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2010. ¿¡Desaparece la Academia de Artes Plásticas de Manzanillo!?

Autor(es):
Delio G. Orozco González.
Sobre la desaparición de la Academia de Artes Plásticas, Carlos Enríquez.

Hay juicios que -como los de la historia-, resultan inapelables; magníficos por su contenido o tremendos por sus resultados, todo ello en virtud de las circunstancias generadoras. Lo trágico de estos veredictos es que no se corporizan sobre uno, dos o tres hombres; sino, sobre generaciones, países o sistema de ideas. Dos ejemplos bastan para rubricarlo; uno: el fascismo, otro: el socialismo construido en Europa del Este y la extinta Unión Soviética; el primero, sumun de barbarie, el segundo, compendio de voluntarismos e incapacidad de mejorarse a si mismo, causales que explican la aversión de los hombres de buena voluntad, pensamiento y ansias de justa felicidad a suscribir uno u otro.

La agraciada de Clío, a parte de emitir juicios tan demoledores, tiene una capacidad sin par en el magisterio que lamentablemente muy pocos son capaces de asimilar: el valor definitivo de la experiencia, porque si bien la historia no dice cómo hacer las cosas, pone en evidencia qué no hacer; sin embargo, desposeídos de sentido común e incapacitados (por insuficiencias cognitivas y obcecación de la propia voluntad=voluntarismo), de aprender lecciones pasadas o escuchar y visionar el presente mostrado en la praxis diaria, algunos regentes cubanos someten la realidad insular actual, resista por conveniencia y convicción a dejar de ser socialista, a un juicio irreversible; por cuanto los desatinos, los errores, los daños, las insuficiencias son, en cualquier tiempo, lugar y sistema: desatinos, errores, daños e insuficiencias que, creciendo, extendiéndose y gangrenando, taladran la fe, minan el espíritu, debilitan la creencia y disponen el alma a la abulia, padecimientos que de tanto flagelar el corpus social acaban por disolverlo. Estas variables, definitorias además, fueron las que resolvieron la ecuación a favor del capitalismo en los países ex-socialistas cuando el pueblo, desencantado, apático y dolorido, no de secuestros o asesinatos en masa como los practicados por el fascismo; sino, por la perversión de la idea gubernativa y política del socialismo en manos de las estructuras de poder, decidió, ante la embestida de occidente, abstenerse; dando como resultado la desaparición de una experiencia que si bien no fue para nada angelical, no puede ser comparada con la brutalidad nazi o sionista, el apartheid o un capitalismo ardiente que cual agujero negro devora a diario vidas y más vidas.

Si la experiencia histórica ha demostrado lo esencial y definitorio que resulta para un empeño político como el socialista (que en sus esencias teóricas responde a los intereses de la mayoría), ser interlocutor activo propiciando una participación real e inclusiva del pueblo, ¿por qué en la práctica diaria, a niveles intermedios principalmente, se sigue haciendo, muchas veces, lo contrario?, ¿será que algunos en realidad lo que quieren salvar es su faltriquera y no el socialismo?, ¿será que algunos lo que pretenden es sobrevivir ahora para acceder después al poder luego de aniquilado el sistema? La polisemia y diversidad de la vida diaria, lo complejo de la realidad social, la amplitud de las fronteras del conocimiento, lo cambiante del entorno hacen obligatoria la consulta, el diálogo permanente, el razonamiento consensuado entre todos los componentes del corpus social que desean el perfeccionamiento de la sociedad cubana actual; de modo que, asumir este hecho como imperativo de resistencia y existencia es cuestión de vida o muerte y no cabe errar. Es preciso, aquí y ahora, cruzar el Rubicón; de lo contrario, el juicio irrecusable de la historia caerá sobre un grupo; sin embargo, la factura será endosada al pueblo, a la independencia nacional y a la teoría revolucionaria.

