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2010. Crónica de la resistencia y los intentos de la resta. Testimonio documentado.

Autor(es):
Delio G. Orozco González.
Luces y sombras en veinte años de servicio ciudadano.

"Pero antes de lo que conviene hacer,
está siempre lo que se debe hace
r". José Martí

 

Advertencia: si Ud. es un extremista, de izquierda o de derecha; del Norte o del Sur, de lo blanco o de lo negro; de los hombres o de las mujeres; de los ateos o de los creyentes; de los heterosexuales o de los homosexuales; o fanático defensor de cualquier otra condición ubicada en los extremos; por favor, no lea estas líneas, evite sentirse aludido, ofendido y hasta lastimado, no está escrito para personas que viven y actúan desde las antípodas, porque la vida sobre la tierra es posible sólo desde una postura inclusiva, respetuosa, tolerante y consecuente con la totalidad absoluta de la condición humana, espacio donde caben todos los hombres y mujeres, no importa el color de su piel, la lengua que hablan, la orientación sexual o el credo que profesan. Sólo un tipo de fundamentalista se sentirá cómodo leyendo estas páginas y es aquel o aquella que de forma pro-activa, constante, creadora y militante, trabaje en el partido de los que aman y fundan; porque de sus contrarios -los que odian y deshacen, y comparsa-, estamos hasta los cojones. Fin de la advertencia.

A pesar de la fragilidad de la memoria, hay cosas que se troquelan en ella de tal forma que resulta imposible olvidarlas; por eso, y a pesar de que los detalles escapan a precisión milimétrica, lo esencial -a fin de cuentas lo definitorio-, permanece como impronta inalterable, del mismo modo que las eras geológicas se graban en las rocas o los meteoritos rubrican su impacto en la superficie lunar.

El 26 de junio del año 1989 presenté, en un aula de la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de Oriente, mi trabajo de diploma titulado: "El Movimiento 26 de Julio en Manzanillo. 1955-1958"; mis padres me acompañaban. Con el oponente había discutido anteriormente un tópico que más tarde resultó tema de polémica e intento de ajuste de cuentas: ¿quién, como fuerza rectora organizada, había conducido la Revolución? La respuesta para mi era y es la misma, el Movimiento 26 de Julio, organizado y guiado -como decía mi padre-, por Fidel Castro con el apoyo y la simpatía mayoritaria del pueblo de Cuba; otra visión, resultado de la influencia historiográfica y política soviética, hablaba del "papel conductor del Partido Socialista Popular (PSP) y la clase obrera", aseveración ésta, cargada de justificantes políticos y huérfana de fundamentos históricos; sin embargo, el oponente, profesor del Instituto Superior Pedagógico Frank País, no hizo una sola de las preguntas acordadas previamente, después supe había buscado criterios sobre mi condición de estudiante entre los profesores, especialmente María Nelsa Trincado, y esta lo había disuadido de su empeño con una de frase de profundas connotaciones polisémicas: "[?] déjalo, está loco".

El ejercicio académico transcurrió normalmente, empero, el tutor pidió al tribunal la puntuación de 4 puntos en tanto la tesis le parecía (y en realidad estaba), escrita en un tono muy coloquial; la presidenta del tribunal, Georgina, Doctora en Pedagogía de las graduadas en años de la República, se opuso a la petición "fiscal", perdón tutoral, porque esa impericia en la redacción demostraba independencia creativa, era -para ella-, prueba irrecusable de que nadie me había "hecho" o "redactado" aquel texto, sabía (más por vieja que por otra cosa) que la poesía se improvisa, la prosa no, la prosa viene con los años y nosotros, éramos tan jóvenes entonces, no teníamos la experiencia suficiente para un ejercicio escritural de madurez. Finalmente su criterio se aceptó por unanimidad, incluso, con más gusto por el oponente que por el tutor y la máxima calificación de 5 puntos fue el premio a meses de trabajo y la culminación de la carrera de Licenciatura en Historia; poco después, en la ceremonia de graduación, me entregaron el título, hecho a mano y con un sello de oro simbólico en la parte superior derecha como recompensa a un índice académico que escaló la cota de 4,95 puntos, de 5 posibles en aquel entonces; fui el mejor alumno de mi año, no de la Facultad, ese lauro correspondió, con toda justicia, a un angolano de ébano, estudiante de Filosofía, de pequeña estatura, activo y con una sonrisa siempre blanca en los labios: Bathista.

Con el título en las manos, documento que nunca colgué en la pared, y una alforja repleta de sueños regresé a Manzanillo; primero debí hacer el cambio de boleta pues la ubicación me había destinado, increíblemente, para dar clases en una secundaria de Jiguaní. Después de un viaje a Bayamo -eso era en aquellos tiempos, hoy es preciso dar varios-, y las gestiones pertinentes, el 1ro. de septiembre de ese año ingresé en el Museo y Monumento Nacional La Demajagua a cumplir el Servicio Social tal como establecía la legislación. César Martín, el director del lugar, me recibió con agrado y desde ese momento me convertí en su reserva; pues, el recién llegado era el profesional de más alta calificación que allí laboraba.

Del tiempo trabajado en el «Altar de la Patria», sobrenombre que en un instante de gracia le endilgué al sitio porque creía y creo resulta lugar inmejorable para venerar la idea de la independencia y la libertad, quedaron gratos recuerdos y amistades, y lo más importante, allí dieron inicio, quizás catalizadas por la magia y el recuerdo que copa y protege el lugar, mis preocupaciones ciudadanas. Entusiasmé al director y de conjunto escribimos una carta a Fidel Castro Ruz donde le exponíamos nuestro pesar por el abandono que consumía al lugar más divino de la historia de Cuba, además de hacerle algunas solicitudes de índole material con el objeto de paliar el estado de cosas que denunciábamos, pedíamos también, que del mismo modo que el Consejo de Estado sostenía y apadrinaba la Casa Natal de Celia Sánchez en Media Luna, lo hiciera con aquel fontanar patriótico; a fin de cuentas, allí comenzó la forja armada de la nación cubana y el mismo Fidel había señalado, 21 años atrás, que la Revolución Cubana era una sola, la que había empezado Céspedes en la Demajagua y que el pueblo cubano llevaba adelante, era pues, satisfacer nuestro pedimento, elemental acto de justicia.

La carta rebotó como pelota de pin-pong hacia Manzanillo. Fuimos entonces convocados a un encuentro con el Presidente ad hoc del Poder Popular en esos momentos, quien, incapaz de obrar como gobierno -no sé si por abulia, incapacidad o porque realmente no tenía medios-, nada pudo hacer por ayudar con lo que se le pedía; recuerdo con nitidez el instante en que reconoció no tener autoridad para convocar al Complejo Agro-Industrial (CAI) La Demajagua y orientarle que un tractor con chapeadora fuese mensualmente al Altar de la Patria y dejara a flor de tierra el césped que cubre la mayor parte del sagrado lugar. Por tanto, César y yo, especialmente él, debía seguir pidiendo de favor le regalaran petróleo para que un amigo suyo fuese al lugar y chapeara; por supuesto, siempre había que solicitar más de lo necesario para dejar un remanente y "compensar" al operador del equipo.

Después de ocho meses y diecinueve días de trabajo en el Museo, Parque y Monumento Nacional la Demajagua, lapso suficiente para hacer varias actividades comunitarias -en aquella época había combustible, transporte, algún que otro estímulo material para entregar a los niños?-, y un nuevo guión museográfico (el primero desde 1968), decidí abandonar aquel remanso de paz; en tanto la distancia, la falta de comunicación (no había teléfono), la inestabilidad del transporte, lo alejado del centro cultural citadino y las fuentes históricas, comenzaban a erigirse en pesado fardo que, analizado en perspectiva, obliteraba mis aspiraciones.

El 20 de mayo de 1990 llegué al Archivo Histórico de Manzanillo, ¿qué archivo?, puede ser la interrogante hecha cuando miro al almacén de papeles que, amorosamente (no hay otro epíteto), salvó para la posteridad la benedictina dedicación de César Sáez Codina. El anciano, sin percibir salario alguno, iba de lunes a viernes, de 8 a 11 del día, a abrir las puertas de su Sancta Santorum y, por supuesto, la llegada del joven trastocó la ordenación empírica que había dado a lo atesorado con tanta pasión, textos que iban, desde el Kamasutra hasta cartas originales de patriotas locales; por ello, cuando se reincorporó a su trabajo después de un período de enfermedad, la emprendió contra mí bayoneta en mano, ataque que pude burlar gracias a mi juventud y la intervención del colega Ángel Velázquez, quien, con los ojos desorbitados, le pedía calma a mi atacante. La situación se había tornado complicada y fue necesaria la intervención de Margarita Torroellas, en esa época ideológica del Partido Comunista en la localidad; quien, en diálogo tripartito, convenció a César de que mi presencia allí no significaba la pérdida de sus prerrogativas ni de lo hecho con tanta pasión en pro de la historia y cultura local. Y así fue, me dediqué, con tacto y delicadeza, a cultivar su amistad y demostrarle que mis intenciones no eran suplantar o silenciar su legado; por ello, cuando su jornada finiquitó sobre esta tierra, tuve paz en la conciencia, despedí a un amigo y aún agradezco la consideración de sus familiares.

En septiembre de 1991, de jure, el Archivo Histórico pasa a ser una institución más del sistema de la cultura en la localidad. Hasta ese entonces había trabajado en solitario, ahora me acompañaba Idabelga Pantoja Márquez, mujer emprendedora que, apartándose del Museo Municipal por serle imposible emocional e intelectualmente domeñar a dos trabajadores que constantemente le argumentaban leyes, disposiciones y argucias legales, era nombrada Directora del Archivo. En un primer momento la tentación tocó a mi puerta y más de uno me provocó: ¡no es justo, a ti te toca la dirección del Archivo!, ¡esa mujer no sabe nada de Archivo, ni siquiera es Licenciada!, ¡claro, como es militante del Partido la ponen de directora!, eran apreciaciones acertadas, pero desconocían una parte de la realidad, pues yo no tenía preparación, experiencia ni habilidades para dirigir, especialmente para controlar el trabajo de una institución que poco a poco comenzó a crecer con otros trabajadores; de modo que, en consultas con mi almohada y especialmente con mi madre, llegué al convencimiento de que era ella quien debía tomar las riendas de la institución.

Ahora todo parecía ir sobre ruedas, como especialista principal y reserva de la directora pude dedicarme a establecer las estrategias de procesamiento documental, las líneas de investigación y toda la faena técnica de un Archivo que recién comenzaba a organizarse. De manera simultánea, ingresé en el proyecto de creación de las historias locales y provinciales regenteado por el Instituto de Historia de Cuba; se me nombró Jefe del Equipo encargado de redactar la Síntesis Histórica del municipio Manzanillo y Presidente de la Comisión de Asuntos Históricos del Partido en la localidad, lógico, la pasión por la historia y cultura de este recodo del verde caimán demostrado en algún que otro evento de carácter local y provincial, una incipiente obra historiográfica, junto al hecho de trabajar en un repositorio documental de corte histórico, fueron circunstancias que inclinaron la balanza a mi favor.

Nací en Niquero el único 16 de diciembre del año 1966. Cuando apenas contaba con seis meses de vida mis padres se establecieron de manera permanente en Manzanillo, de modo que, si bien doy gracias por mis orígenes, siéntome manzanillero; por cuanto, un hombre no es de donde nace, sino, de donde se hace, y en Manzanillo he hecho y también me han hecho, bien y? mal. Ese sentimiento de pertenecer se tradujo, desde que tuve uso de conciencia y capacidad de servicio, en poner mente y corazón a todo lo que de un modo u otro afectase a la ciudad y sus nexos: la historia fue la ciencia, la palabra el medio, la entrega apasionada el modo de darme, forma aprendida del Apóstol cuando dijo: "Servir es más hermoso que brillar". A la historia, como disciplina, llegué por placer y convicción, a la de Manzanillo por dos vías: la ignorancia y la economía.

Era una mañana de 1988 y hacíamos práctica de producción en el Archivo Histórico de Manzanillo. En el portal del repositorio se reunía un grupo de hombres de cultura y años de quienes aprendí en demasía y con quienes discutí, también, en más de una ocasión. Wilfredo Naranjo Gauthier, historiador de Manzanillo por obra, no por nombramiento, deseoso de probar nuestra inopia en cuanto a temas de historia local y regional me espetó en pleno rostro una pregunta que me trasvasó de lado a lado y, para salvar la honra, sólo pude hacerle una que sonó a impotencia.

-Me dijo, ¿quién es Modesto Tirado Avilés?
-Le respondí, ¿quién es Amenofis IV?

Tal episodio me convenció de la necesidad de acercarme al decurso histórico del lugar donde vivía; pues, difícil, casi imposible, resulta estructurar un sentimiento de identidad nacional si antes no se ha aprendido a amar el lugar y las gentes de nuestras diarias alegrías y tristezas, victorias y derrotas, en fin, el sitio donde vivimos y morimos, y la racionalización poética de este axioma se ancla en la afirmación de que nadie da lo que no tiene ni ama lo que no conoce. Por otro lado, los años 90 y la pasmosa crisis que los acompañó, cerraron con broche mi pasión por la historia y cultura de Manzanillo; en tanto, ir a buscar información a otros lares se erigía en acto heroico por la falta de transporte, alojamiento y comida, era preferible pues, trabajar con las fuentes que tenía con sólo estirar la mano.

Duros en verdad fueron aquellos 90, sobre todo los cuatro jinetes del Apocalipsis: el 91, el 92, el 93 y el 94; en esa época, la familia cubana de los "Delgados" creció desmesuradamente, la neuropatía se abatió sobre gran parte de nuestros ciudadanos y las carencias de todo tipo nos convirtieron en los inventores más prolíficos del planeta; no obstante, una ganancia neta nos dejó aquel vendaval: Cuba volvió a sus orígenes, empezó a mirarse a sí misma y llegamos a un punto desde el cual, como dijo Kafka con toda sapiencia, ya no hay retroceso posible; además, iniciamos una caminata de democratización social cuya profundización y adecuada expansión resulta clave para el sostenimiento de un proyecto nacional que demanda, cada vez más, inclusión, diálogo y debate, participación y acción ciudadana con todos y para el bien de todos.

A pesar de la bravura circunstancial se pudo viajar y comer algo. Recuerdo haber dormido en una estación de policía de la Habana Vieja, porque el tren Manzanillo-Habana llegó a la "capital de todos los cubanos" con 31 horas de atraso; cuando arribé -de madrugada-, estaba totalmente descolocado y no encontraba el sitio de alojamiento, entonces, evitando un asalto, decidí dormir al amparo de la ley y el orden. Había ido a La Habana a participar en un encuentro de Historiadores de América Latina y el Caribe que auspiciaba el Instituto de Historia de Cuba y allí, por mi acento (imposible haya sido por otra cosa), me preguntó un señor de cierta cultura: ¿Ud. es venezolano?

En el páramo alimentario que fue la isla en aquellos años todo valía. Ante la falta de proteínas se decidió convertir la cáscara de fongo (plátano burro), en picadillo, con la esperanza quizás de atraer la carne, ¿no dicen que "dinero llama dinero"?; las autoridades sanitarias alertaron sobre lo peligroso de tal práctica por la abundante presencia de tanino en la cáscara del "banano"; empero, muchos, por algún tiempo todavía, siguieron deslumbrados por la invención que daba a la escuálida mesa insular un toque de distinción, mientras que las píldoras de Polivit, ofrecidas con el objeto de amortiguar el déficit de vitaminas, sirvieron para colorear el arroz ante la falta de bijol. Inolvidable fue aquella tarde noche cuando retornaba al hogar y frente a la Casa de Cultura, en la calle Masó -antigua Isabel II-, hice un descubrimiento extraordinario; allí, a la vista de todos, en medio de la vía, una yuca de 30 ó 35 cm de largo y unos 5 de diámetro esperaba ser recogida por alguien; sin pensarlo dos veces me abalancé sobre el fruto y con paso ágil desaparecí del lugar evitando alguien fuera a reclamar mi botín. Ese día comimos del pan bendito, mejor de la yuca, seis personas, no hubo el milagro de la multiplicación, pero sí de la solidaridad humana.

En un evento de historiadores locales celebrado en Santiago de Cuba, dedicado a la respuesta dada por el pueblo cubano al golpe de estado del 10 de marzo de 1952, tuve la oportunidad de presentar mi trabajo de diploma. Entre los participantes estaba Walfrido La O Estrada; quien, en 1954, había sustituido en la dirección del Partido Socialista Popular a ese comunista entero que fue Francisco Rosales Benítez (Paquito). En mi exposición hablé de la obra revolucionaria del M-26-7 y por supuesto, nada dije de las "hazañas" que, en más de una sesión de entrevista, me había narrado tiempo atrás. Aquella exposición lo molestó sobremanera, al punto de llamarme mentiroso; le repliqué -con tono enérgico-, que si algún mentiroso había allí no era justamente yo, además, si lo expuesto era incierto, la prevaricación de la verdad correspondía a expedicionarios del Granma, a combatientes de la clandestinidad y del Ejército Rebelde que se habían rifado el pellejo en las calles de la ciudad o en las montañas de la Sierra Maestra para derrocar la tiranía, y cuyos testimonios se complementaban unos con otros sin entrar en contradicción alguna. El moderador (Pérez Concepción), conocedor del tema, llamó a la calma y luego, en un aparte, compartiendo mis argumentos me repetía:

-¡No te dejes provocar!, ¡no te dejes provocar!

Agradecí su consejo y buenas intenciones; pero la manera en que mi airado interlocutor trató de manipular la agraciada de Clío en beneficio personal y como legitimante político, resultó demostración palpable de un vicio que aún lastra determinados cotos de la práctica política insular.

Los palos que recibieron en el puente de Laredo -frontera entre México y los Estados Unidos de Norteamérica-, los integrantes de la Primera Caravana de Pastores por la Paz, contribuyeron a modificar la forma en que el Estado Revolucionario se relacionaba con los creyentes cubanos. La recepción acrítica del marxismo y el postulado leninista que refrendaba la religión como opio de los pueblos dañó -a pesar de esfuerzos aislados por evitarlo-, el modo en que el pueblo cubano (raigalmente creyente) interactuó con la Revolución. La estigmatización de la condición de creyente a inicios de la revolución, en virtud de conflictos con algunos sectores católicos y Testigos de Jehová, tensionó por espacio de 33 años (cifra mesiánica), algo que debió haber fluído -por herencia histórica-, de manera normal entre el pueblo y las estructuras de poder; empero, la historia es como es y no como queremos que sea, además, de nada vale llorar sobre la leche derramada. Sin embargo, a pesar de desencuentros dolorosos, la revolución -que no fue angelical, ninguna lo es-, puede ufanarse de nunca haber fusilado un cura o violar una monja; nunca -por motivos religiosos-, atentó contra la vida de pastores, babalawos, paleros o espiritistas, lo digo por experiencia propia, nací y me he desenvuelto en una cuna donde la doctrina de Allan Kardec es respetada y practicada.

