo parece no existir. Luego, casi a fin de año, se aparecen con poses mesiánicas, criticando la no ejecución del presupuesto y repartiendo -cual panes y peces cuando no queda tiempo disponible-, los mismos dineros que quitaron en las partidas trimestrales. A esta actitud incoherente contestaba un estadístico: «No me des planes o cifras directivas, dame recursos materiales y financieros»; quizás por ello un funcionario gubernamental pudo afirmar que en 2013 la provincia Granma exhibió un superávit de 14.000.000 de pesos; no obstante, duele y mucho un excedente de tal magnitud en una economía planificada y destinada al servicio humano cuando el territorio está clasificado entre los más pobres de país y las necesidades y carencias de todo tipo están a ojos vista.

La ley cubana no discrimina entre municipios, pero la práctica diaria -argumento irrecusable- sí; por cuanto en los municipios rectores de provincia se ejecuta el 50% o más del presupuesto provincial, pues en ese lugar radican las dependencias e instalaciones que regentean el territorio, resultando que una misma entidad administrativa se beneficia por partida doble y como si la desigualdad no fuera suficiente, la centralización de empresas e instituciones en su área geográfica producto del despojo a los municipios, ha dejado a estos últimos solo en posesión de establecimientos o talleres donde se producen y circulan mercancías y servicios que generan gastos, atenciones y agresiones a los recursos naturales y medioambientales, sin poder hacer los aportes fiscales al área de su emplazamiento en tanto los ejecutan en las ?casas matrices?, muchas de ellas en las cabeceras provinciales. La batalla que a brazo partido sostienen los municipios para tratar de satisfacer las necesidades crecientes de educación, salud, suministro de agua potable, alcantarillado, cultura, servicios comunales y restauración de su patrimonio los hace parecer «pedigüeños», «parásitos» o «insolventes» porque los recursos que debían estar en su territorio ya no están y las finanzas que por ley habrían de ir a sus arcas, son manejadas y repartidas por estructuras ajenas a ellos.

Como dice un economista amigo: "Si los preuniversitarios vuelven a sus ciudades ¿por qué lo municipal no vuelve al municipio?". Y el clamor de la pregunta precitada es no solo justo, resulta cuestión de sentido común, lamentablemente, el sentido que más comúnmente falta a los hombres. En Manzanillo se construyó, a escasamente una cuadra del parque central y para evitar que sus corredores fueran convertidos en urinarios, un baño público. Contiguo a los baños un solar yermo afea el entorno, entonces apareció una idea: «Hagamos un lugar para vender cerveza dispensada, donde los escanciadores, sentados y en jarras, puedan disfrutar normalmente de la refrescante bebida y como esta es un diurético excelente, entonces, con el baño a unos pasos, irán a este y el negocio nos sale redondo; pues además de pagar por tomar y desechar la cerveza, adecuamos y eliminamos con pocos recursos la fealdad que arruga el espíritu» La respuesta, no por común fue insólita: «No hay dinero para eso»; empero, para generar un «superávit» incalificable los recursos sobran. La celebérrima frase de "Dad el César lo que es del César y a Dios lo que es Dios" no puede tener en este caso mejor aplicación; solo el municipio y quienes en él habitan saben lo que les conviene y si no estaba planificado, los directivos municipales sabrán adecuar sus finanzas para resolver las urgencias que la vida, a cada paso, les lanza al rostro, porque como dijera el poeta: "La teoría es gris, solo es verde y dorado el árbol de la vida".

Uno de los mayores problemas de la democracia cubana reside en la imposibilidad práctica de que sus legisladores, agrupados en las Asambleas Municipales, Provinciales y Nacionales, puedan ejercer el papel de Máximo Órgano de Poder que les otorga la Constitución; por ello, dar al municipio las facultades necesarias para decidir soberanamente sobre sus recursos y en consecuencia obrar a partir del conocimiento inmediato que les viene de sus urgencias, prioridades y necesidades, hará que por lo menos las Asambleas Municipales resulten verdadero espacio de debate y participación ciudadana, donde los representantes del soberano esgriman de manera directa el poder que sus electores le dieron mediante la discusión, la defensa y el argumento razonado de dónde, cuándo y en qué cuantía invertir su presupuesto. Que la democracia participativa esté consignada como principio y refrendada en las leyes cubanas no garantiza su ejercicio efectivo, hace falta concreción en la base porque si aquí no funciona, lo demás es entelequia y retórica argumentativa.

Manzanillo de Cuba, miércoles 4 de noviembre de 2015.



Publicado: viernes 13 de abril del 2018.
Última modificación: jueves 30 de mayo del 2019.