Lo óptimo será siempre una utopía; por tanto, hemos de pretender lo bueno posible y si ello es así, la elección es una: entre dos males se escoge el menor; opción de una buena parte de los que creyendo en Cuba trabajan por y para ella, a pesar de reconocer yerros y máculas que lastran su crecimiento como nación. Esta actitud no puede suponer un silencio ante los desaciertos -involuntarios o no-, cometidos por las estructuras de poder porque como se ha predicho, mal que no se atiende, cáncer que aniquila; no obstante, esta acción ciudadana, imprescindible e insoslayable en cualquier proyecto político o social, se vuelve, para la isla, sumamente complicado en la coyuntura actual, donde el aluvión informativo y desinformativo enrarece el ámbito socio-político y hace dudar a los gerentes del poder de las intenciones de quienes tienen y sienten el deber de servir a su país. Alguien dijo una vez que si los hombres se comunicaran más se idealizarían menos y comprenderían mejor, de modo que resulta de urgencia aplastante dialogar más para conocernos con amplitud, ahuyentando desconfianzas y rencores que sólo benefician a los enemigos de la ínsula.

Sí, hay espacios de diálogo, pero son tan pocos para una realidad tan enrevesada y aritméticamente inmensa que "Cartas a la Dirección" del rotativo Granma y "Acuse de Recibo" del Juventud Rebelde devienen gota de agua en un océano; hace falta -lo hemos dicho en más de una ocasión-, un mar interior que permita canalizar con prudencia la presión social causada por las carencias de todo tipo y los errores en la conducción social. Es cierto, las despensas vacías, los vianderos exhaustos y los anaqueles yertos no derivan solamente de desaciertos políticos e insuficiencias económicas vernáculas, proceden, y en no poca medida, de la política hostil contra Cuba y su proyecto desde hace cinco décadas, arreciada ahora en virtud de una crisis mundial de la cual nadie escapa; por desgracia, las angustias existenciales muestran sólo la cara del responsable endógeno, el otro, a veces decisivo en el dolor pero lejos de nuestra percepción, toma whisky, come caviar, viaja en limosina y en nombre de Dios mata los hijos de éste.

Releyendo La Historia me Absolverá me detuve en un párrafo que reza: "Excepciones honrosas han tratado de remendar el maltrecho honor con votos particulares, pero el gesto de la exigua minoría apenas ha trascendido, ahogado por actitudes de mayorías sumisas y ovejunas. Este fatalismo, sin embargo, no me impedirá exponer la razón que me asiste". Salvando las distancias -temporales y causales-, entre la afirmación de Fidel y mi decisión hay una coincidencia innegable: nada impedirá exponer los hechos que validan la exposición predicha y la llamada de alerta respecto a un proceder que, repetido una y otra vez por estructuras de mando y poder, desanima y resta; cuando la salvación del proyecto cubano necesita de todo lo contrario.

En marzo 28 del 2002, después de un largo proceso inversionista y constructivo que alcanzó la cota de seis millones en moneda nacional y dos millones en pesos convertibles, quedó inaugurada la Academia de Artes Plásticas de Manzanillo en un edificio diseñado expresamente para Instituto de Segunda Enseñanza e inaugurado en 1953; el cual, después de cincuenta años como plantel educacional, había quedado casi -no es aconsejable ser absoluto-, en ruinas. Su parto, como tantos alumbramientos, resultó jadeante y doloroso. Se pensaba poner en marcha en diciembre de 2001; pero uno de los tantos ciclones que asuelan la provincia de Pinar del Río había dejado a cientos de familias con la comba azul del infinito por techo; no era adecuado pues, después de tamaño desastre y aún sin restañar heridas huracanadas, inaugurar un centro verdaderamente lujoso. Llegó el mes de marzo del siguiente año y hasta Manzanillo se trasladó Fidel Castro Ruz quien, además de inaugurar el ansiado y merecido centro, dejó también principiado el Programa de Superación Integral para Jóvenes. Sin embargo, no todo fluyó como hubieran querido los artistas y la vanguardia intelectual manzanillera; en tanto, al frente del plantel no se colocó la persona en la cual se había pensado en principio -artista de formación y regente de la antigua escuela de Artes Plásticas de Manzanillo por muchos años-; sino, a una compañera que, si bien no le faltan cualidades, hasta ese momento ninguna experiencia tenía en el mundo de las artes plásticas y su enseñanza; y como si esto no fuese bastante, la propuesta de nombrar la Academia con la gracia de Julio Girona (el más universal de los artistas plásticos manzanilleros), fue desechada haciendo incurrir al Presidente en el error de señalar que Carlos Enríquez era natural de Manzanillo, porque el encargado de modificar el discurso a última hora desconocía que el dueño de Hurón Azul, si bien había estado, expuesto y creado en estos lares, no había llegado al mundo entre los manzanilleros. Así, desconociendo la opinión de quienes también saben, desean, quieren y pueden servir, se iniciaba la vida útil de la Academia de Artes Plásticas de Manzanillo.