Y fue esa fe, en primer lugar, la que me hizo rechazar, en 1989, la militancia de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), porque ingresar a sus filas significaba negar una historia y educación que forjó gran parte de mi estatura sentidora; por otro lado, aceptarlo implicaba un conflicto moral donde la resultante sería no ser ni buen militante ni buen creyente (tendría que mentir), debate ético que debió asaltar a muchos cuando la solidaria actitud de Pastores por la Paz (las circunstancias de los 90 también favorecieron el cambio), permitieron la modificación de la Ley de Leyes; la cual, a partir de 1992 eliminó la exclusión que pesaba sobre los creyentes para ingresar en la UJC, el Partido Comunista y las fuerzas de seguridad.

Difícil fue el accionar ciudadano de los patriotas creyentes y revolucionarios cubanos; pues, si por un lado sus hermanos de fe los miraban con desconfianza y en ocasiones criticaban, por el otro, las estructuras de poder los mantenían al margen, y no sólo en virtud de prejuicios religiosos; sino, porque educado el creyente en la convicción absoluta de que el mayor don que Dios ofreció al hombre es la libertad, resultaban ser, por esta razón y para muchos detentadores de poder, entes problemáticos, contestatarios e inconvenientes a los cuales era necesario deslegitimar o invisibilizar. Tal afirmación no es alucinación exotérica; la decisión del Primer Secretario del Partido en el municipio -escasamente un año antes de la venida del Papa a Cuba, ya modificada la Constitución de la República y con más de un creyente militando en el Parlamento-, de impedir mi nombramiento como Historiador de la Ciudad, porque según él yo no ocultaba mi creencia en Dios, deviene inapelable validación de la anterior afirmación. Sin embargo, la asunción -primero emocional y luego intelectual-, de que Martí es el hombre que más me ha dado después del Cristo, catalizó y estimuló mi vocación de servicio público, impidiéndome asumir una postura acomodaticia, oportunista o indiferente ante los problemas que agobian el corpus social y debilitan su fe en Cuba. Por ello, cuando los integrantes de la Caravana de Pastores por la Paz realizaban su ayuno en protesta por la actitud arbitraria e injusta de las autoridades norteamericanas de negarle el permiso para venir a la isla con ayuda humanitaria, hice una carta pública de solidaridad que envié a varios órganos de prensa y a todas las iglesias cristianas de Manzanillo; el silencio por respuesta fue lo que obtuve de parte de todos, hecho que confirmó -una vez más-, el dilema que vivimos aquellos que creemos con rudeza en el vínculo inquebrantable entre fe y patria. Tiempo después tuve la oportunidad de atender en una visita al Parque Nacional La Demajagua al Reverendo Raúl Suárez; éste, prometió entregar una computadora al Archivo Histórico de la ciudad de las donadas por Pastores por la Paz, promesa que cumplió como hombre de bien y que, en no poca medida, sirvió para que el repositorio histórico de la ciudad de Manzanillo diera el salto que lo ha ubicado a la vanguardia en el uso de las TICs entre sus homólogos en el país; además, la posesión de ese equipo de cómputo contribuyó también a modificar la forma en que me he relacionado con la ciencia histórica, amén de granjearme la enemistad de la directora del Archivo con quien, hasta ese entonces, me relacionaba de maravillas.

La directora del centro era realmente humanitaria; sin embargo, agobiada por las enfermedades, incapaz de asumir el reto de aprender un mundo inusitado como el de la informática y también predispuesta contra mi persona por la otra militante del PCC en el centro, cambió su postura y, de ferviente admiradora, devino recia adversaria; por ello, al momento del retiro (1997), dejó extensa recomendación al Consejo de Dirección de Cultura para que no se me nombrara regente del centro. No obstante, el órgano colectivo de dirección percibió lo viciado del texto e injusto de la pretensión; pues, si en un lapso de dos años y de manera bastante frecuente -en virtud de sus padecimientos-, asumí la dirección del centro con satisfactorios resultados, no podía ahora -en menos de dos o tres meses-, involucionar de tal forma hasta convertirme en inepto mayúsculo. De esta forma asumí la dirección del Archivo y nuevos retos se plantearon ante mí.

Agradable fue la visita que me hizo en las postrimerías de 1997 o primeros días del año siguiente Monseñor Dionisio García Ibañez (hoy Arzobispo de Santiago de Cuba). Venía el prelado con la noticia de que había sido elegido para representar al mundo de la cultura manzanillera en su encuentro con el Papa Juan Pablo II, en el Aula Magna de la Universidad de La Habana. La conversación fue breve, le brindé a Monseñor un boniatillo que había hecho mi madre y que era, por su factura y sabor, manjar de dioses; acompañaba al religioso el feligrés Alberto Fabra quien señaló: "Aunque no eres católico, creemos puedes representar la cultura local en el encuentro"; Dionisio, por su parte, aclaró que había sido una elección de la iglesia y que me acompañarían otros dos colegas, preguntó si necesitaba una carta o solicitud de permiso para presentar en el trabajo y le respondí de modo enfático: "¡No!, si alguien se opone lo dejo todo; pero estaré en aula magna de la Universidad". Haciendo honor a la verdad, no hubo impedimento alguno.

Al conocerse que era uno de los elegidos a participar en el encuentro que sostendría Juan Pablo II con personalidades del mundo de la cultura, se personaron en mi casa dos miembros de la Seguridad del Estado. Eran jóvenes como yo, de trato afable y discreto. Tenían una única encomienda: pedirme les hiciera saber cualquier intento de dañar o denostar la figura del Santo Padre; les dije que podían estar tranquilos porque bajo mi condición de cubano y cristiano impediría cualquier atentado contra su persona, ya fuese de hecho o de palabras. Fueron realmente aquellos días de paz y sosiego para los cubanos; los desconocidos se abrazaban, los policías no portaban armas en las homilías y la ínsula comenzó a abrirse al mundo.

La visita que me hicieron los agentes de la Seguridad del Estado (SE), a raíz de la venida del Papa, fue la primera de otros tres encuentros, solicitados siempre por ellos, para escuchar opiniones y también -no soy tan ingenuo-, sondear mi postura sobre distintos temas de la vida pública local o nacional, encuentros estos aprovechados por mi para decir todo cuanto pensaba y sentía sobre temas que laceraban -aún laceran-, la vida en este recodo del verde caimán y más allá también. Mis encuentros con los miembros de la Seguridad (como se les llama coloquialmente entre los cubanos) han sido, lo digo con honradez absoluta, las mejores reuniones que he sostenido con representantes del estado cubano en la base; su tacto político, respeto y cortesía, contrastan con la actitud de algunos funcionarios y dirigentes; quienes, ataviados de voluntarismo probado y soberbia notable -defendiendo en algunos casos mezquinos intereses personales-, se creen dueños absolutos de la verdad y en consecuencia obran? y laceran, y lastiman, y dañan. Dicha afirmación no resulta propaganda ni ditirambo hacia los miembros de la Seguridad, es sólo la descripción de una realidad; no debe olvidarse que cada cual habla de la feria tal como le va en ella; y que conste, no soy miembro de la SE ni recibo comisión alguna. Como Martí, no soy de la raza vendible.

En los años duros del Período Especial (eufemismo con el cual se conoció la crisis que atenazó a Cuba del 91 al 95), un grupo de intelectuales manzanilleros decidimos salirnos del marasmo existencial que nos agobiaba y dinamizar las Ciencias Sociales con la inclusión y suma de un buen número de profesores de esta rama que laboraban en el Instituto Superior Pedagógico "Blas Roca Calderius" (ISPM); a ellos se unían especialistas de las instituciones culturales y algún que otro profesor de la Facultad de Ciencias Médicas "Celia Sánchez Manduley". El clímax de este accionar era la celebración de un evento teórico en recordación al 24 de febrero de 1895, reinicio de las Guerra de Independencia de Cuba, encuentro al que asistió en 1996 el director del Archivo General de la Nación de Venezuela. Para 1998 se celebraba el Centenario de la Guerra Hispano-Cubano-Norteamericana y a mi se me ocurrió invitar a una personalidad de la cultura cubana cuya amistad me honro en proclamar: Monseñor Carlos Manuel de Céspedes García Menocal, tataranieto del Padre de la Patria (Carlos Manuel de Céspedes y del Castillo). Pensaba -ingenuo de mi-, que a menos de un mes de la visita del Papa a Cuba, nada podía obstaculizar la conferencia que el sacerdote pensaba dictar a manera de inauguración en nuestro cónclave académico. Tan pronto se informó a las autoridades políticas del municipio comenzó el "peloteo" y la puesta en práctica de una política que si bien no negaba, tampoco autorizaba; finalmente, el Partido se lavó las manos como Pilatos y dejó al ISPM la decisión que finalizó en un rotundo ¡No!: "si el cura quiere dar la conferencia que la dé en la iglesia, pero no en la Casa de Cultura". Lo que más indignó fue que el Partido, institución que dirige políticamente la sociedad cubana y con un peso descomunal en todas las decisiones estatales, comentaba muy apenado: "Nosotros no podemos hacer nada, si el Pedagógico no quiere, no podemos influir en su decisión". A pesar de la negativa y las presiones ejercidas sobre muchos profesores, gran cantidad de ellos asistió a la conferencia y el Salón Parroquial se abarrotó, resultando un triunfo de la tolerancia, la convivencia y la historia. Días después, Monseñor salió por uno de los canales nacionales de televisión disertando sobre el presbítero Félix Varela -cimiento de la cultura nacional-, mientras la conferencia impartida entre nosotros: "¿Qué deploramos y que celebramos en el 98?", fue publicada en una prestigiosa revista de ciencias sociales editada en la capital, único lugar posible; pues nuestra ciudad había sido convertida, en virtud de la ignorancia intransigente de un puñado de funcionarios, en otro Macondo.

El año 2000 marcó a Cuba; también a mí. La editorial Pablo de la Torriente Brau en La Habana dio a la luz mi primer libro; el cual, escrito en coautoría con Julio Sánchez Chang, constituye un "abc" de la historia y cultura de la ciudad. Paralelo a ello había presentado el expediente para el ingreso a la Asociación de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y, como debía acompañar la documentación con elementos probatorios de mi condición de "escritor", pedí a la editorial me dieran un ejemplar para entregarlo en las oficinas de la asociación puesto que los ejemplares de cortesía no los llevaba conmigo y ese mismo día regresaba a casa, resultándome imposible ir al lugar donde paraba y volver a la casa editora; los ómnibus no esperan por uno. Se negaron, dijeron que estaban en el almacén y era imposible acceder en ese momento, luego, que quien los anillaba no se encontraba, pedí entonces me lo dieran sin anillar, imposible fue la respuesta, subí la parada: ¡véndamelo!, rogué casi a la persona, pero la respuesta fue siempre la misma y no pude entregar el librillo como prueba de mi incipiente vocación escritural. Ya en Manzanillo, recibí una llamada del Ministerio de Relaciones Internacionales (MINREX) donde se me pedía información sobre la ciudad, dije que no tenía nada a mano y los dirigí a la editorial; luego volvieron a llamar para agradecerme pues de forma solícita allí les habían dado dos ejemplares, los que sirvieron al entonces canciller cubano Felipe Pérez Roque para estructurar el discurso pronunciado en la Tribuna Abierta de Manzanillo donde se saludaba el regreso del niño Elián González al seno paterno y patrio. Poco tiempo después, desde la UNEAC, me informaron que mi solicitud no procedía; en el expediente no constaba ningún elemento probatorio que avalara mi condición de pretenso escritor. Si hubiera trabajado en el MINREX otra sería la historia; no obstante, como Andy Warol, disfruté de 15 minutos de fama: el Canciller se leyó mi libro... al menos eso creo.

Ante la carencia de una fecha históricamente probada que, como hito movilizador juntara los manzanilleros alrededor de la fundación de la ciudad, me di a la tarea de indagar, contrastar y criticar -desde una perspectiva histórica-, lo escrito hasta ese momento en torno a la eclosión de Manzanillo como sitio de asentamiento humano. El resultado fue un artículo titulado: "El origen de Manzanillo. Una contribución a su estudio", en el cual sugería, como instante del proceso fundacional citadino, el 11 de julio de 1792, fecha en la que el Rey de España emitió una Real Orden indicando la erección de un poblado en el paraje titulado el Manzanillo, jurisdicción del Bayamo. Después de una discusión en el Salón de Reuniones del Poder Popular entre colegas con responsabilidades comunes en la conservación y difusión del patrimonio, tanto material como inmaterial de la urbe del Guacanayabo, se decidió por consenso mayoritario fuese esa la fecha para celebrar el nacimiento gregario de los habitantes de esta oquedad del verde caimán; era preciso pues, celebrar el acontecimiento y ánimo nos nos faltaba, por ello, propuse al gobierno de la ciudad difundir lo acordado. Al mismo tiempo, decidí invitar un reconocido historiador cubano con el objeto de iniciar una tradición que otros disfrutaban y nosotros jamás habíamos verificado, redactando la invitación a nombre de los organismos y organizaciones más importantes de la ciudad con el objeto de comprometer positivamente al invitado. La carta a Eusebio Leal Spengler, Historiador de la ciudad de La Habana, decía:


Manzanillo, Cuba, mayo del 2000.
"Año del 40 Aniversario de la Decisión de Patria o Muerte"

Dr. Eusebio Leal Spengler.
Historiador de la ciudad de La Habana.

Compatriota, colega y amigo:

Con el poder de la palabra honrada y el deseo sincero; la ciudad de Manzanillo, representada en esta misiva por la firma de algunos de los elementos más visibles que la componen, se dirige a Ud., para invitarlo y tener el gusto de contar con su presencia en la Jornada Cultural que, con motivo del 208 Aniversario del surgimiento de la misma, piénsase celebrar en esta oquedad del verde caimán los días 10 y 11 de julio venidero.

Conocedores de su continuo esfuerzo -loable siempre por ello-, en nombre de la salvaguarda y mejoramiento del patrimonio, nos sentiríamos altamente honrados y estimulados con su presencia. La ocasión sería momento propicio, también, para la reflexión, el intercambio y el diálogo fecundo y provechoso en nombre de un empeño que es norte y guía de los cubanos amadores de su país: la defensa de la Cultura e Identidad Nacional.

Reciba usted, pues, además de la sentida aspiración de verle entre nosotros en fecha tan cálida, toda nuestra consideración y deseo de éxitos en su vida personal y laboral; sin embargo, por tender al bien común, la consumación de lo que parece ser su destino manifiesto: la restauración de La Habana, es que nuestros afanes se hacen, para Ud. y sus compañeros, más vehementes.

Con saludos patrióticos y revolucionarios, quedan de usted con toda consideración, y en nombre del pueblo de Manzanillo:

Siguen las firmas.

 

Cuando llevé la misiva al Presidente del Poder Popular (máxima autoridad gubernativa de la ciudad), me sorprendió su respuesta: "Esto tengo que consultarlo"; sin embargo no me preocupé, sabía que aprobándolo los demás él acabaría por hacerlo también, y así fue, aunque no lo hizo de buena gana. En una de las visitas a su oficina con el objeto de informarme sobre la marcha de los preparativos me dijo con cara de pocos amigos: ¡Me tienes corriendo con tu historiador! Ahora, según su lógica, Eusebio Leal me pertenecía y la venida de éste a Manzanillo se convertía en una molestia para él; dicho gobernante, apodado por el pueblo como "El manco del espanto", porque a cada petición respondía de la misma forma: "Eso no está en mis manos", era incapaz de comprender el beneficio que aquella visita significaba, no sólo por el calibre del intelectual que nos acompañaría -era y es Diputado al Parlamento Cubano-; sino, porque ayudaría a levantar la autoestima de sus conciudadanos además de prestigiar la ciudad por él gobernada. "De que los hay, los hay", reza el refrán popular.

La visita del historiador habanero a Manzanillo me llevó a incumplir una promesa hecha a mi mismo tiempo atrás: no escribiría más un discurso a ningún funcionario; empero, el modo honrado y gentil en que el Primer Secretario del Partido hizo el pedimento y el deseo ferviente de que el jubileo quedara lo más lucido posible, influyó en mi estado de ánimo y construí un breve texto que, para satisfacción general, fue leído correctamente. Esta aversión a escribir para otros no nació de la nada; sino, como respuesta a una actitud autoritaria e insensible. Era 7 de diciembre y se efectuaría la peregrinación al cementerio para rendir tributo a los internacionalistas muertos, además, celebrar la ascensión a la presidencia de Nelson Mandela. Del Comité Municipal del Partido reclamaron mi presencia con el objeto de redactar un texto que sería leído en el camposanto. Me senté a la máquina de escribir y las primeras frases que brotaron de mi corazón y nunca olvidaré fueron: "Con una mezcla de nostalgia y alegría celebramos hoy el triunfo del ANC [...]", seguí escribiendo hasta completar una cuartilla o cuartilla y media que entregué al funcionario. A las 5.00 pm, junto a un mar de pueblo, marché hacia la necrópolis municipal; allí sólo hubo dos oradores, el primero, un militar o funcionario político -no recuerdo exactamente-; el segundo, un estudiante de medicina, compañero mío de estudios en la escuela vocacional "José Martí" de Holguín, cuyo padre había muerto en Angola. Escuché y aplaudí las dos peroraciones, pero ninguna era la escrita por mí, sólo el huérfano de padre dijo 2 ó 3 frases algo parecidas a las escritas en horas de la mañana. De regreso llegué al Partido Municipal, localicé al funcionario y le pregunté:

-¿Qué pasó con lo que escribí esta mañana?

-¿No lo oíste?, lo leyó el estudiante de medicina.- Me respondió.

De inmediato repliqué: -Eso, ni por causalidad, se parece a lo escrito por mí; y él, con una pose de superioridad contesta:

-No pensarás que ese discurso iba a ser leído sin que lo revisara el Ideológico, y como si eso no fuera suficiente acota: "Además, qué es eso de con una muestra de nostalgia y alegría". Me descompuse ante tanta insensibilidad y en voz alta le dije: "¡Claro coño, como a tí no te mataron a nadie en Angola hablas así...!" y culminé diciéndole: "Si el Ideológico es capaz de mutilar un discurso así, entonces tiene que ser lo suficientemente inteligente para escribirlo, porque este es el último discurso que les escribo"; di media vuelta y me fui. Desde ese momento sólo falté a mi palabra en ocasión del 208 aniversario de la ciudad de Manzanillo, espero no tener que volver a faltarle.
El 21 de agosto del año 2000 arribé al aeropuerto internacional de Miami; iba con la intención de visitar la Universidad de Gainesville, revisar fondos documentales y dar una conferencia sobre historia y cultura en el oriente del país; empero, una cosa piensa el borracho y otra el bodeguero, decimos los cubanos. Montarme en el avión que me condujo a tierras norteamericanas no resultó cosa fácil; primero, fue necesario echar por tierra el rumor de la representante del Partido en la institución; quien, informó en su núcleo que yo estaba extrayendo documentos del archivo para luego venderlos en EUA (los sitios más adecuados serían la Calle 8 o la Pequeña Habana, pensaría ella) A la verticalidad y sentido común de la Directora de Cultura, miembro del PCC y del mismo núcleo que la susodicha militante, debo la primera valla derribada: Esperanza Martínez Llópiz no creyó en el infundio y dio el visto bueno para poder realizar el viaje; luego, vino la aprobación del director provincial de cultura y finalmente la del Ministerio en cuestión, cuando ya había perdido la cuenta de las llamadas inquiriendo el resultado de mi solicitud.

