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Palabras de presentación del libro La Edad de Oro.


Esta acción cultural se verificó el 25 de julio de 2012.

Los libros son como las estrellas que brillan en la noche. Hay tantos que no se pueden contar y a menudo están tan lejos de nosotros que no nos atrevemos a ir a buscarlos. Pero imaginen tan solo la oscuridad que reinaría si un día todos los libros se escaparan y dejaran de emitir esa energía sin límites del conocimiento y la imaginación humanas?

Cuando me propusieron presentar aquí, es este parque que de cierta forma también es mío, este libro; recordé los libros de mi infancia. Pero, ¿cuáles fueron los libros de mi infancia? Ahora mismo recuerdo a Cuentos de los hermanos Grim, Había una vez, Oros viejos, Así es (libro que me regalar mi maestra de quinto grado), Pinocho, Alita, los cuentos de Andersen; y un poco más tarde las novelas de Julio Verne, Alejandro Dumás, Mark Twain, Stevenson u muchos otros. Y es que todo está en los libros.

En mi casa, todos leían. Mi madre, mi padre, mis abuelos. Al observar sus rostros inclinados sobre algún libro; al ver que a veces sonreían, que otras se ponían serios; y otras veces daban vuelta a la página con una tensa atención, me preguntaba: ¿Por dónde andarán? No me oyen si les hablo, y cuando por fin me prestan atención, parecen recién salidos de un país lejano. ¿Por qué no me llevan con ellos? ¿Qué hay en los libros? ¿Cuál es el secreto que no me quieren contar?

Era, como imaginarán un niño que ansiaba leer y a la vista del mar de libros que me ofrecía la librería de la ciudad, mis ojos brillaban como estrellas, así que un día me armé de valor para preguntar a la librera: ¿por favor, me podría dar al menos un libro de ese gran montón?? Y la librera me sonrío, asintió con la cabeza, se paró de la silla y extendía su mano hacia mí mientras decía: ?Te puedes llevar a casa este libro?. Y corrí con el libro entre las manos, mientras el corazón se me salía del pecho de emoción. Y solo cuando llegué a casa leí en la cubierta el título de aquella ?estrella? que alguien había bajado para mí: La Edad de Oro.

Para los que hemos leído La Edad de Oro nos resulta evidente que, al escribirlo, el autor conservaba todo su espíritu infantil, de ahí la facilidad para la comunicación con sus lectores, porque sabía como hacerles llegar las más increíbles historias, los más hermosos poemas y, sin didactismos, ayudarlos a valorar su entorno.

Pero ¿nació La Edad de Oro como libro? No. La Edad de Oro fue una extraordinaria revista escrita por el más grande y universal de los cubanos, José Martí. La revista se publicó entre junio y octubre de 1889, inaugurando en nuestra América la nueva literatura para niños, niñas y jóvenes.

Leyendo La Edad de Oro, y este es un secreto que quiero compartir con ustedes y espero me lo sepan guardar, escuché por primera vez los nombres de Bolívar, Sucre y San Martín; y supe cómo se hacen la cuchara y el tenedor; y cómo eran las casas en que vivían los hombre (y cómo se construían) antes de vivir en ?casas grandes, con puertas y ventanas y portales de columnas?; y descubrí a Miguel Ángel, Mozart, Moliere, Robert Burns.

Leyendo La Edad de Oro también comprendí por qué no debía cazar mariposas para encerrarlas luego en un pomo; y conocí a Pedro, Pablo y Juancito ?Meñique-; a Raúl ?que no tiene el pelo rubio, ni va vestido de duquecito, ni lleva medias de seda colorada? pero que como Bebé es un niño magnífico. Conocí, también, a Pilar, Bebé, Loppi, Massicas, a Piedad y Leonor. Y supe cómo y por qué surgió el juego de la gallina ciega allá en Francia y que en los Estados Unidos se transformó en uno nuevo el juego del burro?, que tanto alegraba las noches de verano.

Y es que en las páginas de La Edad de Oro está el mundo descrito con palabras sencillas pero hermosas y tiernas, porque Martí quería ?que los niños americanos supieran cómo se vivía y se vive hoy, en América y en las demás tierras; y cómo se hacen tantas cosas de cristal y de hierro y las máquinas de vapor; y los puentes colgantes; y la luz eléctrica? pero quería también que leyeran cuentos de risa y novelas de niños, para una vez estudiado mucho o jugado mucho, descansaran sanamente.

Han pasado los años y aquel libro siempre va conmigo porque como dijo el maestro en aquellas páginas ?la educación empieza con la vida, no acaba sino con la muerte?. Entonces, quiero invitarlos a todos a comprar La Edad de Oro o buscarlo en las bibliotecas y leerlo, pero no como si estuvieran cumpliendo con una obligación escolar sino a leerlo para iluminar el camino que los llevará mañana a ser mejores hombres y mujeres, mejores padres y madres, mejores abuelos y abuelas porque leyendo La Edad de Oro serán mañana un poquito mejores y ser bueno da gusto y lo hace a uno fuerte y feliz?.

Muchas gracias.


Ángel Larramendi Mecías.
25 de julio de 2012.



Publicado: viernes 13 de abril del 2018.
Última modificación: jueves 30 de mayo del 2019.