Desde su inauguración y hasta la fecha se han graduado 108 estudiantes de la antigua e histórica región del Guacanayabo (zona de influencia directa de la Academia); de los cuales, 8, lograron ingresar en el Instituto Superior de Arte. Su entrelazamiento con la comunidad se verifica en un proyecto titulado "La Academia expone", experiencia que vincula a los docentes con sus lugares de residencia en exposiciones públicas e itinerantes cuyo guarismo asciende, desde el 2004, a 65 muestras con 1291 obras. Estos y otros resultados -obras son amores y no buenas razones-, convirtieron dicho plantel en orgullo de manzanilleros y conregionales (residentes y ausentes), quienes vieron en su cuajo un gesto de compensación por los aportes de esta indomeñable franja territorial y espiritual (la del Guacanayabo), a la forja de la nación cubana; mientras sus logros confirmaban el potencial creador de las artes plásticas en estos lares.

Llegó el fin de año de 2009, muchos se preparaban para la celebración; otros, comenzaron a preocuparse por el comentario de que la Academia de Artes Plásticas de Manzanillo iba a desaparecer para ser convertida en un Pre-universitario. Todo apuntaba al rumor, pero este comenzó a crecer hasta llegar a ser una certeza de la cual, ninguna autoridad -política o administrativa-, decía tener noticias ciertas. Creyendo a pie juntillas en el refranero popular porque nos recuerda con sabiduría que "cuando el río suena es porque piedras trae"; la Asamblea de Balance del Comité Municipal de la UNEAC se pronunció por clarificar lo que era un secreto a voces y pidió un análisis del problema que incluyera la consulta con la vanguardia intelectual; en tanto, tal pretensión no sólo resultaba un desatino; y aunque esto no se dijo, su consumación sellaría otro despojo, enrareciendo aún más las ya complicadas relaciones entre la ascendente capital provincial: Bayamo, y la desvencijada ciudad de segunda clase que es hoy el municipio Manzanillo, condición a la cual ha arribado, entre otras causas, después de haber sido sumergida en las aguas de la División Política Administrativa de 1976. La representante de la máxima autoridad política del municipio -presente en la reunión-, con convicción absoluta afirmó no tener información oficial sobre el particular y coincidió en que "[...] el diálogo es muy positivo, en estos momentos que está viviendo la Revolución, que son momentos difíciles y que nos hace falta la unidad [...]".