A la semana de estar en Miami y aplacar las náuseas que me provocaba la suspensión de los automóviles -nada que ver con nuestros rudos vehículos y desvencijadas vías-, llamé a la Universidad y cual no sería mi sorpresa cuando me dicen: no podemos atenderle; quedé perplejo pero no inerme; razoné entonces con el interlocutor y éste, para salir del paso -después lo comprobaría-, me dijo lo llamase a finales de octubre. A inicios de este propio mes comienzo a hacer las gestiones para adquirir el pasaje de retorno y junto con él otro mal rato. El permiso extendido por las autoridades migratorias cubanas finiquitaba el 7 de octubre y para esa fecha todavía debía estar en los Estados Unidos, en consecuencia, hice los trámites para lograr la prórroga y, nuevamente, la respuesta burocrática que a cada solución -como dice Eduardo Galeano-, antepone un problema: "los argumentos dados por mí para prorrogar la estancia no eran suficientes"; monté en cólera -no podía hacer otra cosa-, y desde Tampa escribí largo email a un primo hermano en La Habana con la encomienda de que si el funcionario no era capaz de entender mis razones, lo llevaran al MINREX, a fin de cuentas, ¿el Canciller no había leído mi libro?... Los dos últimos párrafos del mensaje rezaban:

 

Ahora, la noticia es que no basta con los documentos que te di. ¿Qué es lo que pasa?, ¿quieren que me quede? NOOO, yo vuelvo a Cuba; ¿quieren que pague la prórroga? NOOO, no tengo dinero, ya mi familia ha hecho bastante. ¿Por qué tanta burocracia?, ¿por qué entre nosotros mismos nos hacemos las cosas tan difíciles?; yo vine aquí a difundir nuestra cultura, nuestra historia, y nadie se ha opuesto a ello, ¿se van a oponer allá? Por Dios, piensen en todo lo que digo.

Envío una copia de esto a Carmen y otra a Manzanillo por si no te llega; y te autorizo, si es necesario, a que lo muestres en el Ministerio de Cultura, en Inmigración y Extranjería y hasta en el Ministerio de Relaciones Exteriores.

 

Y dio resultado; la teoría del pedal, o sea: la presión, funcionó; siete días más tarde mi prórroga ya estaba en Washington.

Cumplido el plazo para contactar a la universidad llamo nuevamente y frescos como una lechuga, sin más explicación, dicen que no pueden atenderme; de todos modos, emprendo viaje con una decisión: me atienden o me deportan, pero yo llego a Gainesville. En viaje hacia el norte de la Florida hago escala en Tampa, donde la casa de una amiga resulta refugio del viajero. Allí pude contactar con la Universidad del Sur de la Florida (USF), especialmente con el director del Centro de Estudios de América Latina y el Caribe; Michael L. Connif; quien, gentil como pocos norteamericanos, abrió las puertas de su recinto haciendo posible la satisfacción de la encomienda que allí me llevaba. Ahora, más nada me quedaba por hacer en los Estados Unidos, a no ser acompañar a mi familia, comer peras y manzanas, tomar malta con leche en abundancia, y ver TV por cable; era pues, hora del regreso.

Llegué al aeropuerto de Miami a las 5.00 am del 30 de noviembre con pasaje hacia Las Bahamas para de allí seguir viaje hacia la mayor de las Antillas; empero, al entregar mi pasaporte el funcionario de inmigración me dice en perfecto español: "Señor, ¿dónde está su visa para Las Bahamas?; le respondo: voy de paso, sigo para Cuba; el funcionario insiste de manera inapelable en el hecho de que sin visa no puedo viajar y me informa debo ir al consulado bahamés, ubicado en el "downtown", para conseguir una visa. En ese momento se abrió el mundo bajo mis pies: "si sacar una visa aquí es como en Cuba, de seguro aprendo a hablar inglés", pero me equivoqué medio a medio, a los dos de la tarde de ese día ya tenía en mi poder una visa por 3 meses; sin embargo, desde el momento de la negativa hasta el otorgamiento del documento migratorio mil ideas cruzaron por mi cabeza y una ironía martillaba mis sienes acongojándome el alma: Qué cosas tiene el destino, cientos de cubanos arriesgan y pierden su vida en el estrecho de la Florida buscando un sueño, y yo peleando para ir hacia la tierra de mis amores; sí, porque estas decisiones tienen que ver más con el corazón que con el cerebro; en tanto, el primero tiene razones que la razón desconoce.

El sábado ya estaba en el aeropuerto de Nassau; pero -siempre hay una conjunción adversativa-, mi avión no salía hasta el otro día y como no tenía dinero suficiente para alquilar un hotel debí pernoctar en el aeropuerto. Fue, hasta ahora, la noche más larga de mi vida, sólo deseaba llegara el día siguiente para abordar el vuelo que me trajera de regreso a casa. Cuando los cubanos residentes en Miami comenzaron a llegar me fui relajando, sólo faltaba contactar con los agentes de Cubana de Aviación que allí radicaban; verlos y conversar con ellos aliviaría mucho más la tensión, sin embargo, erraba nuevamente, decirles que era cubano y regresaba al país después de cumplir un compromiso académico fue como amargarles el día o mentarles la madre -vaya usted a saber-, la sonrisa de oreja a oreja que le prodigaban a las "mulas comunitarias" (cubanos que viven en Estados Unidos y traen muchas maletas), desapareció de su faz cuando supieron mi identidad; de todos modos ya estaba en los bloques de arrancada y nada podía hacer menguar mi felicidad; no obstante, y a pesar de mi optimismo, volvía a equivocarme.

En el bolsillo del saco traía un encargo especial de mi madre: una pera, mas no era una pera cualquiera, era la pera de mi madre, sana y hermosa; ese había sido su único pedido, pues no las había vuelto a comer después del triunfo de la Revolución, parece que esta y las peras son enemigos irreconciliables. Al llegar al aeropuerto holguinero quise ser lo más legal posible y declaré la fruta que llevaba en el bolsillo, error mío pues me dijeron que no podía pasarla, traté de explicar y expliqué, juré y perjuré, incluso le di una mordida para que vieran que no era dañina, pero los aduaneros, acordándose quizás de Blancanieves, creyeron que hacía como la bruja, que mordía el pedazo bueno y dejaba el envenenado para dársela después a un niño y crear el caos nacional: ¡O se la come o la bota!, fue la disyuntiva y yo no podía comérmela, era la pera de mi madre y si la comía me envenenaba, pero de rabia e impotencia ante una decisión injusta. Tiempo después, cuando le contaba a un amigo la anécdota me censuraba; fuiste un bobo, no hubieras declarado nada, y yo meditaba en silencio: es cierto, fui un tonto, pero ellos fueron crueles.

Con la voz tomada de contar y contar lo vivido y lo sufrido, empecé a trabajar. Ahora, la percepción que se tenía de mí no era la misma, había regresado de los Estados Unidos pudiendo haberme quedado y eso era como haber vencido la muerte. Me asignaron el teléfono que había solicitado tiempo atrás e hicieron una proposición: iniciar el proceso para ingresar al Partido Comunista de Cuba; agradecí hubieran pensado en mí, mas, no podía aceptarlo, había visto -en mi entorno más cercano-, mucha doble moral, demasiado oportunismo y ansias de trepar a costa de los demás (callé estas razones para no ofender); lo que sí dije era pueden contar conmigo para la defensa, promoción y puesta en práctica de toda causa justa y noble, ¿no era eso lo que había venido haciendo hasta ese momento?; además, la historia de Cuba resulta demostración palpable de que para amar una idea y morir por ella no hace falta un carnet en el bolsillo. Y aunque no quise ofender, mi negativa fue entendida como tal; entonces, poco a poco, en torno a mi persona, el ambiente se fue enrareciendo y la abanderada de la cruzada era la única militante que había en el Archivo, quería ella -de todas todas-, asumir la regencia de la institución; me resultaba pues, de todo punto imposible, militar en la organización partidista.

Lentamente el país fue recuperando su economía y muestra de ello, en el campo editorial, fue la creación de imprentas provinciales con tecnología RISOGRAFH. Decidí escribir a Fidel Castro una vez más -le había escrito con anterioridad para felicitarle por el magnífico gesto de pedirle perdón a los mexicanos por si en algo los había ofendido-, manifestándole el deseo, las posibilidades y las razones que hacían merecedora a la ciudad de contar con un sistema de impresión como el colocado en Bayamo, capital de la actual provincia Granma.

 

Manzanillo, Cuba, 21 de marzo del 2001.
"Año de la Revolución Victoriosa en el Nuevo Milenio"

Fidel Castro Ruz.
Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros.
República de Cuba.
Su despacho.

Comandante y compatriota:

Los suscribientes, manzanilleros todos, convencidos de que sólo nosotros podemos dar a nuestra tierra lo que ella requiere y merece, le escribimos con la completa seguridad de que Ud. sabrá comprender nuestro clamor - "El que clama vale más que el que suplica, dijo Martí"- y más que comprender, obrar en favor y contribuir a materializar nuestro empeño.

El 4 de febrero de 1959, en horas de la madrugada, usted pronunció el primer discurso al pueblo de Manzanillo. En uno de los momentos de su peroración, solicitó a Cuba agradeciera a Manzanillo, "[...] porque de Manzanillo salieron los primeros dineros para la revolución, los primeros víveres, las primeras frazadas y los primeros voluntarios [...]"; y ciertamente, como usted pidió, Cuba revolucionaria agradeció a Manzanillo; pero como las cosas de hombres, hombres son quienes las hacen, imposible sustraerse a sus yerros y aciertos. Para muchos, tal vez, el siguiente razonamiento no sea político, pero sería deshonesto si no se expusiera, porque en política la honradez define; además, un hombre honrado dice lo que piensa y expresa lo que siente, sea cuales sean las consecuencias; y cuando la capital de la provincia Granma le fue otorgada a la urbe bayamesa, nos sentimos despojados de algo que históricamente habíamos ganado y disfrutábamos: una tenencia de gobierno independiente de Bayamo; lo óptimo hubiera sido haber hecho dos provincias siguiendo la norma de los viejos regionales: Manzanillo-Campechuela-Niquero (que incluía todos los municipios costeros) y otra provincia con Bayamo al frente, rigiendo los territorios mediterráneos del Cauto.

Ahora bien, no es la división política administrativa en sí lo que en estos instantes nos ocupa; sino, sus resultados en el campo de la cultura, sobre todo en la prensa -baluarte de la libertad-, y en los predios del libro, reino de la cultura. Manzanillo, de un esplendor innegable -más de 100 periódicos desde 1857 hasta 1967, cerca de 7 revistas literarias con la longeva ORTO al frente y más de 200 libros y folletos editados e impresos en la ciudad; los cuales, en un efecto multiplicador promovieron la cultura manzanillera dentro y fuera de Cuba-, cayó en una ausencia sublime, donde hoy, ni siquiera un boletín literario, vence las brumas del silencio editorial.

Por lo antes dicho, y porque el afán de servir con la mente y el corazón no murieron al desaparecer las imprentas, convencidos asimismo, como el Apóstol, de que "Cada cual se ha de poner, en la obra del mundo, a lo que tiene más cerca, no porque lo suyo sea, por ser suyo, superior a lo ajeno, y más fino o virtuoso, sino porque el influjo del hombre se ejerce mejor y más naturalmente, en aquello que conoce, y de donde le viene inmediata pena o gusto; y ese repartimiento de la labor humana, y no más, es el verdadero e inexpugnable concepto de la patria", impetramos de Ud. destine a Manzanillo una imprenta digital como las situadas en cada cabecera provincial.
?....

De este modo, quedan de usted, con toda la consideración y el respeto del cual es acreedor:

 

Consciente de que no tiene el mismo efecto una solicitud en solitario que suscrita por un grupo de personas e instituciones, relacioné como firmantes a organizaciones, centros y personas vinculadas al mundo de las letras; pudiendo contar entre ellas la UNEAC, la Asociación Hermanos Saíz (AHS), la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), el Centro de Promoción de la Cultura Literaria Manuel Navarro Luna, además de un grupo de escritores y especialistas que en total sumaban 13. Del total de firmantes, sólo 8 la suscribieron y uno de ellos, muy apenado -también con temor-, pidió retiraran su firma porque desde la dirección provincial de su organización le habían informado que ese no era el método a seguir; sin embargo, tal postura resulta una "brillante página de coraje humano", si la comparamos con los miembros de la UPEC. Entregué al director de la emisora Radio Granma la carta para que la circulara entre sus colegas y una semana después no tenía noticias de él, decidí entonces ir a verle y de manera nerviosa la llevó al segundo piso donde se encontraban sus compañeros de fila. Lo que allí presencié fue realmente penoso; por ejemplo, una periodista, sin levantar la vista del teclado dijo que "eso" -se refería a la epístola-, era una falta de respeto al Comandante; mientras otro, muy influyente entre ellos, justificó su negativa con esta frase: "¡Que va!, yo conozco las patadas del caballo (se refería a Fidel Castro), y cuando lleguen hasta aquí nos darán en el pecho!" Jamás había oído y visto tanta cobardía y sinsentido juntos, aquello me revolvió el estómago y les dije: "Tengo pena de ustedes, me avergüenzo de que sean manzanilleros, debían ser los abanderados en defender la ciudad y son los primeros en darle la espalda. Me dan náuseas". Con la sangre bulléndome en las venas llegué a la casa, quité a todos los firmantes y suscribí a título personal la misiva, eso sí, le endilgué una nota que rezaba: "Esta carta iba firmada por unos cuantos más, pero un repentino arrepentimiento hizo que la firmara en solitario. Vale". La respuesta devino espaldarazo a mi actitud y condena a quienes no firmaron.

 

República de Cuba
Consejo de Estado.

Ciudad de La Habana, 10 de mayo del 2001.
"Año de la Revolución Victoriosa en el Nuevo Milenio"

Cro. Delio Orozco González.

Estimado compañero:

Después de haber leído la carta que enviara al Consejo de Estado, donde argumenta su pretensión de que sea destinada a esa ciudad una imprenta digital, no dejamos de reconocer que sus ideas y sugerencias van encaminadas a reanimar el movimiento cultural de ese municipio, de lo cual hemos tomado las correspondientes notas.

Al propio tiempo le sugerimos trasladar el asunto a la Dirección Provincial de Cultura, seguros de que será analizado con la atención que requiere.

Fraternalmente

René Montes de Oca Ruiz.
J'' Dpto. de Atención a la Población.

 

Ese mismo año ocupaba el cargo de primer Secretario del Partido en la provincia Granma Lázaro Expósito Canto; su estilo de trabajo no se parecía en nada a lo visto en estas tierras. Desandaba de noche, hablaba con la gente, se mezclaba con el pueblo. Como parte de su rutina de trabajo llegó a Radio Granma días después del incidente y los "valerosos" periodistas fueron enseguida con el chisme. No sé exactamente lo que le dijeron, lo cierto es que en una alocución radial, refiriéndose a mi gesto declaró: "[...] no es hora de hacer carticas [...]", eso bastó para que de inmediato le solicitara un despacho el cual se verificó un sábado por la mañana en la oficina del Primer Secretario del Comité Municipal del Partido en Manzanillo.

Toqué a la puerta y una voz masculina dijo: adelante; el hombre, que ya corría hacia los 50 era blanco y peinado al costado, se alzó del asiento, me tendió la mano y dijo: -Me querías ver, pues aquí estoy.

Le dije; me siento disgustado por su pronunciamiento, ¿sabe por qué hice la carta?, porque no tengo otro medio de comunicarme con Fidel Castro, si tuviera la oportunidad que tiene Ud., de seguro no le escribiría, le diría, frente a frente, todo lo que quiero y necesito decirle. Él apenas habló, se limitó a escuchar e hizo dos o tres aclaraciones; casi al final de la conversación le hice saber cuál era mi estatura sentidora y le di un consejo: "Ud. es un hombre, un mortal, va a errar, pero para que los yerros sean menos costosos, escuche siempre al pueblo, a los de a pie, a los que no tienen un puesto que defender, a los que no les alcanza el salario en el bolsillo, a los que no viven atados al carro y la gasolina que mensualmente les da el estado". Nos pusimos de pie al unísono, me estrechó la mano y despidió con una promesa que cumplió: donde quiera estés y para lo que haga falta, búscame, estaré ahí. Tengo que aceptar que salí de la conversación con un gozo extraño en el alma, pensaba encontrarme con uno de los tantos funcionarios al uso y hallé un hombre diferente; el tiempo se encargaría de demostrarlo y el pueblo lo confirmaría.

El resto del año cursó sin mayores contratiempos; en octubre terminé de escribir un pequeño libro de profundo significado emocional y patriótico: Jesús de Nazaret. Paradigma ético de José Martí, cuyo prólogo está firmado por Cintio Vitier, martiano de talla mayor. Un libro como éste, para hacerse a la luz, tendría que vencer serios obstáculos y, aunque pudo orillarlos, no pocas porfías tuvo que librar. La primera estuvo relacionada con el diseño de cubierta, el cual, pensado y soñado por mí, era la interpretación máxima de un deseo martiano: morir en la cruz por Cuba si era preciso-, de modo que, el Martí que visionaba era un Apóstol crucificado sobre Cuba, con palmas reales por clavos para los pies y rosas blancas encarnadas en las manos. Una imagen de este tipo, tan poco ortodoxa y en un medio como el nuestro, sería, cuando menos, ignorada; por ello, conversé con un prestigioso pintor cubano y le propuse la idea, de primera instancia aceptó el reto, pero luego se sumó en el silencio y a buen entendedor con pocas o ninguna palabra basta; entonces, Alberto Nuevo Rojo, arquitecto amigo, devenido diseñador gráfico, se enamoró de la idea y la llevó a formato digital. Cuando presenté la propuesta gráfica a Ediciones Orto, sello editorial de Manzanillo al que agradezco la publicación del libro porque entre otras cosas allanó el camino para el ingreso a la UNEAC, las discusiones fueron ciertamente enconadas y aunque trataron de disfrazar su argumentos con razonamientos de todo tipo, el sopor producido por los prejuicios y el temor a señalamientos, críticas o sanciones desde las "instancias superiores" flotaba en el aire como vaho caliente; no obstante, como el libro era y es más importante que la cubierta, me trancé por el primero obteniendo como concesión una imagen de Martí delante de una cruz.

