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Presentación del poemario La ruta de los amores, de Julio Sánchez Chang.


Esta presentación se verificó escasamente un mes antes de la muerte del autor del libro, el 14 de julio de 2011.

228.jpgLes confieso que hoy quería contarles un cuento, contarlo así, de memoria, como mis abuelos me contaban sus historias, pero me he percatado a última hora que en realidad no sé contar cuentos. Unas veces porque no los recuerdo entero; y otras, porque los confundo y mezclo unos con otros. Y a veces, hasta me faltan gentes para terminarlos como se debe. Por eso les voy a leer esto que es casi un cuento:

"Hace algunos año nació en Manzanillo un niño al que de seguro comenzaron a llamar desde muy pequeño "el chinito" por sus ojos rasgados y su cabello negro y fino, rasgos que solemos decir caracterizan a las personas provenientes de Asia y sus descendientes. Vivió el niño feliz, como casi todos los niños, en una casa mágica y humilde, humilde y acogedora. En la casa vivía también un hada nombrada Evangelina, quien con sólo sonreír hacía brotar la ternura de techos y paredes. Evangelina se movía como flotando y era linda y delicada como un jazmín recién abierto y sus ojos siempre estaban alegres y dicen que los bordados que hacía eran tan maravillosos, que más que bordados parecían pinturas. También vivía en aquella casa un príncipe enérgico y cariñoso, quien con paciencia enseñaba al niño a desentrañar los misterios de la vida, pero sobre todo le hacía saber que las amistades verdaderas son firmes como una roca. Tenía el príncipe unos ojos redondos y oscuros como las piedras de los ríos, ojos de otro mundo y se llamaba Julio, como el pequeño.

Pues bien, hada y príncipe contaban en las noches hermosos cuentos al "chinito" y lo arrullaban con hermosas y tiernas nanas. Y así fue naciendo en el pequeño el amor por la lectura. Pero también el niño era muy curioso y las preguntas se arremolinaban en su cabeza: ¿Por qué era redondo el sol?, ¿Por qué cambiaba de forma la luna?, ¿Por qué no se caían del cielo las estrellas? Y el niño buscaba las respuestas en los libros y leía todo lo que encontraba.

Y así fue creciendo hasta hacerse adolescente y aunque nunca fue ni el más fuerte, ni el más guapo, ni el más popular de su calle, creció feliz mientras esperaba en secreto cada noche al duende que asomado a su ventana le hablaba de rimas y metáforas, hasta que un día en el camino que va de la cabeza al corazón y justo antes de llegar a la boca sintió un murmullo de palabras que apresuradas querían salir y entonces, entre dormido y despierto, escribió?

El adolescente continuó leyendo y estudiando, leyendo y amando y escribía en medio de la lluvia (bajo un paraguas) y cuando desandaba las calles de su ciudad en busca de nomeolvides que regalar a su madre; y cuando algún amigo intentaba aligerarle la nostalgia o curarle la añoranza. Y así, fue acumulando poemas en hojas y forros de libretas, en cajas de fósforos, en paredes y aceras, en pétalos de girasol. Y, créanme, que algunos de esos poemas son los que aparecen hoy recogidos aquí, en La ruta de los amores, un libro escrito por el niño que aún es Julio Sánchez Chang.

Con este libro el autor acerca a los niños a lo que es nuestro mundo en realidad pero sin olvidar que todos ustedes son los verdaderos poetas.

La ruta de los amores es un libro tocado por la gracia que no solo complacerá a los niños, sino a todos los adultos que no están prejuiciados como lectores ante una temática lúdrica. Se reúnen aquí 21 poemas y 3 adivinanzas de fino humor y claras imágenes, que sin dejar de retozar con su radiante alegría resultan textos candorosos que ayudan a los niños a ver y amar las cosas sencillas de la vida mediante el prisma del verdadero arte. Es este un poemario afortunado por su musicalidad y porque con la sencillez de las palabras es capaz de revelarnos el asombro de la realidad.

En este poemario de Julio hacen acto de presencia la ternura, la capacidad de conmover, dada con una alta espiritualidad, como en el texto dedicado a Adrián, la gracia y la espontaneidad; y aún cuando en la forma no haya demasiados rompimientos, la totalidad de los poemas reunidos muestra que la sencillez resume profundidad de ideas y que la síntesis y la precisión son los mejores aliados para acercarse a un lector tan exigente como son los niños.

Nos encontramos ante una poesía realmente fresca que, por serlo, es sencilla sin hacer concesiones a la versificación facilista y aniñada que tanto daño hace a los pequeños. Representan estos poemas un mentís rotundo ante el frecuente error de suponer al niño inhabilitado para el disfrute estético y nos demuestran que es Julio un poeta que no se ha resignado a la pérdida de su tiempo de jugar y ahora juega a hacer poemas para que los niños, al jugar con ellos ?valga la redundancia? los hagan suyos. ¿Y acaso existe otra tarea más apremiante que esta en la creación literaria?

La ruta de los amores es una obra trascendente por sus méritos poéticos y también por el acierto con que fue ilustrada por Yuri Baldoquín Suárez y por la cuidada edición que corrió a cargo del también poeta Alejandro Ponce Ruíz. Demos, entonces, las gracias a Ediciones Orto por habernos regalado, en su colección Rondamar, una obra como esta.

Pero volviendo al cuento del inicio, de seguro ahora me preguntarán que pasó con el escritor en el que se convirtió el niño de la historia y qué les puedo decir yo, si ya les comentaba que casi nunca logro terminar un cuento. Así que solo me resta darle la palabra a ese mago-hermano para que les lea algunos de sus versos.

Muchas gracias;

 

Ángel Larramendi Mecías.
14 de julio de 2011.



Publicado: viernes 13 de abril del 2018.
Última modificación: jueves 30 de mayo del 2019.