Por su parte, el personal docente y de apoyo de la Academia comenzó a preocuparse cuando en diciembre les hicieron saber que no realizarían captaciones; estas serían practicadas por la Academia situada en Bayamo (surgida con posterioridad a la de Manzanillo), y los estudios de artes plásticas serían concentrados en la institución provincial; así, de golpe y porrazo, sin hablar, contar, preguntar o analizar con los interesados se decidía eliminar la Academia de Artes Plásticas de la ciudad de la Perla del Guacanayabo. Con la fuerza de la razón en sus mentes y corazones, prepararon un dossier que enviaron al Consejo de Estado y al de Ministros, al Ministerio de Cultura y a cuantas instituciones y organismos creyeron oportunos; pero hasta junio del presente año, la callada por respuesta -ante la falta de argumentos o lo escabroso del asunto-, de los que en virtud de un cargo se abrogan el derecho de decidir por los demás, era todo lo que habían recibido trabajadores, padres y alumnos de la casi extinta academia; y se dice casi, porque al momento de redactar estas líneas, aún la guillotina todavía no ha caído, aunque parece que el trayecto al patíbulo no tiene marcha atrás; a no ser que un arranque de sensatez política y gubernativa abra el diálogo no sólo para beneficio de los implicados; sino, para toda la nación y el debate y la consulta terminen por entronizarse como formas de gobierno. No basta con que los derechos estén recogidos en la Carta Magna o en cuerpos legales complementarios, es preciso su concreción práctica, de lo contrario, la democracia socialista cubana no pasará de ser entelequia legal.

Marzo del 2010, con sus barruntos primaverales, trajo la buena nueva para los manzanilleros de la venida a sus predios de Abel Prieto; era esta una oportunidad dorada para conversar, pedirle opinión, solicitar respuestas e indagar qué de cierto había en el "rumor-decisión" de eliminar la Academia de Artes Plásticas y convertirla en Pre-Universitario. Después de inaugurar de modo oficial la Fábrica de Órganos "La Fama" y la Casa de la Trova "Jaime Benemelis" (remozada luego de un proceso de rehabilitación capital), llegó el Ministro a la sede de la UNEAC; en la entrada lo esperaban dos profesores de la Academia, militantes del Partido Comunista, quienes lo abordaron y en breve diálogo le preguntaron qué sabía sobre el dossier enviado a las más altas instancias de poder, porque hasta ese instante, tres meses después, ni un simple acuse de recibo les había llegado.

Momentos más tarde se verificaba el encuentro previsto con los miembros de la UNEAC; el cual, desarrollado en presencia de las más altas autoridades políticas y administrativas de la provincia y el municipio, fue seguido atentamente por un enjambre de periodistas. Allí, nuevamente, se le hizo saber al Ministro de Cultura la honda preocupación que asediaba a los intelectuales locales por el público rumor de la desaparición de la Academia de Artes Plásticas. Se le pidió al alto funcionario responsabilidad en el análisis, meditación en el estudio y consulta con los interesados. Cuando le tocó hacer uso de la palabra, por vez primera el rumor dejó de ser sobresalto para convertirse en realidad: sí, se estaba analizando la posibilidad de suprimir la Academia; empero, sus palabras coincidían no sólo con los deseos y necesidades de la intelectualidad; sino, con una forma de gobernar verdaderamente democrática y participativa que fue desoída. Dijo Abel Prieto: "[...] creo que hay que tener en cuenta todos esos elementos que tienen que ver con el sentido de pertenencia que hay aquí en Manzanillo tan fuerte, de eso hemos estado hablando con Virelles en las últimas horas, ayer hablamos un poquito en Bayamo [...]" y agregó "[...] yo pienso que ustedes pueden estar tranquilos y al mismo tiempo creo que cualquier decisión es correcto que sea analizada y sobre todo si tiene que ver con la vida cultural de aquí, del municipio, analizada y evaluada con la UNEAC, con la Asociación Hermanos Saíz [...]"

Con la convicción absoluta que la presencia en los medios es clave para expandir la verdad y las razones porque nadie da lo que no tiene ni ama lo que no conoce, se confeccionó un breve artículo sobre la historia de las artes plásticas en Manzanillo. En el texto titulado "De Miguel Raventós a la Academia de Artes Plásticas", se compendian los hitos más importantes de esta expresión artística haciendo notar a sus lectores que la construcción de la academia no fue un regalo; sino, un acto de justicia: la fuerza de la plástica en la actual provincia Granma reside en la ciudad de Manzanillo; los hechos, los obstinados hechos lo rubrican. Lamentablemente, sólo encontró eco en un número digital de La Jiribilla.