El texto estuvo impreso en el 2005 y al año siguiente asistí a la Feria Internacional del Libro, celebrada en La Habana, con el objeto de presentarlo. El día antes de la presentación me hacen dos entrevistas, una televisiva y otra radial, con la diferencia de que la última fue en vivo y la primera saldría por la noche en la sección "Diario de la Feria", dedicada a cronicar lo sucedido y promover las novedades. Sentado frente al televisor me dispuse a ver como había quedado la exposición, y cual no sería mi decepción al ver que todos los entrevistados desfilaron por la pantalla chica y mi rostro -ni por asomo se dibujó en un pixel-, supe de inmediato me habían censurado. Al otro día, en el recinto ferial, conversé amigablemente con la joven que propició la entrevista, le pregunté si había dicho algo incorrecto, prevaricado o violado alguna ley; me dijo sumamente apenada:

-Estuvimos discutiendo el tema casi media hora; pero el funcionario responsable de la publicidad no admitió la salida al aire de tu entrevista, dijo: ¿qué cosa es eso de Jesús de Nazaret paradigma de Martí?, eso no sale y punto.

Agradecí sus gestiones y deploré la ignorancia autoritaria del funcionario; quien, aún ocupa altas responsabilidades en el Instituto Cubano del Libro. Como catarsis ante la exclusión, tuve la dicha de entregarle al finado Cintio Vitier y su distinguida esposa Fina García Marruz un ejemplar del libro en el local que ocupaba la antigua capilla de la Cabaña, después de presentar ellos un libro de poesía religiosa nicaragüense en la sala que lleva por nombre José Lezama Lima. En ese mismo espacio, un rato después, y sin que el funcionario censor pudiera impedirlo, presenté mi libro.

En febrero del 2002, de conjunto con Maritza Labrada Batista, elevé una propuesta fundamentada al Consejo de Estado, la Oficina del Programa Martiano y la Asamblea Nacional del Poder Popular, proponiendo la gracia que creíamos nosotros debía dársele al próximo año (Año del natalicio 150 de José Martí y el 50 aniversario de los Mártires del Centenario), solicitábamos además, se hiciera una indicación para que en todo el país celebraran Vigilias Martianas el día 27 de enero del 2003, esperando el advenimiento del natalicio del más útil, trascendente y universal de los cubanos: José Martí, y aunque las cosas no sucedieron como queríamos, sí recibimos respuesta de las instituciones interpeladas. Diversificando las acciones en la consecución del objetivo y sabiendo yo que el otorgamiento del nombre del año se hace siempre en la reunión ordinaria de la Asamblea Nacional del Poder Popular que sesiona en el mes de diciembre, busqué un diputado manzanillero que fuese capaz de hacer la propuesta del nombre; él único que tuve a mano fue el mismo periodista -ahora parlamentario-, que había temido (según sus palabras), las "patadas del caballo"; sin embargo, como la encomienda no podía ser más oficialista creí no habría dificultad alguna. Cuando regresó del pleno gubernativo fui a verlo y con cara de yo no fui me dijo: "No, no presenté la propuesta porque como el Comandante, desde su retiro donde se restablecía de la fractura de la pierna, envió una propuesta con el nombre del año, no quise desentonar". Por suerte ya no es diputado.

Por esta misma fecha; quizás un poco antes, y después de apreciar el magnífico documental "Tercera versión de la ciudad", de los realizadores Ramón Cabrera Figueredo y Eduardo Bertot, comprendí que era necesario hacer algo para dinamizar la vida literaria de lo que otrora fuera un emporio en ese sentido. Localicé a Esperanza Martínez, aún Directora de Cultura en aquel entonces, y le dije: ¿por qué no hacemos una revista cultural?; estuvo de acuerdo -creo que ella y otros intelectuales también habían pensado en la posibilidad-, y de inmediato nos dimos a la tarea. Para el 2002 los Archivos habían pasado al Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medioambiente CITMA), organismo que gerencia el Registro Nacional de Publicaciones Seriadas lo cual facilitó la gestiones que personalmente hice para la consecución del ISSN otorgado en París; con Alberto Nuevo, diseñador del logotipo y del primer número del magazín, fuimos a Palma Soriano con el objeto de coordinar la impresión de 1000 cubiertas en cuatricromía -única vez que salió con esta calidad de impresión-, mientras en gestión personal con el Ministro de Cultura Abel Prieto, dotamos a la computadora del Centro de Promoción de la Cultura Literaria -centro conductor de la corta vida de este empeño literario-, de un quemador de CD para poder llevar hasta la imprenta en Bayamo los materiales editados. Áncora fue el nombre de la revista y el primer número -bastante desfasado por cierto-, estuvo dedicado a homenajear el 210 aniversario de la ciudad.

Para la ocasión había preparado un artículo titulado "Manzanillo. Ciudad de inauguraciones", pero mis observaciones en torno a la División Política Administrativa (DPA), fundamentalmente, lo inhabilitaron para su publicación; fue necesario entonces acercarme a otra temática y, "Carlos Manuel de Céspedes, la Sociedad Filarmónica y el Teatro Manzanillo", resultó mi primer aporte textual a un empeño por el cual trabajé a brazo partido. En mi condición de Editor Jefe recibí la encomienda de escribir el editorial del primer número; pero las diferencias conceptuales y el modo inadecuado en que la directora de la revista manejó la situación me hizo abandonar el empeño asumido por otro colega; le espeté: "El próximo editorial lo escribes tú"; creo no volvió a salir ningún otro.

Propuse dedicar el segundo número a José Martí y se aprobó por mayoría. En esta oportunidad se reeditó un texto que había publicado en Matanzas La Revista del Vigía titulado: "Entre el Martí que es y el que necesitamos". Fue en la discusión editorial de este número donde decidí, de manera terminante, abandonar el cuerpo de redacción; aunque, mi nombre continuó apareciendo en el machón como miembro del consejo editorial pues no dejé de apoyar el proyecto. La segunda sección de Áncora se nombraba "Vértices del aire", e incluía la literatura de ficción; Gabriel Cartaya López, intelectual manzanillero de profunda vocación martiana con una obra en este sentido, escribía una novela en primera persona sobre el Apóstol, cuyo primer capítulo había terminado y evaluado positivamente Cintio Vitier y Francisco López Sacha, este último a la sazón, presidente de la Sección de Escritores de la UNEAC. Con la intención de recopilar textos y armar el número hablé con Cartaya y me ofreció el texto; empero, al momento de su conformación, el autor había ido -legalmente-, a vivir con su familia a los Estados Unidos; fue esta razón, o mejor, sinrazón, por la cual todos los miembros del Consejo Editorial allí presentes -amigos y compañeros del autor, clásica ironía-, se opusieron a la publicación del texto; pregunté por qué y ninguno pudo argumentar convincentemente; lo cierto es que resulta vergonzoso decir que se tiene miedo o se es rehén de prejuicios; no en balde Einstein acotó: "Es más fácil dividir el átomo que desterrar un prejuicio de la mente humana".

Razoné con ellos bajo tres argumentos: el hombre, la obra y las circunstancias. En cuanto al primero señalé que, hasta donde sabíamos, el autor no había dicho ni escrito una sola palabra contra Cuba, al contrario, leí un email donde nos ofrecía hacer una colecta para poder nosotros imprimir la cubierta en cuatricromía; sobre la obra les recordé había sido valorada positivamente por autoridades en la materia y en cuanto a mí -defensor del texto-, jamás avalaría un escrito donde se denostara la vida y obra de José Martí; finalmente, apunté que hacía escasamente una semana se había celebrado con todo éxito en La Habana el encuentro la "Nación y la Emigración", donde el Ministro de Cultura relacionó una cantidad significativa de obras publicadas en la isla de emigrados cubanos residentes en otras latitudes, incluyendo Estados Unidos; hice, además, la observación sobre el nombramiento de Lisandro Otero como presidente de la Academia Cubana de la Lengua y el hecho inusitado de devolverle la ciudadanía a dos integrantes de la brigada mercenaria 2506. Todo fue en vano, mantuvieron su postura y no podía ser de otro modo; el temor, la autocensura y los prejuicios obnubilan el juicio y mandan a paseo la razón. A pesar de los pesares, estos colegas siguen siendo amigos de Cartaya; también míos.

En abril del 2002 llego nuevamente a los Estados Unidos, ahora invitado por la USF, con el objeto de impartir conferencias sobre la historia y cultura de esta parte del país; empero, como las complicadas relaciones políticas entre los dos estados impidieron que los cubanos destinados a participar en el post-grado "Las Américas de José Martí" asistieran al fórum, ocupé su lugar y, junto a otros dos coterráneos, evitamos que un curso dedicado al Padre Espiritual de la Nación Cubana discurriese sin la presencia de cubanos. Así percibieron los académicos participantes mi desempeño:

 

Universidad del Sur de la Florida
USF

7 de junio de 2002.

Delio Orozco, Director
Archivo Histórico de Manzanillo.
Granma, Cuba.

Estimado Delio:

Agradezco sobremanera tu actuación en el instituto "Las Américas de José Martí" esta semana, 1-8 de junio de 2002. Pudiste ayudarnos a lanzar el instituto con un tono serio y agradable. Los 25 participantes me han comentado positivamente sobre tus conocimientos, poder de expresión, y pasión en cuanto al Apóstol.

Como sabes, el instituto continua por 3 semanas más aquí en Tampa y concluye con una última en La Habana. Tú y el compañero Ángel Lago han podido dar al instituto un toque de autenticidad, siendo los únicos cubanos entre los presentadores. Además aportaste otros elementos valiosos, como fueron las charlas sobre cultura oriental y el vídeo sobre Granma.

Aprecio muchísimo la alianza académica que hemos forjado entre USF y Manzanillo, y espero verlo pronto, o aquí o allá.

Michael L. Connif.
Profesor y Director.


En esta ocasión los papeles se trastocaron, pues si bien de regreso a casa en el aeropuerto de Holguín mi equipaje fue revisado de cabo a rabo, nada fue decomisado; sin embargo, al llegar al aeropuerto miamense, en virtud de algo que las autoridades allí llaman "Acta de comercio con el enemigo", de manera muy galante me decomisaron una caja de habanos que, como regalo, llevaba a amigos y familiares. En verdad no entendí quiénes eran los enemigos, si los tabacos, mis amigos y familiares o yo, porque usted no deja entrar o vivir enemigos en su casa; quizás los extremistas que allí radican, como no han podido darle candela a Cuba -aunque deseos no le han faltado-, se la desquitan con sus tabacos.

Muestra de la necesidad y posibilidad real de superar las diferencias injustificadas que separan a muchos cubanos de las dos orillas, fue lo sucedido entre un cubano que vivía allí desde hacía algún tiempo y yo. Estábamos dentro de la aeronave, esperando el despegue, cuando mi compañero de asiento inicia una amena conversación; comenta que es de Las Tunas, va a la isla a visitar a su madre y hermana, luego, gira el tono de la plática para hablarme del país, sus agonías, sus dirigentes y desaciertos, entonces me pregunta:

-¿Desde cuando no vas? Llegué hace dos meses a cumplir un compromiso en la universidad y ahora regreso. Vivo en Manzanillo.

El hombre asumió los colores del arcoiris, luego se tornó lívido, quería pararse del asiento pero no había plazas vacías. Traté de tranquilizarlo pero me dijo tembloroso: "¡No, no quiero conversar con usted!" Me impuse y en buena forma -la única viable-, le dije: -Mire, yo no soy representante del gobierno ni oficial de la Seguridad del Estado, soy un simple historiador, además de cubano como usted. Mi filosofía de vida es esta: "No comparto lo que dices pero estoy dispuesto a dar mi sangre porque lo expongas"; el paisano sonrió, respiró hondo y me dijo: "Podrías escribirme esa frase en este papel".

La primera vez que regresé de Estados Unidos me costó trabajo adaptarme a la condición material insular de escaseces, esta vez no, y algo significativo, cuando vi a través del avión el verde de Cuba, un nudo se me hizo en la garganta a pesar de que no tenía gripe; era la emoción que aguijoneaba mi alma.

Al calendario cubano llegó enero del 2003 y con ello la inminencia de celebrar el Sesquicentenario del Natalicio de José Martí. En la ciudad, como era costumbre desde 1994, se realizaría la Vigilia Martiana; propuse entonces a los organizadores de esta patriótica celebración que distingue el identitario manzanillero, darle una mayor connotación toda vez que 150 años se cumplen una sola vez; para ello, contacté con la Misión de Puerto Rico en Cuba e invité a su Representante teniendo en cuenta que después del general Juan Rius Rivera, quien no murió en Cuba, el borinqueño de más lustre entre los cubanos era Modesto Arquímedes Tirado Avilés, natural de Ponce, amigo personal de José Martí, comandante del Ejército Libertador, ayudante de campo de José Maceo, secretario de la presidencia de Bartolomé Masó Márquez, delegado a la Asamblea de Santa Cruz del Sur, Marianao y el Cerro, primer alcalde por elección popular en Manzanillo y su primer historiador en propiedad, cuyos restos descansan en el cementerio local; sugerí además, y fue aprobado, desarrollar la Vigilia frente al pequeño parque que lleva su nombre en la avenida 1ro. de Mayo lo que ofrecía -por la amplitud del lugar-, facilidades y prestancia a la actividad. Estas vigilias finiquitan con la marcha de los vigilantes hasta el busto del Apóstol ubicado en la plaza principal y allí, después de escuchar las notas inmortales de La Bayamesa, Himno Nacional de Cuba, un orador u oradora, en patriótica y sentida alocución, da la bienvenida al nuevo 28 de enero.

Lamentablemente, con los imponderables siempre hay que contar, y una pertinaz lluvia obligó trasladar la celebración hacia el Cine Popular, ubicado frente al pequeño parque. Por mi condición de presidente de la SCJM, por haber trabajado duro en la celebración, porque lo deseaba y porque entre la mayoría de los organizadores no cabía duda alguna sobre quien debía decir las palabras para saludar el nuevo 28 de enero, preparé una pequeña intervención teniendo en cuenta la hora y la importancia de la celebración. Casi al terminar la actividad y cuando nos disponíamos a salir, me hacen conocer que no era el elegido para decir las palabras; el Partido Municipal, en "su insuperable sabiduría", me despojaba del honor y lo ponía en manos de un colega que, si bien no lo hizo mal, en su fuero interior sabía no le correspondía. Pocas veces he sentido dolor cuando las decisiones políticas me han lastimado; empero, en esta ocasión -lo reconozco-, me dieron duro; de todos modos, como de Varela aprendí que el patriota tiene que tener mucha fuerza para poder soportar injusticias de este tipo y de Martí, que todo aquel que lleva luz se queda solo, disimulé la tristeza, marché hasta el busto del Apóstol, canté el himno a todo pulmón y sentí pena por aquellos que no saben que decisiones de este tipo no hacen más que robustecer mi espíritu, porque cuando de Cuba, Martí y Manzanillo se trata soy como la estaca, que mientras más le dan, más se encaja. Copio ahora lo que aquel 28 de enero me impidieron leer:

 

Apóstol, Maestro y Padre Espiritual de la Nación Cubana; trémulos por la emoción y sobrecogida el alma porque tu numen nos alienta, llegamos ante ti, cubanos y puertorriqueños para culminar este necesario y justo homenaje; pues las "Antillas se salvan juntas, o se hunden juntas", y si alguien cree imposible el gesto, para ellos tu apotegma: "ya es digno del cielo quien intenta escalarlo".

Mucho podríamos decirte, también inquirir; pero, dos preguntas bastan para el diálogo que no debe ni puede terminar aquí. ¿Quién ha visto que el marinero desecha su brújula, el caminante su mapa, el soldado su fusil, la nación su mejor hombre?

¿A quién perteneces Maestro? A todos los hombres. Por el amplio diapasón ecuménico de su legado, la estatura resulta planetaria; por ello, el epíteto del Más Universal de los Cubanos no es gratuito; empero, a ningún grupo de hombres, por heredad y obra, resulta más legítima su pertenencia que a los cubanos -a todos los cubanos-, los de dentro y los de fuera; pertenecerá como ninguno a los que hagan refulgir verdades como esta: Libertad es el derecho que todo hombre tiene a ser honrado, y a pensar y hablar sin hipocresía; o estén dispuestos a morir por la libertad verdadera; no por la libertad que sirve de pretexto para mantener a unos hombres en el goce excesivo, y a otros en el dolor innecesario; acompañará, sin duda alguna, a los que no rehúsen la amistad de pobres y negros, se juntará con los que proclamen que "[?] sólo obedeciendo estrictamente a la justicia se honra la patria", marchará con los que no creen "[?] inútiles la verdad y la virtud"; por cuanto él vivió y murió como debía: "[?] abrazado a la verdad." Así pues, los cubanos -de dentro y de fuera-, que desoyendo tales esencias pretendan, bajo la advocación de Martí justificar actos y posturas, no hacen más que desnaturalizar su legado, y, por amarga derivación, desfigurar el paradigma mayor y más útil de estos antillanos; pero no Maestro; Dios no ha de querer que los necios sean sabios dos veces; nos abriremos paso a golpes de verdad, porque contra ella nada dura.

¿Con quién estás Maestro? Con nosotros; pero no sólo con nosotros, estás en nosotros, entre nosotros. En cada sonrisa de infante esparcida al viento, en cada vida salvada, en cada ignorancia defenestrada, en cada vicio decapitado, en cada auxilio ofrecido. Desde hace aproximadamente 13 años, estás más cerca de nosotros que nunca; en tanto, la apropiación de los orígenes cubanos se nos ha revelado como la más genuina ruta de salvación; la cual, nace en Varela, se encumbra en Luz, contigo se sublimiza, con Mella se glosa, con Villena se canta y con los Mártires del Centenario truécase en épica; pues ellos entraron en combate -entre otras cosas-, por tu "dulce mirada". Cierto, no todo ha sido como soñaste; "las cosas de hombres, hombres son quienes las hacen"; y "Si el gobierno yerra, se le advierte, se le indica el error, se le señala el remedio, se le razona y se le explica", y si a pesar de ello el yerro se mantiene, no tenemos derecho de abjurar de la lucha, porque los errores de la justicia, no autorizan a las almas de buena cuna a desertar de su defensa. Hoy en Cuba, los caracoles de la playa no necesitan llamar a los indios muertos, ni las palmas necesitan mandar, ni los montes cerrar -falda con falda-, el camino a los perseguidores de los héroes, porque entre los cubanos vivos hay tropa bastante para el honor.

Nos despedimos Maestro, pero tú vienes con nosotros. Tu futuridad nos acompaña ahora y siempre, refundiéndose, acrisolándose, mezclándose en nuestro ser, como la nervadura esencial de la cultura cubana. Y en esa constante actualización, clamo, -e invito a clamar conmigo-, porque el que clama vale más que el súplica, esta máxima de vida:

PATRIA CON TODOS Y PARA EL BIEN DE TODOS Ó MUERTE.
POR CUBA Y CON MARTÍ, VENCEREMOS.

 

De la USF regresé con una intención en ciernes de importancia para la conservación y difusión del patrimonio documental cubano. En un lapso de seis meses, y a través de correspondencia electrónica, fue configurándose un proyecto consistente en verter a formato digital la documentación existente en la Biblioteca Nacional José Martí y el Archivo Nacional (ANC), relacionada con Tampa y vinculada a la última guerra de independencia de Cuba; por supuesto, copia de todo lo digitalizado quedaría también con nosotros. Los norteamericanos aportarían el capital, unos 15,000 dólares para compra de tecnología; mientras el archivo de Manzanillo sería el encargado de crear la herramienta informática para la materialización del proyecto, parte del convenio que cumplimos cabalmente con la creación de "Papiro", un software para la gestión y administración de documentos de archivos; el cual, con el tiempo ha evolucionado hasta convertirse en una herramienta libre y gratuita rebautizada con la gracia de Tocorux, en evidente alusión al ave nacional -el Tocororo-, y al sistema operativo GNU/Linux.

El proyecto englobaba también el intercambio de especialistas y la realización de un taller en la USF sobre la archivística en Cuba, estado actual y perspectivas al cual debía asistir. Para el mes de julio del 2003 el proyecto estaba a punto de quebrarse y se quebró, no precisamente por la contraparte norteamericana; sino, por la cubana, en tanto la Biblioteca Nacional dijo no estar interesada y el ANC, en boca de su directora -y con no poca fanfarronería- expresó "[?] nosotros no hacemos proyectos por menos de 50.000 dólares"; influyeron también en este fracaso, las diferencias entre dicha funcionaria y la extinta Dirección General de Archivos (DGA). Así, de golpe y porrazo, producto de caprichos y personalismos, se iban a pique meses de trabajo y la posibilidad de estrechar lazos con el mundo académico estadounidense.

En septiembre del propio año, inmerso en el trabajo cotidiano, visitaba el Museo Municipal. Hasta allí fue a buscarme una funcionaria del Partido pues le habían dado la tarea de investigar un anónimo llegado al Comité Municipal en el cual se hacían graves imputaciones a mi persona; ella, apenada, me refirió le resultaba enojoso todo aquello pero debía cumplir con su encomienda. Le pedí me mostrara el papel -escrito a máquina-, y de inmediato supe de dónde provenía, al menos la información, para la elucubración de tan burda acusación. Solicité un breve plazo para hacer el descargo, aunque en verdad, hubiera sido preferible me exoneraran del amargo ejercicio defensivo porque hay insultos que no se contestan. Mis argumentos resultaron definitivamente sólidos, y la intrigante no volvería a hacer de las suyas hasta un tiempo después.

 

Manzanillo, Cuba, 11 de septiembre del 2003.
"Año de gloriosos aniversarios de Martí y el Moncada"

A: Partido Comunista de Cuba.
Manzanillo.

DE: Delio Gabriel Orozco González.
Historiador.
Director Archivo Histórico.
Manzanillo.

A continuación, y con la molestia por el tiempo que me hace perder en demostrar la ruindad de sus intenciones, expongo mis opiniones en torno a un anónimo que se trueca en libelo porque, sin ofrecer una sola verdad, se carga de mezquinas imputaciones para mostrar sus mejores armas: la envidia, tal vez la ambición y por ello la estupidez.

El único sentimiento que puede albergarse en torno a un libelista de este tipo es el desprecio y la compasión. Desprecio por lo bajo de sus métodos; compasión, porque nunca alcanzará a poseer el valor necesario de mostrar el rostro y armarse de la cualidad principalísima que requiere toda batalla por la verdad: moral.

Según el libelista, él es un "patriota" y un "revolucionario"; pero qué patriota es ese que ante hechos de suma gravedad cometidos por mí -según él-, esconde el rostro, no me sale al paso y deja que sean otros los que carguen con sus miedos. Pobre de la Patria si cuenta con libelista de esta talla para su defensa.

Algunos extremos acusatorios deben ser elucidados:

1.- "Solapado vende patria", me llama el ilustre libelista, y le pregunto entonces, ¿cómo vendo yo mi patria?, ¿a quién se la vendo?, ¿cuándo la vendo? Hay insultos que no se contestan, dijo una vez Máximo Gómez, y yo callo, porque la respuesta a esta acusación no es verbal.

2.-"Hipócrita perfecto que está cobrando un altísimo salario sin trabajar" No he faltado a mi trabajo, y cuando lo he hecho por razones sobradamente justificadas, he informado a las autoridades competentes. ¿Quién se arriesgaría a pagar un salario que no haya sido ganado con el esfuerzo? Consúltense nóminas, reportes de asistencias y autoridades económicas del CITMA para verificar tal imputación.

3.-"En el horario de trabajo cuando se presenta, es para:

-"Hacer correos (se refiere el libelista a correo electrónico) que nadie sabe a quien ni para que". El o ella (el libelista), no puede saberlo, quisiera pero no es de su incumbencia. Quiénes si lo saben son los compañeros de Seguridad Informática, que comprueban los servidores de comunicaciones de los que me valgo para la realización del trabajo propiamente del archivo y la difusión cultural.

-"Gestionar publicaciones". Evidentemente tengo que gestionar publicaciones. Soy un historiador que escribe historia; además, miembro del Consejo Editor Provincial y Editor Ejecutivo de la revista Áncora de Manzanillo.

-"Ediciones de libros". El mismo extremo de la acusación anterior.

-"Viajes dentro y fuera del país". Como historiador y difusor de la cultura cubana, he representado a mi país en dos ocasiones en el exterior (EUA) y en una gran cantidad de eventos dentro del país. Esa posibilidad, ha partido de mi trabajo, de la consagración a la investigación de la historia y cultura cubana que, de seguro, nuestro ilustre libelista, apenas conoce.

-"Conferencias". ¿Dígame ilustre libelista, cuál es el delito de divulgar mediante conferencias la historia y la cultura cubana y de la ciudad? Esa es una de mis funciones como difusor de la cultura; ofrecer, mediante la palabra, el conocimiento necesario para fundar una ética y una cultura salvadora que Ud. no entiende ni comprende.

-"Llamadas telefónicas nacionales e internacionales". Un teléfono es para usarlo. ¿A cuántos historiadores, directivos de archivo y empresas, especialistas, y otras personas tiene que llamar un director de archivo y un historiador en el cumplimiento y desempeño de sus funciones? Ah, libelista, eres hasta infantil. Y las llamadas internacionales, son hechas a pagar al extranjero, cuando colegas de profesión desean mantener el vínculo y las relaciones con los homólogos cubanos. ¡Qué lastima libelista!, parece que en el extranjero no tienes homólogos.

4.-"Su otro contenido es atender problemas personales, familiares, de computación, y muy importante: Ojo con su Sociedad Cultural José Martí". Cuánta mezquindad libelista. Así que si tengo problemas personales o familiares no puedo atenderlos; ¿tú, ilustre libelista, no tienes hijos, padre y madre?; no, yo creo que tú no los tienes. Y sobre los problemas de la computación quiero decirte que por mis gestiones, persistencia, visión y algunos conocimientos, logré que el Archivo de la ciudad fuera uno de los primeros del país en disponer y emplear en su laboreo esta tecnología de punta; la cual, seguirá disfrutando, por más que te pese. Cállate, libelista; tú no conoces a Martí; la Sociedad Cultural no es mía como aseveras y si me nombraron al frente de ella por algo será. Por cierto, libelista, ¿por qué no te nombraron a tí?; estoy seguro que no eres ni siquiera miembro, porque los de tu raza no pueden comulgar con Martí.

5.-"Este es el sentir y preocupación de muchos en el entorno: sus visitas de extranjeros, las facultades que se atribuye, el disfrute de un mérito y reconocimiento que realmente no merece". Creo, libelista, tienes problemas con las matemáticas y el español, porque el libelo lo haces tú solamente y tratas de involucrar el "sentir de muchos". Las visitas de extranjeros, producto del intercambio con profesionales de otras partes del mundo, es debidamente informado a las autoridades competentes (CDR, Seguridad del Estado), y vienen siempre recomendados por instituciones oficiales. Las facultades que me atribuyo libelista, son las de Director del Archivo, facultades que me fueron dadas, cuando la directora del Archivo Provincial, en uso de las facultades que la Ministra del CITMA le otorgó, me ratificó en el cargo de director del Archivo de Manzanillo. Y sobre el disfrute de un mérito y reconocimiento que según tú no me merezco, pregúntale a los intelectuales manzanilleros, a una parte del pueblo, a las autoridades políticas y administrativas, a organismo e instituciones estatales y no estatales, por qué me ofrecen dicha consideración. Creo, libelista, que tantas personas no pueden estar equivocadas; y es así, porque como decía Martí, "Más puede la simpatía que la envidia, porque hay sobre la tierra más flores que serpientes, y en el cielo más nubes azules que oscuridades anunciadoras de huracán".

Compañeros:

Mi conciencia, tan tranquila e incólume como el Turquino [creo que aquí exageré un poco], no se inmuta ante las injurias; pero, pide de ustedes que, sin faltar al deber de escuchar el reclamo público, exijan en casos como estos, la identidad de quien denuncia, porque, sólo la verdad, y a la luz del sol, puede conducirnos hacia la consecución plena de la justicia.

La venganza es hija de seres inferiores como el libelista; por ello, no albergo ni el más mínimo asomo de tal sentimiento; sin embargo, pido que, cuando sea analizado el caso en cuestión, se le llame a capítulo, porque no se puede ir por el mundo, disfrazado de patriota, lastimando a quienes de corazón sirven a la Patria y han hecho de ella, como Martí, razón de vida.

 

En esta oportunidad, las autoridades políticas comprendieron se trataba de una felonía y descartaron el asunto, pero la susodicha (creo que debía tener alguna perturbación mental), se dirigió a la dirección provincial de Archivo con iguales intenciones. Desde allí le explicaron y, con buenos modales, la pusieron en su lugar; sin embargo -la cabra siempre tira al monte-, cuando tiempo después reparábamos el archivo, volvió a sus andanzas hasta que no me quedó más remedio que emplazarla; al verse descubierta y frustradas sus intenciones abandonó la institución. Desde ese entonces, en el colectivo de trabajo las relaciones personales y laborales han ido de menos a más.

El bienio 2004-2005 fue intensamente creativo, también fructífero. Ediciones Orto publica los libros Después de Dos Ríos. Presencia y recepción martiana en Manzanillo, Manzanillo en los 50. Rebeldía y revolución, El órgano oriental. Señor de la música molida (en coautoría con Icel Falagán), y el ya mencionado Jesús de Nazaret. Un paradigma ético de José Martí; colaboro con la publicación del mapa histórico-biográfico dedicado a Carlos Manuel de Céspedes; la Revista del Caribe da a la luz el artículo "Martí en Manzanillo. Notas para una recepción martiana" e inicio en el canal de televisión local un programa de corte histórico titulado "Historias y Raíces"; a pesar de todo lo anterior, la presentación de la Enciclopedia Manzanillo 2005, en el coliseo principal de la ciudad, constituye un parteaguas en la labor creativa; en tanto me permite visionar y modelar una vía para que cada localidad cubana pueda, per se, contar y difundir su historia, empleando una herramienta vernácula cuyo resultado sea una Enciclopedia temática en virtud de la cantidad, variedad y profundidad de la información ofrecida. Las enciclopedias generadas con Alarife -software constructor de las Enciclopedias-, pensadas para la realidad insular, resultan multiplataforma, portables y de fácil manejo, nada que ver con los productos emanados de los grandes centros de poder económicos, políticos o tecnológicos. A este empeño he dedicado, dedico y dedicaré horas, esfuerzo físico y mental, recursos financieros o como dice una canción romántica: alma, corazón y vida, porque concretar su ejecución en cada rincón del verde caimán no es cuestión de horas; no obstante, lo logrado hasta ahora: la Enciclopedia Manzanillo, la dedicada a Carlos Manuel de Céspedes y los proyectos en curso de las Enciclopedias de Bayamo, Niquero y la Martiana, no hacen más que disponer el ánimo, como el Quijote, para la pelea contra los molinos.

Servir a Manzanillo es en mí devoción inequívoca, a quien me lo quiere le digo hermano. A mediados del 2005, después de haber escrito el ensayo "Morir por la patria no es el único modo de vivir por ella", texto que hice llegar a las máximas autoridades del país, decidí escribir nuevamente a Fidel Castro; ahora, el objeto era único y bien definido: demostrar la necesidad apremiante de multiplicar la provincia para potenciar el desarrollo integral de Manzanillo y la región del Guacanayabo, toda vez que la División Política Administrativa de 1976, si bien favoreció el despunte de otros sitios dentro de la geografía antillana, no produjo el mismo efecto en nuestros predios. Copia de la carta fue entregada a la direcciones municipales y provinciales del partido; días después, como resultado de la misma, fui citado a una reunión con el Ideológico del Partido Provincial y el Primer Secretario en el municipio. Larga fue la plática, cerca de dos horas -también estaba lloviendo a cántaros-. Cada cual expuso y defendió con respeto sus opiniones y puntos de vista; al final, el Ideológico me hizo saber que la conversación era muestra de la confianza que la Revolución había puesto en los intelectuales y en este caso particular en mí; no obstante, la bala quedó en el directo y no pasaría mucho tiempo sin que fuera disparada.

En el 2007 se celebraría el 215 aniversario de la ciudad, empero, si queríamos hacer algo verdaderamente digno, teníamos que pergeñar adecuadamente las intenciones; por tales razones, desde un año antes ideé iniciar la movilización. Increíblemente, la exposición hecha ante más de cien directores de empresas, organismo e instituciones de lo pensado y soñado para Manzanillo, fue el motivo escogido para colocarme en el paredón y abrir fuego. La carta de denuncia que por aquellos días circulé deviene cronista de hechos y razones.

 

Manzanillo, Cuba, 31 de mayo del 2006.
"Año de la Revolución Energética en Cuba".

Fidel Castro Ruz.
Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros.
República de Cuba.
Su despacho.

Estimado compatriota:


A no dudarlo, difícil se hace escribir esta carta porque en la meditación sobre sí mismo se puede caer en el pecado de la inmodestia; sin embargo, como nada pido para mí, quedo absuelto de cualquier imputación, limítome pues, a exponer hechos y denunciar lo que a ojos vistas es una expresión de yerro político, manipulación malintencionada y dañina prepotencia; sin embargo, ninguno de los sentimientos que dentro de mi se agitan quebrarán mi fe en Cuba, en la verdad, el coraje y la coherencia entre pensar y obrar, decir y hacer que siempre he tratado de mantener; mucho he aprendido del hombre de la Cruz y del de Dos Ríos para traicionar cosas que me resultan sagradas: Dios, familia y patria es la trinidad que vivifica mi ser: libertad, justicia y verdad las ideas que me animan y acompañarán hasta el último aliento. Mi epitafio está escrito y si le permitieron leer el artículo que le envié sabrá que si no caigo en una trinchera, sobre humilde losa en el cementerio de Manzanillo habrá de escribirse:

"Aquí yace Delio Orozco,
epígono del Cristo y de Martí
soldado de la libertad,
defensor de la justicia,
amador de la verdad,
y por descontado Hijo de Cuba."

Por lo antes dicho, por Manzanillo y sus hijos, mas no sólo por ellos, sino, por todos los que en Cuba resultan víctimas de injusticias como éstas, es que levanto mi verbo y mi alma, que no se vende a la ambición ni al bienestar personal y no padece el miedo infame de la desdicha, para denunciar y pronunciarme porque los errores de la justicia no autorizan a las almas de buena cuna a desertar de su defensa.

Me desempeño como Director del Archivo Histórico de Manzanillo y funjo -no finjo-, como Historiador de la Ciudad, pues, si bien no tengo el nombramiento oficial, todos los conciudadanos me conocen como tal en virtud de la obra que en defensa de la historia y la cultura de la ciudad he venido desempeñando desde el año 1994, fecha en la cual falleció Wilfredo Naranjo Gauhtier quien, como yo, se desempeñaba como Historiador de facto en virtud de la obra realizada, al fin y al cabo, la más importante. Por cierto, la Asamblea Municipal del Poder Popular estuvo a punto de nombrarme oficialmente en el año 1997, pero la decisión del Primer Secretario del Partido en ese tiempo se interpuso como veto imperial pues, según él, yo no ocultaba mi creencia en Dios.

Cuando el 8 de septiembre del 2004 se inauguró el Telecentro Golfo-Visión de la ciudad de Manzanillo, el Primer Secretario en la provincia se me acercó y dijo: ¡Que la historia se apodere de este lugar!, le respondí: Así será. Para ese entonces, el proyecto del primer programa que salió a contar la historia de la ciudad estaba hecho: "Historias y Raíces", el cual, primero con 15 minutos y luego como una sección de 5, ha contado y descubierto un mundo ignorado para muchos de mis conciudadanos; así lo han proclamado todos aquellos que se han servido y aprendido de él.

Concordando con Martí en el hecho de que cada cual se ha de poner a la obra del mundo a lo que tiene más cerca, no porque lo suyo sea, por ser suyo, más fino y virtuoso que lo ajeno, sino, porque el influjo del hombre se ejerce mejor y más naturalmente en aquello que conoce y de donde le viene inmediata pena o gusto, he erigido el servicio a la ciudad de Manzanillo en el sentido de mi vida, además, porque del propio Apóstol aprendí que un hombre que no dice lo que piensa o no expresa lo que siente no es un hombre honrado y como creo firmemente que la actual División Política Administrativa ha dañado a Manzanillo, escribí a Ud. dos cartas, donde le exponía la conveniencia y necesidad de multiplicar la provincia o crear dos regiones administrativas independientes. De la primera carta envié copia al Primer Secretario del Partido en el municipio Luis Virelles Barreda y al Primer Secretario del Partido en la Provincia Lázaro Expósito Canto.

Ahora bien, producto de la carta a Ud. enviada, se me citó a un diálogo con el 1er. Secretario en el municipio y el Ideológico del Partido Provincial, espacio en el que me "aconsejaron" no hiciera públicas mis ideas y creencias en torno a la División Política Administrativa, en tanto, según su enfoque, yo era el equivocado, quedando entonces como espada de Damocles pendiendo sobre mi cabeza la advertencia de que si yo me apartaba de la línea ideológica de la Revolución ellos se verían en la obligación de cerrarme los espacios públicos de los cuales me valía para difundir la historia y cultura de la ciudad. Les respondí que tenían toda la razón, que la Revolución tenía todo el derecho y la obligación de defenderse; sin embargo, les aclaré tuvieran clara conciencia de que una cosa era apartarse de la línea ideológica de la Revolución y otra, decir verdades que pudieran cuestionar el mal trabajo de funcionarios o políticos porque, antes como ahora, la verdad tiene muchas aristas y por donde quiera que pasa hiere.