A inicios de junio, en una exposición contradictoria y no convincente, el Director de Cultura en la provincia informa en reunión al claustro y trabajadores de la Academia una decisión que, según sus palabras, le había sido informada el día anterior: la Academia de Artes Plásticas dejaba de funcionar en el local acondicionado al afecto para convertirse en un pre-universitario urbano. Si no fuera por el impacto negativo que una decisión de este tipo representa para la enseñanza de las artes plásticas en la región, el desacertado e impolítico procedimiento seguido para la toma de la medida -cuestión que lacera y lastima porque se hace desde una postura inapelable, desconociendo lo que otros quieren, necesitan y tienen el derecho de decir-, junto a la desaparición de un bien espiritual -otro más-, del patrimonio material e inmaterial de Manzanillo, mueven a risa algunos de los argumentos dados por el funcionario provincial; por ejemplo, desaparece la Academia porque el Ministerio de Educación está reclamando locales que eran de su pertenencia para poder urbanizar la enseñanza pre-universitaria. ¡Ojalá que a la Fuerzas Armadas no les de por reclamar el día de mañana los cuarteles convertidos en escuela o en museos!

Son muchos los sinsabores que dejan tales procedimientos; sinsabores que, creciendo, pueden alcanzar la condición de desaliento o peor, cansancio: ¡ahí está el peligro! Raúl Castro Ruz fue categórico cuando en el discurso clausura del Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas llamó, con firmeza, a emprender el necesario diálogo que siempre, y en nuestra condición actual más, deviene clave de sobrevivencia. No podemos pedirle a los cubanos que acepten e incluso -si tristemente llegase el momento-, mueran por una idea si antes no la hemos discutido, debatido, analizado, asumido y finalmente creído; y es así porque por dinero se mata pero no se muere, se muere por ideales y estos no crecen silvestres en las sabanas cubanas; hay que sembrarlos, primeramente, con ejemplaridad ciudadana y consecuencia revolucionaria en el contacto directo con el pueblo, en el debate público, en la escucha, en la reflexión comunal, aunque a veces no nos guste la verdad, el razonamiento o la lógica que nos exponen. Un refrán dice: "Para ganar un juicio se necesitan tres cosas; la razón, saberla alegar y después que te la quieran dar", ¿cuántos juicios, proyectos o verdades se pierden por la manera inadecuada de alegar o sostener la razón que los mueve? Este caso ha devenido referencia magnífica; quizás había razón o razones para suprimir la Academia de Artes Plásticas de Manzanillo; empero, el modo en que fueron alegadas: subrepticia, inconsulta y nada transparente con los implicados y el gremio intelectual local después de promesas tranquilizadoras les resta toda seriedad; hecho que conduce directamente a este otro razonamiento: se hizo así porque en verdad no les asistía la fuerza de la razón y la decisión se abroquelaba en intereses amparados por la posibilidad de usufructuar el poder, cuestión que aviva el diferendo entre Bayamo y Manzanillo, amén de hacerle perder credibilidad y poder de convocatoria a los estamentos políticos y gubernativos implicados. Quizás, de haber sido otro el método, estas líneas no hubieran visto la luz. Ahora, es obligatorio hacer lo que debió hacerse desde un principio porque "[...] un acto de generosidad y de justicia trae a los brazos a aquellos a quienes la aspereza subleva, o mantiene apartados" y ello, si queremos que la nación sea martiana: con todos y para el bien de todos, debe -como imperativo inexcusable-, hacerse con la participación inclusiva y activa de todos. Cuba necesita que así sea.

En Manzanillo de Cuba, a 14 de junio de 2010.



Publicado: viernes 13 de abril del 2018.
Última modificación: jueves 30 de mayo del 2019.