En febrero del presente año, entregué al Primer Secretario del Partido en el municipio -después de haberla presentado en la Comisión de Asuntos Históricos del Partido-, una Propuesta de Proyecto (Vea el adjunto), para celebrar el 215 Aniversario de la ciudad de Manzanillo que fue bien acogida por él. Luego, le inquirí en qué marco podríamos hacerla pública y me dijo que en la Reunión de Directores de Empresa y el jueves 25 de mayo en horas de la tarde así se hizo, mas, el Primer Secretario en el municipio no pudo estar presente porque estaba en una teleconferencia en la Dirección de ETECSA.

En la presentación, con el ánimo de levantar el espíritu de los presentes y explicar por qué debíamos trabajar con fervor por esta celebración, dije verdades de las que no sólo estoy convencido, sino, que resultan tan evidentes que devienen axioma:

-Estamos marcados por una maldición municipal...
-Nuestra ciudad es una ciudad en ruinas... (la arquitectura)
-Los diputados de la Asamblea Nacional deben tener conocimientos del proyecto porque le dimos nuestro voto, no sólo para aprobar y defender los intereses del país, sino para apoyar y defender los de las localidades, toda vez que como ciudadanos simples no podíamos llegar hasta el parlamento y ellos sí...

Cuando terminé la exposición de razones y la Propuesta de Proyecto, pedí disculpas por si el verbo había resultado acerbo para algunos, pero no podía hablar de otro modo si no era diciendo lo que pensaba y expresando lo que sentía.

Al otro día, me llamó el Primer Secretario del Partido en el municipio para decirme que no había recibido ninguna impresión positiva de mis palabras por parte de los asistentes a la reunión del día anterior y le precisé algunos extremos, señalándole que era una pena no hubiera asistido a la reunión o no se hubiera grabado para que el oyera exactamente lo que dije; me dice entonces que se crearía una comisión y me darían respuesta.

Hoy 31 de mayo, solicita mi presencia la Directora de Golfo Visión para informarme que por decisión del Partido Municipal, incluso se convocó nuevamente a los Directores de Empresas a una reunión presidida por el Primer Secretario, se me prohibía seguir haciendo el programa de televisión y se daba por terminado un contrato que finiquita en el mes de septiembre de este año. Con posterioridad conozco que la prohibición se extiende a la radio e incluso se me niega la posibilidad de hacer recorridos históricos y enseñar la ciudad a los interesados en conocerla.

¿Cuántas arbitrariedades? Muchas.

1.-¿No le dijeron al Primer Secretario o no quiso oír, que creí oportuno, en virtud de la fecha de fundación de la ciudad (11 de julio), vincular el 215 aniversario de la ciudad de Manzanillo a la Emulación por la Sede del 26 de Julio?

2.-¿No le dijeron al Primer Secretario o no quiso oír, que si bien 5 ó 6 personas abandonaron el local en probable o total desacuerdo con mis palabras, la mayoría de los cerca de 100 directores o representantes de éstos que allí estaban permanecieron en la sala?

3.-¿No le dijeron al Primer Secretario o no quiso oír, que cuando terminé mi exposición muchos aplaudieron?

4.-¿Qué tiene que ver mi opinión sobre la DPA con el programa televisivo Historias y Raíces, si jamás en ese medio he expuesto mis opiniones sobre el tema?

5.-¿Qué objetivo se persigue y que rasero ético se asume cuando se censura el acto probo de expresar lo que se siente y decir lo que se piensa?


6.-¿Por qué no se me invitó al análisis previo de la comisión creada para que pudiera expresar mis opiniones y dar mi versión y a la posterior reunión con los Directores?

7.-¿No expuse mis razonamientos en un marco adecuado: los directores de empresa de Manzanillo -cuadros del estado, no marginales ni enemigos-, responsables en gran medida del desarrollo de la ciudad e implicados directamente en la ejecución del proyecto que se exponía?

8.-¿Por qué se obliga al telecentro en virtud de presiones -como cuando Cuba tiene un contrato ya firmado con una empresa y ésta por temor a sanciones de EUA lo rompe-, a violar la ley que debe ser el santuario de la República?

9.-¿Por qué se contraviene el artículo 53 de la Carta Magna que reconoce la libertad de palabra y prensa a los ciudadanos conforme a los fines de la sociedad socialista, si en nada mi exposición laceró, dañó o menoscabó dichos fines?

Otros cuestionamientos no harían más que evidenciar la mala fe o la incorrección de la decisión tomada; pero no padezco, la verdad es mi escudo, mi conciencia mi juez y nada ni nadie podrá quebrar mi fe y amor por Cuba y Manzanillo. Lo he probado, no sólo aquí, sino, cuando en los Estados Unidos he defendido ante claustros académicos nuestra historia y cultura. Tal pasión no se debilitará porque alguien con poder político zahiera, soy un convencido de que todo el que lleva luz se queda solo. Lo más lamentable de todo es el daño que se le hace al conocimiento y difusión de la historia de la ciudad, pues si bien otra persona puede asumir el programa, mi experiencia (16 años de trabajo vinculados a la historia de la ciudad), y obra (5 libros y varios artículos sobre Manzanillo), no resultan curriculum envidiable, mas, tampoco despreciable.

Finalmente, no a Ud., sino, a los que con tanta frecuencia lo citan y enarbolan como bandera, les recuerdo interioricen la frase del teniente Sarría al instante de capturarlo después del asalto al cuartel Moncada: "No tiren, que las ideas no se matan".

Queda de Ud. con toda consideración y respeto:

Su compatriota:

Delio G. Orozco González.
Historiador.
Director Archivo Histórico.
Manzanillo, Cuba.
Teléfono. 5-7148.

 

Jamás había sentido, como en esos días y meses subsiguientes, el afecto y el apoyo del pueblo. Personas de todo y tipo y procedencia -conocidas o no-, se me acercaban para ofrecerme su solidaridad, para criticar lo injusto e impolítico de la decisión y la forma autoritaria -casi feudal-, con que el Primer Secretario rompió en público el proyecto... un proyecto para Manzanillo. Salía de la casa minutos antes de las 8 de la mañana y en un tramo de no más de cuatro cuadras me demoraba 30 ó 40 minutos, aquel me decía: "¿qué es lo que hay firmar?", el otro: "estoy contigo", la señora con su hija: "es increíble lo que hacen estas gentes"; y así, explicando y agradeciendo tantas muestras de solidaridad, comenzaba mi jornada diaria.

El Comité Municipal de la UNEAC; por su parte, escribió una carta de alerta a las autoridades señalando las posibles consecuencias negativas que una decisión de este tipo podría acarrear, pero no fue escuchada y, lamentablemente, el diferendo fue extendiéndose hasta trasvasar las fronteras nacionales.

El panorama se tornó más complejo cuando se supo que la provincia Granma había ganado la sede por el 26 de Julio; pues la casi totalidad de los manzanilleros sintieron que el único beneficiado había sido Bayamo; la protesta silenciosa, verificada en el desánimo con que se recibió la noticia por la festividad surtió efecto; las autoridades políticas comprendieron el mensaje y la mirada se tornó hacia nosotros. La lucidez política con que Lázaro Expósito enderezó el entuerto habla de su calibre como cuadro del estado cubano; querido por el pueblo y justipreciado por personas que no comparten las ideas revolucionarias como Fernando Rasberg -corresponsal de la BBC en La Habana-, quien publicó un artículo titulado "Clonemos a Lázaro Expósito", rubrica la anterior afirmación; y es que el liderazgo se gana, se obtiene con el ejemplo y el trabajo, la condición de jefe no, ésta resulta simple nominación y muchas veces desacertada. La expresión de satisfacción de muchos santiagueros (no olvidemos que muchos aspiran la "s") por el trabajo que "Pósito" ha hecho desde que llegó a la indómita tierra, no es gratuita: el pueblo raramente se equivoca. No debe olvidarse que los hombres, como los árboles, se conocen por los frutos.

La presiones sobre mí continuaron. Recibí la visita de la dirección del CITMA en la provincia para cuestionar mi postura; era -según ellos-, un mal ejemplo el que daba al enfrentarme al Primer Secretario; les respondí que yo no era el culpable, que era mi respuesta ante un acto arbitrario e injusto y, que si tenía que hacerlo mil veces, mil veces lo denunciaría; reflexioné: ¿es que acaso Cuba se callaba -por pequeña-, en los foros internacionales y abdicaba de su deber de proclamar la verdad y denunciar la injusticia?, ¿es que acaso Cuba cayó y aceptó sumisamente cuando la URSS, de forma inconsulta, retiró los cohetes nucleares durante la crisis de octubre? ¡No, verdad!, pues entonces, yo tampoco. Reconocí que debí haberles hecho llegar la carta personalmente; sin embargo, no era fácil para mi, en aquel momento, hacer todo de modo impecable.

Algún tiempo después me sorprende una inusitada citación militar. Acudo al Estado Mayor Militar y todas las irregularidades que allí se produjeron me permitieron deducir, con toda precisión y lógica, que aquello no era más que una componenda para alejarme del marco social por espacio de 45 días y al mismo tiempo, castigarme. Sin embargo, pude conjurar la intentona; a aquellos oficiales de las Fuerzas Armadas no les faltó honor ni sentido común.

La carta fue enviada, entre otros, a la Asamblea Nacional del Poder Popular y, de allí, a través de su homóloga en la provincia, recibí respuesta. La indicación del alto órgano gubernativo hablaba de la necesidad de darme explicación y ello incluía una satisfacción personal de parte de quiénes me habían conculcado; y aunque nunca la recibí -era de esperar-, tampoco la pedí; eso sí, me fueron restituidas las oportunidades de servir a los míos. El día 6 de octubre de ese mismo año, el periódico Granma publicó, en la tercera página y casi a toda plana, el artículo titulado: "Una división que merece ser revisada"; lo entendí y en verdad era una respuesta pública, además la confirmación -emanada de la más alta dirección política del país-, de que no puede constituir delito hablar de la DPA y mucho menos cuando ello significa mejor calidad de vida para los semejantes.

En este maremágnum de acontecimientos Fidel Castro enferma de gravedad; yo, que más de una vez le había escrito para resolver, proponer y analizar temas de la más variada gama, no podía dejar de expresarle mi pesar por su estado de salud. La consecuencia -como condición ética-, es respetable, no podía pues, obrar de otra forma. Hice una carta pública que envié a muchos órganos nacionales y provinciales de prensa los cuales publicaron una o dos oraciones; sin embargo, la Biblioteca Nacional "José Martí" la publicó íntegramente en su portal.

 

Manzanillo, Cuba, 1º de agosto del 2006.

Fidel Alejandro Castro Ruz.
Presidente de la República de Cuba.

Comandante:

Contrariando mi costumbre de referirme a Ud. atendiendo a los grados militares que ostenta, inicio esta carta espoleado, no puede ser de otro modo, por esa empatía que atrae a los hombres seducidos por las ideas de libertad y justicia.

Más de una epístola y un texto le he escrito; en ellos he solicitado, ofrecido, argumentado y analizado temas que van desde la propuesta al nombre de un año, pasando por la necesidad de modificar el actual trazado geopolítico del país, hasta un tema que para muchos resulta tabú: el destino del país después de su partida definitiva. Por ello, injusto y desleal sería si en estos momentos de enfermedad corporal, no le extendiera mi solidaridad e hiciera partícipe de mis preces al Creador por el alivio del mal que le aqueja y el pronto y total restablecimiento de su salud para que pueda seguir haciendo lo que debe y quiere hacer todavía.

Comparto, desde la intimidad humana, las preocupaciones de sus familiares al verle en una cama; las públicas, sabe Ud., está de más decirlo: para ambos, como para otros muchos, Cuba es alfa y omega.

No quiero ni debo agobiarlo con peticiones, primero lo primero: sane. Luego, Ud. de conjunto con el pueblo que le estima, respeta y admira, que por cierto es la mayoría, reflexionará sobre lo ocurrido en esta ocasión y de consuno, en diálogo amplio y franco como sabe hacerlo, llevará al espíritu de la nación la calma y la comprensión de un hecho inevitable, además de buscar entre todos el camino que permita al país -cuando físicamente ya no esté entre nosotros-, mantener no sólo el proyecto que se construye; sino, mejorarlo, perfeccionarlo, superarlo; pues, si bien esa circunstancia está prevista constitucionalmente, en el fuero interior de millones de "fidelistas" cubanos, no está asumido emocional ni racionalmente; en tanto, los hombres aman a quien los dirige con firmeza y justicia. Créame, hablo de la muerte con esta naturalidad no por morbosidad o impiedad, sino, por la firme convicción de que la muerte no es más que un cambio de misión; sin embargo, como desde los predios etéreos nos es imposible actuar de forma tal que los hombres acaten el mandato heredado, obligatorio es prever, porque en prever, está todo el arte de salvar.

Aquí termino y déjolo descansar; soy un convencido de que nadie muere el día de la víspera, y aunque no soy adivino, presiento no es esta su víspera; además, maldiciones de burro no llegan al cielo; ¿el burro no es la mascota del Partido Republicano?

Mis deseos de larga y lúcida vida. Que así lo quiera Dios.

Delio Gabriel Orozco González.

 

Si bien para octubre de este año ya pude trasvasar el umbral de Radio Granma, no sería hasta septiembre del 2007 que logré nuevamente llegar hasta los estudios de Golfovisión (canal de televisión local), para diseñar un programa parecido al anterior. Ahora, con una duración de cinco minutos y el nombre de "Caminos", quería desandar, con todos mis conciudadanos, una historia y cultura que nos distingue y ahíta el orgullo de pertenecer; mes y medio atrás, en el Hotel Venus de Manzanillo, convertido ahora en base para el desarrollo de las Artes Escénicas en el oriente del país, Lázaro Expósito había reconocido -ante una pregunta de Abel Prieto-, mi condición de Historiador de la Ciudad, y no como pieza de trueque para conseguir un "adecuado" comportamiento de mi parte; sino, como reconocimiento a mi formación profesional y a una obra historiográfica cuya trayectoria ha tenido un núcleo esencial: Manzanillo y Martí.

Viví con gusto los 365 días del 2008. Trabajé con Edesio Alejandro en el documental los "100 sones de Cuba" y con Arturo Sotto en el suyo titulado "Bretón es un bebé o nosotros los cubanos"; la Sede Universitaria Municipal me distinguió por partida doble teniendo en cuenta mi labor y participación en el campo de la ciencia y la técnica; el CITMA en la provincia premia el resultado científico "Enciclopedias digitales: vía para la difusión y socialización del conocimiento histórico y cultural en Cuba"; y en julio, asisto al V Simposio Internacional de la Actividad Subacuática en Santiago de Cuba, con motivo del 110 Aniversario de la Guerra Hispano-Cubano-Norteamericana. En dicho encuentro sostuve emocional debate con los descendientes de Pascual Cervera; pues, en un momento del encuentro, celebrado en el Salón de Protocolo de la Plaza Antonio Maceo -donde sentí su numen-, pareció que los cubanos habíamos sido crueles en nuestras guerras de independencia y los colonialistas españoles, todos hombres de pundonor. Salté como un resorte y apropiándome de los versos de Silvio Rodríguez, pedí con energía me perdonaran los muertos de mi felicidad, porque fueron los colonialistas españoles quienes fusilaron al anciano Hilario Tamayo -primera víctima de la guerra del 68-, y le cortaron las orejas por decir: ¡Viva Cuba Libre!; fueron colonialistas españoles los que en un acto de desvergüenza suprema fusilan un hijo y después piden al padre traicione a los suyos; fueron colonialistas españoles quienes asesinaron ocho estudiantes de medicina inocentes; fueron colonialistas españoles quienes -por espanto y temor al ejemplo-, quemaron el cuerpo de un diamante con alma de beso; fueron colonialistas españoles quienes masacraron los expedicionarios del Virginius y fueron colonialistas españoles quienes, con un fascista aplaudido y condecorado al frente, arrancaron al pueblo de Cuba en la última gesta libertadora, la pasmosa cifra de 300,000 víctimas de una población que apenas alcanzaba el millón de habitantes; también es cierto, esos colonialistas nada tenían que ver con la España de Cervantes, Unamuno, Ibárruri, Miguel Hernández, Machado y Lorca, que también es nuestra.

En marzo, la membresía de la UNEAC en la provincia me elige -junto a otros colegas-, delegado al VII Congreso de la UNEAC. Fue en mi opinión un buen congreso, no porque lo haya dicho Raúl Castro en la clausura; sino, porque se habló y dijo con pasión, sin cortapisas o presiones, y si después algo o mucho de lo discutido no se ha hecho firme, responsabilidad tenemos todos por falta de empuje, iniciativa, constancia o valor; recuerdo un amigo muy "fidelista" -Pitágoras Chávez-, (que no era fanático, porque según él no había nada más parecido a un fanático que un "fanoso") me decía: "Para ser revolucionario hacen falta cinco h: ser honesto, ser humilde, ser honrado, ser humano y tener huevos". Algo faltó en el Congreso, y fue la cobertura internacional de prensa; pues, aunque bastante se difundió no todo salió a la luz en ese momento; tiempo después, la UNEAC publicó en su portal todas las intervenciones. Ahora trasunto la mía, del mismo modo en que el alma lanzó las palabras a los labios:

 

Animado por la pregunta de Humberto Eco, ¿deben los intelectuales participar en política? Respondemos, no sólo en política, también en economía, en educación, en cultura, en gobierno.

De modo que el tiempo apremia voy rápidamente a plantear las cuestiones que creía debían ser analizadas y proponiendo a su vez una solución. Decía Enrique José Varona que todo el mundo prevé catástrofes, pero nadie ofrece soluciones. Son sencillas propuestas vistas desde la Cuba profunda a los problemas que a todos atañen.

Estamos en un estado de derecho y con excepción de quizás esta sala y algunos otros núcleos, muy pocos conocen el contenido de la Carta Magna de la República de Cuba; muy pocos conocen cuantos son sus capítulos, sus artículos, cuáles son sus deberes y cuáles son sus derechos.

Del mismo modo que se publicó la Biblioteca Familiar es posible también volver a publicar y a publicitar la Carta Magna para que se conozcan derechos y deberes, para que nadie sea capaz o se permita llenarlos y otros puedan con su conocimiento ser capaces de defenderlos.

La televisión por su parte antes de que sea nuevamente reintervenida [me refería a la exposición hecha por Amaury Pérez], o mejorada puede asumir un curso sobre Educación Cívica y Ciudadana, que se conozcan cómo están compuestos los poderes de la nación, cuáles son los organismos y las organizaciones, sus funciones, cuál es la estructura del país para que las personas aprendan, comprendan y puedan defender porque nadie da lo que no tiene ni ama lo que no conoce.

Decía Martí que todo lo que es, es símbolo. Me duele ver cómo muchos jóvenes usan la bandera de la barra y las estrellas, pero no solamente esa, usan muchas otras. Para mí eso no constituye una aberración, lo constituye sí no lucir la nuestra de manera preferencial.

Hay una explicación para eso y es que un padre que gane 470 pesos o 400 pesos no puede abonar 8 ó 10 dólares para comprar un pullóver a su hijo que tenga la bandera, la insignia en el pecho o en una gorra para que la lleve en la frente.

Por eso me permito apropiarme de los versos de Joaquín Sabina y decir: que lucir mi bandera no cueste tan caro que mostrar la ajena no valga la pena.

Por suerte las prohibiciones han comenzado a levantarse, pero nadie sabe, puede que en un futuro haya que hacer nuevas prohibiciones, ojalá que no, pero si así sucediese prefiero ser excluido por dinero y no por mi condición de cubano.

La Constitución de la República asume que un cubano debe tener solamente una ciudadanía, no quiero perder la mía ni estoy dispuesto a perderla, pero que no sea la condición de cubano la que nos excluya de los beneficios del país y de vivir en el país, porque justamente es ese sentir el que nos hace cubanos y es doloroso que por ser cubanos se nos excluya.

Finalmente, algo que quiero rápidamente reflexionar sobre Nación y Revolución. Estoy plenamente convencido que el fin es el país, que el medio es la Revolución. La Revolución es el medio que se han dado los cubanos de estos tiempos para mejorar al país y si tenemos conciencia que la Revolución tiene 50 años, entonces antes de la Revolución hubo país, con la Revolución hay país y después de la Revolución habrá país.

Para desgracia de los enemigos de Cuba es la Revolución lo que mejor le ha sucedido al país después que el genovés plantó sus plantas sobre esta ínsula. A nosotros corresponde hacer que la Revolución siga revolucionando y la prensa que si bien no es panacea universal, sí puede convertirse y debe convertirse en el cuarto poder.

Debemos permitir una inclusión participativa en todos. Refiérome a la máxima del Conde Romanone cuando decía que en política hay que sumar todo lo que se pueda, no restar nada; multiplicar con cuidado y si hay que dividir a alguien hasta hacerlo polvo es al enemigo.

Por tanto, la prensa debe convertirse en ese cuarto poder, no solamente los órganos de prensa nacionales, sino también en los provinciales, en los municipales, donde se libra la batalla por la cultura cubana, ahí en el barrio, en la comunidad, con la gente que sufre, que padece, que ama y que vive al país e indiscutiblemente es esa una prensa que aconseje, que señale, que sugiera, que critique y que denuncie que de eso se encarga entonces el poder judicial que ella, cumpliendo su misión puede hacerlo.

No nos debe arredrar la falta de opinión, sino justamente eso es lo que nos debe preocupar, no el exceso de la opinión, porque la prensa tiene que convertirse en un símbolo de la nación, en un proyecto de inclusión en el que todo el mundo no solamente pueda participar y hablar, sino se vea representado, porque no son solamente los problemas culturales, sino los problemas existenciales de la gente. Que se vea reconocido cuando se trata un problema cuando tiene que ver con el barrio, con la casa, con el trabajo, con la remuneración.

Evidentemente es lo que tenemos que hacer, una prensa en Cuba, por Cuba y para Cuba, lógicamente desde Cuba.

Para mí y para muchos de los que aquí estamos y no me atrevo a decir la generalidad, porque toda generalización constituye gran equivocación, fundo y refundo porque esa es la cultura cubana, aquellas palabras de José Martí en noviembre de 1891, cuando llega por vez primera a Tampa y el momento en que empezamos a enterrar nuestros muertos después de la Coubre.

Patria con todos y para el bien de todos o muerte, por una Cuba más justa, más justiciera, más libre y más libertaria. Venceremos.

 

No recuerdo exactamente cuando fue -quizás en febrero o marzo-, se personó en casa una joven manzanillera, residente en Ciego de Ávila; venía con el deseo de que le diera datos para preparar un trabajo sobre la ciudad. El estado de deterioro citadino la había conmovido y no tenía claridad sobre qué hacer, pero lo que si tenía era ganas de hacer algo y a ello se entregó en cuerpo y alma. Para el verano había terminado un expediente que entre los dos titulamos: "Propuesta para el desarrollo integral de Manzanillo y la región del Guacanayabo, incluidos los municipios de Yara y Bartolomé Masó, a partir de la multiplicación provincial. Razones y sentimientos". El texto presentaba pifias y deslices que subsané porque la pretensión era entregarlo -como lo fue personalmente-, a las más altas estructuras de poder de la nación: Consejo de Estado, Consejo de Ministros y Asamblea Nacional del Poder Popular; Ariatna Zayas, que así se nombra la valiente trigueña, lo entregó también en la Oficina del Comandante Guillermo García y llevó una copia a Temis Tassende, la hija de José Luis Tassende de las Muñecas. Ya terminada la corrección, tuvo la idea de recolectar firmas para buscar apoyo a nuestros esfuerzos y con la ayuda de otra manzanillera, María Margarita Arango Rivera, se dieron a la tarea de, persona a persona, explicar el proyecto y pedir, si se estaba de acuerdo, el nombre y la rúbrica como testimonio inequívoco de su adhesión. Tan pronto las autoridades tuvieron conocimiento de lo que sucedía comenzaron las descalificaciones: "Ese es un proyecto contrarrevolucionario"; dieron, además, indicaciones en varios centros de trabajo prohibiendo terminantemente a los militantes del PCC y UJC firmar la solicitud; la cual, copio literalmente aquí para que Ud., estimado lector -como dice juiciosamente el periodista Reynaldo Taladrid-, saque sus propias conclusiones:

 

Una propuesta para el desarrollo integral de Manzanillo y toda la región del Guacanayabo a partir de la multiplicación provincial.

En uso de nuestras íntegras facultades como patriotas y cubanos, poniendo de manifiesto las leyes de la dialéctica en el dinámico movimiento interno de una sociedad que se construye sobre la justicia, en aras del mejoramiento humano, hacemos entrega oficial de este documento que sostiene la propuesta.

Primero:
-Enalteciendo el orgullo que sentimos por nuestra historia,
-Tomando como punto de arranque la rectificación de errores,
-Ratificando los principios del socialismo cubano,
-Inmersos en el ejercicio de la ley civil,

hacemos llegar a los canales correspondientes el documento en cuestión.

Segundo:
En razón de nuestro derecho ciudadano y del Capítulo 7 de la Constitución de la República de Cuba titulado: "Derechos, Deberes y Garantías Fundamentales"; en correspondencia con el Artículo 63, que refiere: "Todo ciudadano tiene derecho a dirigir quejas y peticiones a las autoridades y a recibir la atención o respuestas pertinentes en plazo adecuado, conforme a la ley".

Considerando el Artículo 75 donde se establece que son atribuciones de la Asamblea Nacional del Poder Popular y dentro de ellas en este particular el inciso j, cito: "Establecer y modificar la división político-administrativa conforme al Artículo 102 que especifica las particularidades para ejercer las mismas [?]". En este caso el anexo sostiene el trabajo realizado bajo el nombre "Una propuesta para el desarrollo integral de la ciudad de Manzanillo y toda la región del Guacanayabo a partir de la multiplicación provincial", y para que así conste este documento, sustenta de manera formal y dentro de la ley nuestra propuesta, en pos de una nueva división político-administrativa o multiplicación de la actual provincia Granma; la cual, daría como resultado la provincia Bayamo al frente de los actuales municipios Río Cauto, Cauto Cristo, Jiguaní, Guisa y Buey Arriba, y otra sería Granma, con Manzanillo al frente de los municipios costeros incluyendo Yara y Bartolomé Masó.

Los beneficios serían extensivos desde el punto de vista del funcionamiento y administración, a la que en décadas anteriores fue región Manzanillo y que en la división político-administrativa de 1976 resultó dañada; estando seguros de que esta no es la primera vez que se habla sobre el tema.

Llamamos nuevamente la atención hacia los perjuicios y viabilidad: pues, mientras distintos municipios costeros poseen un exagerado distanciamiento geográfico de su actual capital, la cercanía a Manzanillo, específicamente, resolvería el problema, además que la misma cuenta con las 4 vías de acceso existente. La nueva estructura geopolítica propuesta contribuiría no sólo al ahorro de recursos tecnológicos, humanos, financieros y combustibles; sino, a una mayor eficiencia administrativa y a un alivio de los problemas que actualmente afectan la vida de cerca de 400 000 pesonas; de lo contrario, se seguirían arrastrando los inconvenientes que actualmente padece la ciudad y toda la región del Guacanayabo.

Tercero:
Es esta propuesta una invitación a todos los que con patriotismo, altruismo y sinceros deseos de servir a su país dentro del más irrestricto apoyo a las leyes y al estado cubano, con sus firmas, soliciten a los poderes de la nación, especialmente a la Asamblea Nacional del Poder Popular, conceda a los habitantes de los territorios del Guacanayabo que siempre funcionaron como una entidad geográfica, económica, histórica y cultural, la posibilidad de realizar, en la Cuba de hoy, sus sueños de progreso social, independientemente del tiempo y las circunstancias en que tenga que suceder.

Cuarto:
Las personas que firman este documento pudieran ser cientos de miles más; sin embargo, estas son solo una representación de inquietudes, necesidades y sentimientos comunes que pueden ser investigados.

Revolucionariamente:

A pesar de las presiones se recogieron 633 firmas y algunos militantes del partido también firmaron.

 

A inicios del 2009 la conspiración -no puede ser otro el epíteto-, se gestaba; aunque en esta ocasión tenía mejor elaboración. Con motivo del natalicio de José Martí me hacen una entrevista que debía salir por Golfovisión; a la hora de sacarla al aire, la directora le dice a la periodista que tiene indicaciones precisas de que esa entrevista no puede ser trasmitida, comenzaba así el proceso de "invisibilización pública". Veáse la ironía, me dan la noticia después de haber dicho las palabras ante el busto de José Martí como culminación de la Vigilia Martiana, espacio donde deploré la no realización de una actividad de solidaridad con Fernando, Gerardo, René, Antonio y Ramón, diseñada de consuno con el músico holguinero Orlando Silverio; pues, la autoridad municipal encargada de preparar las condiciones no estuvo a la altura de los homenajeados.

Para ese entonces la sección de historia ("Caminos"), salía como parte de la "Revista Destellos"; converso entonces con su directora y le cuento lo sucedido, exponiéndole además que haría un pronunciamiento público destinado a todos los órganos nacionales de prensa e internacionales si fuese preciso; no admitiría otro atropello más. Ella, sabiendo que lo haría, de forma previsora conversa con el Primer Secretario del Partido, y éste -según me comentó-, en su presencia, llamó a la directora del telecentro y le hizo saber que yo no estaba censurado ni mucho menos y podía hacer mi sección como venía realizándolo; ese día me recibieron en el telecentro con bombos y platillos; pero una pregunta queda flotando en el aire: ¿quién, con evidente autoridad política, llamó a la directora del telecentro y la instruyó para recomenzar el proceso de exclusión? Un día se sabrá toda la verdad, entre cielo y tierra no hay nada escondido.

Todo pareció desarrollarse normalmente hasta el mes de abril, momento en que me ausento de una grabación porque el estado de salud de mi padre obliga a hospitalizarlo brevemente. Cuando llego al telecentro -con anterioridad les había hecho saber mi situación familiar-, me dicen que la sección ya no sale más; pido entonces explicaciones y lo que me ofrecen son justificaciones, señalando que quizás para septiembre, con una nueva formulación, podría salir el programa. Voy a ver a la directora de la referida revista y esta, que anteriormente y de forma eficaz había contribuido a solucionar la crisis-, me señala otras justificaciones (ya conocía el entramado), y caigo entonces en la cuenta: "al ostracismo de nuevo"; me sentí pues traicionado y le aseveré: "Resulta más fácil perdonar a un enemigo que a un amigo" y aunque todavía la estimo, ya no es igual. La exclusión había sido bien orquestada; por ello, y aunque no me daba por vencido, la respuesta debía ser en otros términos:

 

Manzanillo, Cuba, 22 de abril del 2009.
"Año del 50 Aniversario del Triunfo de la Revolución"

De: Delio G. Orozco González.

A: Valia Marquínez Sanz.
Directora Golfovisión.

"Haber servido mucho obliga a continuar sirviendo"; por eso, los casi veinte años de servicio a la historia y cultura de la ciudad nos imponen el deber moral y práctico de alertar sobre la carencia de espacios de corte histórico en el telecentro por Ud. regenteado.

La filosofía y la historia son progenitoras de las ciencias sociales y del mismo modo que es imposible la sobrevivencia de un hombre sin memoria, un pueblo sin historia resulta entelequia y ficción. Tales presupuestos han sido interiorizados con toda amplitud por el estado cubano; el cual, con hechos concretos lo ha verificado al colocar la agraciada de Clío como asignatura priorizada en el sistema de educación, con la creación de un Instituto dedicado a su estudio, con una organización: Unión de Historiadores de Cuba (UNHIC), que agrupa en su seno a los historiadores insulares, con eventos y congresos -nacionales e internacionales-, focalizados en la exégesis histórica y con innumerables espacios radiales y televisivos orientados a su difusión.

Lo supradicho y la carencia señalada al comienzo, revela en Manzanillo una situación de desfasaje y asincronía respecto a lo que sucede, de manera general, en el país, hecho agravado por las definitorias inserciones de la historia manzanillera en el decurso cubano y los profundos significados derivados de su evolución.

Nuestra última conversación demostró las difíciles condiciones tecnológicas y financieras del telecentro; empero, no puede dar respuesta a la interrogante de por qué, ni siquiera una sección, filmada en estudio, esté inserta en la programación de Golfovisión, emisora televisiva que puede mostrar con orgullo el hecho de que, entre los programas iniciadores de su vida útil, estaba un espacio dedicado a promover, difundir y socializar la historia de la ciudad de Manzanillo. Cierto, Ud. me pidió sosiego y tiempo para ver cómo podía reajustar y mejorar el producto que se brinda; pero, por qué sacrificar una sección que sólo consumía 5 minutos al mes y tan benéfica influencia ejercía sobre los televidentes locales, realizada además con un costo tan ínfimo que podía ser descartada a la hora de someterla a los sistemas contables.

Convencido de que el hombre como ser pensante es único e irrepetible, afirmo que esta preocupación ciudadana y comprometida con mi y nuestra ciudad, nada tiene que ver con que ahora, quien esto escribe, no tenga posibilidad de ejercer su oficio de historiador, profesión aprendida y vencida en un alto centro de estudios cubanos; en tanto, ha sido el exponente, quien con más asiduidad ha tenido la oportunidad de realizarse como profesional y ser útil a los suyos desde la tribuna televisiva manzanillera; otros, ciertamente, pueden hacerlo, pero narrar anécdotas o contar estampas no nos hace especialistas, en este caso historiadores; el intrusismo profesional tiene muchos rostros y en las ciencias sociales comporta un alto costo.

Terminan estas líneas con un ofrecimiento, único posible; por cuanto, sería de poco provecho señalar la mácula, enunciar el equívoco, desenterrar la falta y no ofrecer una solución. Por tanto, a su entera disposición queda -para llevar al éter desde el Telecentro Golfovisión de manera sistémica y coherente la historia- mi dedicación, el talento que me toca y la pasión que me anima.

Con toda consideración:

Delio G. Orozco González.
Historiador.
Director Archivo Histórico.
Presidente Sociedad Cultural José Martí.
Vice-Presidente de la UNEAC.
Miembro del Centro de Estudios de Desarrollo Local, Sede Universitaria.
Manzanillo, Cuba.


Envié copia de la misiva a la funcionaria del Partido que atiende la esfera de la cultura, a la directora de la Revista Destellos y al Presidente de la UNEAC. Este último la cursó a la dirección provincial de la organización y tiempo después, de fuentes fidedignas, supe cual fue la respuesta dada por el director del telecentro provincial, digna de un personaje de San Nicolás del Peladero: "Yo soy un guajiro macho, y mientras esté aquí, Delio Orozco no pisa un telecentro de esta provincia". Las otras destinatarias nada respondieron porque nada podían decir, el asunto no era cuestión de dinero, organización o tecnología; era una orientación que debía ser cumplida y punto. La confirmación de mis sospechas no tardó en llegar; uno o dos meses más tarde, un nuevo guionista llegó al telecentro, prepara un programa sobre el mar y Manzanillo, va a verme para obtener información, le doy toda la que pude y comenté; si quieres puedes invitarme al programa, se entusiasmó enormemente; empero, cuando sometió a discusión el libreto la respuesta fue tajante: ¡Orozco no puede entrar aquí! Se consumaba así la primera parte del plan de marginación.

Después vendría la segunda fase; pero aquí sí fueron chapuceros. En septiembre se reunió la Asamblea Municipal del Poder Popular y se induce a este pleno apruebe una nominación fuera de toda lógica; nombran como Historiador de la Ciudad a un compañero sin formación profesional en este campo, quien jamás había escrito una línea sobre el pasado de la ciudad o su cultura; eso sí, había sido Primer Secretario del Partido, Presidente del Poder Popular (fue el presidente a quien, según él, puse a correr con Eusebio Leal), dirigente Provincial de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) y Diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular, era el hombre correcto políticamente, no importa que no supiera historia; a fin de cuentas, eso no importa para ser historiador, al menos eso piensan quienes lo auparon. El pueblo, de inmediato, reconoció el disparate y de nuevo las preguntas, la solidaridad y la crítica -silenciosa o audible-, a quienes tomaron la infeliz decisión. Por consecuencia ética debo hacer aquí una aclaración; este coterráneo jamás ha dejado de dirigirme la palabra y el saludo; en la calle, al cruzarnos, indaga por el estado de salud de los mios y en una ocasión, cuando se desempeñaba como funcionario de la CTC, interpuso sus buenos oficios para que mi hermana pudiera jubilarse en un puesto acorde a sus problemas de salud; no sé si lo hace por política, conveniencia, cortesía o pudor; pero el hecho real es que lo hace y ello lo distingue, aunque en su fuero interior sepa que su nombramiento no es consecuencia de un acto de justicia, sino, de un ajuste de cuentas.

Para diciembre, una ofensiva se orquesta contra dos intelectuales bayameses; los cuales, son expulsados del telecentro bayamés -sin más ni más-, bajo la acusación de trasmitir un corto (El Grito, de Milena Almira), considerado por las autoridades "pornográfico e ilegal". La UNEAC se moviliza y yo, comprendiendo mejor que muchos otros su situación; en tanto, sufría en carne propia la marginación excluyente, me pronuncio con un texto que publica el blog la Pupila Insomne (lastimosamente ya no está en el ciberespacio) y el Portal de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.

 

¿Dónde están los enemigos de Cuba?

Por: Delio G. Orozco González.
Historiador.
Vice-Presidente UNEAC.
Manzanillo, Cuba.

Ante el agobio de un sinnúmero de obligaciones personales, existenciales y también profesionales; dedicarle tiempo a la sinrazón puede parecer un contrasentido; sin embargo, el cumplimiento del deber radica en hacer en cada instante y lugar lo que cada circunstancia demanda (sentido del momento histórico según Fidel Castro), y levantar la voz, también el alma ante la injusticia para decir lo que se siente, expresar lo que se piensa y solidarizarse con los compañeros en el momento que más lo necesitan, es imperativo moral y obligación práctica, mas no sólo para el hoy; sino, para el mañana por lo que importa para la cultura y el arte cubanos; también para la nación.

Cuando en el telecentro Golfovisión de Manzanillo, perteneciente igual que el de Bayamo a la actual provincia de Granma, le dijeron -también de boca-, a Ramón Cabrera Figueredo, creador del audiovisual, que estaba prohibida la exhibición de filmes cubanos, no puede menos que hacerme una pregunta que comparto con ustedes y en esta breve reflexión, honrada hasta la médula, trato de responder: ¿dónde están los enemigos de Cuba?

La isla es el fin, no el medio; el medio es la revolución, y en mi sincera y no comprable ni vendible opinión, es el medio que más ha hecho hasta ahora por el país; ambos tienen muchos y variados enemigos, dentro y fuera, conscientes e inconscientes. «Enemigos blandos» son aquellos que desde dentro y de modo inconsciente -las más de las veces, estimo yo-, matan la fe, dinamitan el espíritu público, quiebran la esperanza y alejan la utopía, por cuanto físicamente viven en Cuba y militan con la revolución; empero, intelectual, emocional y en la práctica diaria comulgan contra ella, en tanto el resultado de su praxis deviene desacierto real y laceración en más de un sentido; lamentablemente, de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno. Estos enemigos son los más, y la clasificación de «blandos» también les viene porque de seguro saldrían al ruedo sin temor ninguno a coger el toro por las astas -junto a muchos de nosotros-, si por desgracia la corrida se plantease; los menos -al igual que algunos de nosotros-, buscarían refugio en las paredes de la barrera. No obstante, la rudeza de los errores cometidos por estos «enemigos blandos» puede llegar a ser dramática; no se olvide que por dinero se mata pero no se muere, se muere por ideales, y si el daño infligido por ellos llegase a ser sostenido y no revertido, logrando erosionar de tal modo las ideas que sostienen el empeño nacional, la experiencia de lo sucedido allende el mar, a 9550 kilómetros del Caribe, nos hablan de un amargo acontecer que la mayoría de los habitantes del verde caimán no queremos compartir.

Una relación sistémica de causales conducen a funcionarios, administrativos y políticos a obrar contra la ínsula y su revolución, o dar lugar a lo que Joel James llamó «el contra sí»: en primer lugar, ignorancia «sobre el estado del arte» de los temas que vetan, acorralan o menosprecian y aquí el llamado del Che en su fundacional ensayo El socialismo y el hombre en Cuba, a elevar el nivel intelectual de los funcionarios sigue siendo una asignatura pendiente en muchas de las estructuras de poder intermedias; segundo, la falta de una sistémica cultura del debate impide el natural intercambio entre actores sociales y estructuras de poder; necesitadas estas últimas como nunca antes de recibir, en una realidad tan diversa, polisémica y multiforme como la actual, las resonancias definitivamente esenciales que, proveniente de la masas raigales del pueblo y en este caso de su vanguardia intelectual, les permita, de modo creador, situarse al frente de la conducción nacional; tercero, la persistencia estereotipada del funcionario socialista, el cual, por su condición (relaciones, puesto, influencias, beneficios y estructura de mando), cree no equivocarse y servir ciegamente al país si cumple con las orientaciones emanadas desde «arriba», aún a todas luces desacertadas; y en cuarto lugar, quizás consecuencia o corolario, la creencia altamente tóxica y destructiva de que la libertad individual, la diversidad, la honradez intelectual y novedad creadora, resultan enemigos de Cuba y su revolución y no su baluarte espiritual más firme.

Llegados a este punto y considerando el aforismo de Enrique José Varona, quien decía que todo el mundo prevé catástrofes pero nadie ofrece soluciones; habría que empezar por buscar una salida honorable al conflicto, cuestión esta que pasa -antes que todo-, por la restitución incondicional de Juan Ramírez Martínez y Alexander Delgado Sosa a sus puestos de guionista y director respectivamente en el telecentro bayamés.

Deglutir y sacar experiencias de estos infelices acontecimientos, es obligación ineludible de todo político cubano contemporáneo y ello significa iniciar, de forma definitiva y permanente, un sostenido diálogo que derive en aprendizaje continuo entre las estructuras de poder en la provincia Granma, los telecentros de Bayamo y Manzanillo y la UNEAC, como garantía básica para evitar la repetición de lo sucedido; además de que su ejecución sistémica devendrá ejercicio potenciador de buenas prácticas gubernativas, no sólo para esta parte de Cuba; sino, en todo la ínsula.

La selección de regentes para telecentros debiera contemplar, como condición ineludible, la suficiencia probada de los candidatos en el mundo del audiovisual y la TV; no perdamos de vista que nadie da lo que no tiene ni ama lo que no conoce.

Finalmente, la preparación y superación de cuadros, funcionarios y administrativos, especialmente los vinculados al mundo de los audiovisuales, debería contemplar no sólo cursos técnicos; sino, los más importante según nuestra experiencia: aquellos que demuestren que la cultura cubana ha sido y es un proceso de fundación y refundación constante; donde la búsqueda incesante de la libertad, ora individual, ora colectiva, se yergue en su núcleo duro; donde se explique de modo tácito aquel aforismo de Pascal que fijaba de modo inapelable que la unidad que no contempla la diversidad conduce a la tiranía; un curso constante que explane y demuestre en la práctica diaria que revolución es cambio, es transformación, es asombro y no sólo para unos pocos; sino, para todos, porque sólo entre todos será posible construir una nación en la cual la dignidad humana sea algo más que aspiración y postulado constitucional; sea -como quería Martí-, fórmula del amor triunfante.

 

Desde Miami, un cibernauta me replica con sorna: "Y si estas tan agobiado -como se nota- por que escribiste eso a los compañeros, compañero..?? No entiendo la gritería que se ha armado por una obra. Lo malo, son los ecos: esos si hacen daño", y lo firma Tony Somoza.

Entonces le respondo:

 

Sí, soy un compañero a pesar de sus signos de interrogación, y lo soy porque comparto y corro la misma suerte que los habitantes de Cuba, porque sostengo junto a mis compatriotas todos sus sueños, sus anhelos, sus alegrías, sus tristezas, sus deseos y ansias de justicia, y como Juan Ramírez Martínez y Alexander Delgado Sosa son mis compañeros, el deber más elemental de un verdadero compañero es solidarizarse con sus pares.

Escribo, a pesar del agobio (bienaventurado Ud. que no tiene ninguno), porque no soy un ególatra, porque mis problemas y necesidades no son más grandes ni más terribles que los de los demás; sin duda alguna, en estos momentos son una nimiedad ante la tensión emocional que sufren los dos compañeros expulsados arbitrariamente del telecentro bayamés.

No es gritería -a pesar de que el corto se titule El Grito-, es un clamor y no precisamente por la obra, es por el acto autoritario, injusto, impolítico e infeliz de expulsar a dos compañeros enarbolando argumentos y tesis no sólo ultramontanos, sino, irrespetuosos para los que vivimos, luchamos y morimos en este segmento cardinal de la Cuba profunda.

Y créame, lo malo no son los ecos como Ud. piensa, lo malo es el silencio cómplice que cobija la injusticia y la sinrazón.

 

Después de entablar una batalla legal, de contemporizar, analizar y reflexionar, se restituye a Juan Ramírez, no así a Alexander Delgado, quien todavía busca justicia.

En marzo del presente año, producto de un reenvío masivo de correos electrónicos me llegó un artículo de Pascual Serrano, periodista español, titulado "Yoany en el país de las paradojas"; lo leí que -según José Martí-, es saber andar; también escribí sobre él -que para el Apóstol-, es saber ascender. Lo envíe a todos, pero pocos respondieron; entonces deber era hacerle llegar al autor mis opiniones y así lo hice:

 

Pascual Serrano:

Mi nombre es Delio Gabriel Orozco González, soy cubano, vivo en una ciudad de la Cuba profunda: Manzanillo, lugar donde el 10 de octubre de 1868 comenzó el conteo regresivo del Imperio Español en el Nuevo Mundo. Creo en la verdad, la virtud y el mejoramiento humano y como hijo de Cuba a ella me debo. Estimo que esto le sirva para al menos intentar penetrar el espíritu de un hombre que comparte el criterio martiano -en mi opinión la más genial clasificación del género humano-, cuando dijo: "los hombres van en dos bandos, los que aman y fundan, los que odian y deshacen". Yo voy en el primer bando, creo que Ud. también; por ello, por delicadeza y elemental sentido ético, le escribo estas líneas.

Hace dos días llegó a mi buzón, producto de un reenvío masivo, su artículo "Yoani en el país de las paradojas". Hice algunos comentarios y los devolví a la amiga que me lo había hecho llegar (una salmantina con residencia temporal en Cuba), y a todos los otros cuya dirección electrónica se relacionaba en la lista; uno de ellos reenvió su sitio web y correo, hecho este que me da la posibilidad de enviarle igualmente a Ud. los comentarios que me valió su -en líneas generales-, honrado artículo.

Queda de Ud. con toda consideración:

Delio G. Orozco González.
Historiador.
Manzanillo, Cuba.
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Querida amiga:

Recibo hoy, domingo 24 en la mañana el texto de Pascual Serrano sobre la "bloguera" Yoani. Todo lo que se dice en él es cierto; aunque me gustaría comentar algún que otro extremo.

1.-Algo que en mi opinión no tiene justificación posible es el hecho que un cubano -por ser cubano y vivir en la isla-, y eso es lo que duele y daña, no puede llegar a un telepunto o como tú, alquilar un servicio de Internet para insertarse en el ciberespacio. No es cuestión de dinero, es cuestión de acceso y el handicap es la condición de cubano; así pues, resulta inmoral que en la Cuba de hoy, cuando hemos adelantado tanto en cuestión de derechos civiles y políticos, sea nuestra condición de cubanos y el vivir en la isla (los que se fueron no tienen problemas), la que nos impida acceder a un telepunto y/o contratar el servicio. Me dirás que es muy caro y te digo que es cierto, pero ese no es el punto, es la maldita exclusión que para un proyecto como el nuestro se yergue en formidable enemigo. Podrás replicarme y decirme que periodistas e intelectuales tienen acceso en sus respectivos centros; empero ¿qué porciento representan los periodistas e intelectuales del total de la población cubana?, las cifras exactas no las tengo, pero estoy seguro que no representan más que el 3 ó 4% del total; ahora bien ¿tienen todos los periodistas e intelectuales isleños acceso a Internet? ¡No! Se aducen solamente razones tecnológicas y económicas; empero, nosotros que conocemos la realidad desde dentro sabemos que no son esos los únicos impedimentos. Podrás decir también que sólo en Mahantan hay más teléfonos que en toda el África negra; empero, no estamos hablando de ellos, sino de nosotros; quizás ese salvaje abismo sirva de consuelo, sin embargo, no resuelve nuestros problemas.

2.-Nuestras estructuras de poder hablan de uso social de las TICs; es verdad, han apostado por ello y negarlo sería un contrasentido; pero, no justifica ni explica lo supradicho ni por qué cada vez más se reducen las opciones y ponen cortapisas al acceso a Internet. Por ejemplo, hace como seis meses atrás a la Universidad de Ciencias Médicas de Manzanillo le cortaron el servicio porque dos o tres personas se dedicaron a mirar pornografía masculina; pues bien, han hecho pagar a todo un centro universitario y hasta el día de hoy este plantel no tiene acceso a Internet, y como van las cosas se pasarán un buen tiempo sin ese servicio que para la educación, y en especial la superior, es vital. Por otro lado, desde los Joven Club de Computación y Electrónica, convertidos en el paradigma del uso social de la computación la población común o lo que es lo mismo: el pueblo, no puede acceder a Internet porque legalmente no está permitido.

3.-La siguiente afirmación de Serrano: "Si preguntamos a los cubanos, observaremos que son precisamente los mejor situados económicamente los que más critican al Gobierno", es incorrecta porque no va a las esencias, se queda en la forma y tuerce la causalidad. Se le olvidó decir a Serrano que cuando a Ud. no le alcanza el salario, la casa se le está cayendo, la comida es una agonía y la pelea por la vida se le hace difícil, no hay tiempo para pensar en Internet. Decía Martí que: "Padece más el hombre instruido en la ciudad tiránica que el campesino ignorante en su parcela" y aquí es preciso hacer una salvedad: en Cuba no hay una tiranía; lo que sucede es que aquellos que tenemos un mejor nivel de vida podemos dedicar tiempo y energías a pensar sobre lo que nos rodea. ¿Crees que si Fidel Castro hubiera sido hijo de un campesino pobre de Birán, sin posibilidad de estudiar, destinado a morir por enfermedades prevenibles u obligado a trabajar desde niño para sobrevivir, hubiera tenido tiempo y preparación para hacer la Revolución? Por otro lado, al periodista español se le olvidó hacer el análisis de otro sector "mejor situado económicamente", y que, si bien no critica "abiertamente" al gobierno, le hacen un daño mayor y son los funcionarios, los empresarios, los ministros y los gerentes corruptos, ¿por qué no mencionó Serrano este sector? Además, la mayoría de los mejor situados económicamente no debemos esa mejoría a premios por mercenarismo; y en la búsqueda de razones que provocó que los funcionarios de Cultura estuvieran varios días sin acceso a Internet por problemas técnicos, no debe pasarse por alto la burocracia, el desinterés y luego el paternalismo que mina la gestión administrativa en Cuba.

Finalmente, si somos un pueblo instruido y capacitado políticamente como dicen las estructuras oficiales, por qué no podemos acceder a Internet para discutir y exponer nuestras opiniones, por qué tantas prohibiciones y restricciones. Soy privilegiado, tengo en casa computadora, línea telefónica, correo electrónico internacional y acceso a la red nacional; mas no tengo Internet; por ello, no puedo acceder al blog de Yoani ni a ningún otro, y tiene que ser un español amigo quien hable por mi y créeme, aunque creo en la solidaridad, me siento incómodo.

Un abrazo de tu amigo que te quiere bien, Delio.


Lamentablemente Serrano no respondió; estoy seguro que llegó a su buzón porque no rebotó; quizás, no lo leyó o no le interesó responderme. Lo que si puede apreciarse, en todas partes del mundo, es una insana tendencia a callar o mandar a callar -por las buenas o por las malas-, a los demás cuando los argumentos escasean.

No por arte de magia; sino, por los oficios de un buen cubano, en mayo se levantó la censura contra mí. Ya podía ir al telecentro y fui; primero fueron 2 minutos 45 segundos y en julio, 2 minutos 50 segundos; o sea, un total de 5 minutos y 35 segundos ¡Aleluya!...Tal vez, antes de fin de año podría ir nuevamente a comentar una curiosidad o relatar una anécdota local; pero, la dirección del telecentro recibió una indicación: Orozco ya ha salido dos veces este año, no es conveniente vuelva a salir otra vez. Siguiendo la lógica de pensamiento de los censores locales, algo habré hecho para recibir esta reprimenda, y es que soy muy tozudo; me parezco a las dos versiones de Prometeo: la griega y la de Tréveris, de esta última he heredado su pasión por la lucha, de la primera, su vocación de servicio, no importa el daño que por ello se me encime; y es que en 14 de junio del presente año terminé un artículo titulado: "¿¡Desaparece la Academia de Artes Plásticas de Manzanillo!?", enviada a órganos de prensa, altos funcionarios, intelectuales, organizaciones e instituciones en número cercano a los 120, donde cuestionaba la decisión inconsulta, subrepticia y nada transparente con el gremio intelectual local y los interesados, de convertir la Academia de Artes Plásticas "Carlos Enríquez", inaugurada por Fidel Castro a un costo de 6 millones en moneda nacional y 2 millones en pesos convertibles, en un pre-universitario urbano; a lo mejor hubo razones para ello -yo creo que no; pues, de inmediato nos las hubieran hecho saber-; sin embargo, si la postura de las autoridades hubiera sido dialogar, consultar, demostrar y escuchar, ese artículo y la carta confeccionada por el Comité Municipal de la UNEAC no hubieran visto la luz. Tal parece que en este recodo del verde caimán, la teoría política va por un lado y la práctica por otro.

A estas alturas, cuando he decidido echar de manera inequívoca mi suerte con Cuba y Manzanillo; cuando creo que hasta por equilibrio se ha de estar del lado del más débil; cuando reconozco que aquí no está toda la verdad, pero lo que se dice es verdad; cuando sostengo de manera inapelable que para servir al país desde dentro es preferible equivocarse con la independencia de conciencia, con la honradez intelectual, con la consecuencia para mantenerla y el coraje para defenderlos, que no acertar con sus contrarios; alguien, cuestionando la utilidad de este testimonio podría preguntar; ¿qué son y que no son estas páginas?; y yo le respondo: no son el gemido lastimoso de una víctima, ni el pedimento salamero de un genuflexo, ni la venganza ruin de un oportunista; son la voz del civismo que aplaudiendo la luz, critica la mancha que afea y desgana; son el alerta sonoro para hacer efectiva la formula martiana de "Con todos y para el bien de todos", so pena de arruinar el sueño y el empeño de varias generaciones; son el canto solidario que quiere llegar a cada pecho lastimado, con la esperanza de avivar en ellos la fe en Cuba y su destino; son un aldabonazo en la conciencia y el corazón de todos los cubanos, especialmente los buenos y virtuosos, vivan donde vivan; para que no nos arredre el hecho posible de que mañana el holocausto nos borre de la faz de la tierra, es preciso -aquí y ahora, sin más dilaciones-, en nombre de la vida, por nosotros, por nuestros hijos, por los que vendrán, obrar por la felicidad absoluta e irreductible de nuestros semejantes, aboliendo prejuicios y alzando tan alto como las palmas el preámbulo constitucional: el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre; sin embargo, como sólo puedo llamar, satisfago mi conciencia, pido a Dios hombros más fuertes y termino con los evangelios: "El que tenga oídos para oír, oiga". Que así sea.

Manzanillo de Cuba, madrugada del 30 de septiembre del 2010.



Publicado: viernes 13 de abril del 2018.
Última modificación: jueves 30 de mayo del 2019.