Yo quiero
-siempre lo he querido-
llegar a esa humildad
que tiene el hilo
en las agujas?
A esa humildad callada
del hilo
en los ovillos?
Poetas y amigos:
Es para mí un altísimo honor que me hayan permitido escribir las palabras de homenaje a Manuel Navarro Luna, de quien estamos conmemorando hoy el 49 aniversario de su desaparición física.
Nacido en Jovellanos, el 29 de agosto de 1894, fue Manzanillo la tierra de su infancia y adolescencia; y en el orbe de la revista Orto y del Grupo Literario de esta, nuestra ciudad, con la amistad de Juan Francisco Sariol, desplegó aquí una obra poética propia de su tiempo, cuando su militancia comunista se desarrollaba al calor de importantes acontecimientos universales como la Guerra Civil Española, la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Fría y el triunfo de la Revolución Cubana.
Barbero, buzo, recadero, músico popular, procurador público, irrumpió en la poesía cubana en plena juventud, durante la década de 1920, con los títulos Ritmos dolientes y Corazón adentro, en los que se nos muestra como un poeta existencial y semirromántico, aunque años más tarde con Surco y Pulso y Onda no solo nos ofrecería un regreso a la tierra, sino que asumiría el lenguaje de las vanguardias e iniciaría un camino de politización que hallaría hitos definidos: La tierra herida y Poemas mambises, en los que abandona la elegía íntima para ofrecer una heroica, social; pero toda la dureza expresada en la voz con que declamaba se torna, nuevamente, dulzura ante los detalles más inimaginables; así compuso las serenatas para despertar a su hija; así lloró con versos de hombre la muerte de Doña Martina; así escribió con ternura a todos los amores que en su vida fueron.
El poema político, el romántico, el contemplativo, el coloquial, el de reflexión, los existenciales, no posibilitan al más asiduo amante de las clasificaciones fijar a este ser humano, que es Navarro, en una sola línea de la creación lírica. Hay en ella una mixtura de contemplación, ironía, dolor y asombro que se mantiene a lo largo de su extensa e intensa vida literaria y social, pero sin llegar a ser su única manera de reflejar la cotidianidad.
Al realizar una lectura reposada de su obra podemos apreciar ese resonar de voces, intenciones, caminos, flashazos que nos iluminan. Como buen conversador, como buen cubano, abarcó más de siete décadas de la vida de un país y sus hombres, de un universo, sus dudas y sus contradicciones.
A Navarro Luna le recordamos también por el fuerte verbo y la disposición para la declamación de sus textos agresivos, por haber sido uno de los poetas cubanos que mejor supo hallar una poesía para ser dicha en forma coral o en la trinchera, cuando era necesaria. Y es que él fue un apasionado, un poeta enorme, un hombre rebelde.
Decía Roberto Fernández Retamar, en ocasión del traslado de los restos del poeta a nuestra ciudad, en 1972: "los poetas como él son poetas padres" y es por ello que hoy nos reunimos ante su tumba para ratificarle que toda Cuba le agradece su pelea y su voz; y que nosotros, los escritores, los trabajadores y dirigentes de la cultura, los manzanilleros todos, estamos obligados a seguir multiplicando su palabra, cada día de cada año, porque Navarro anda en la calle, junto al pueblo, desgranando sus versos comprometidos; sembrando ternuras, arengando la batalla.
Permítanme concluir con unos versos que aparecen en su poema "Santiago de Cuba", del libro Los poemas mambises: "¡Únicamente entierran los muertos a sus muertos! / ¡Pero jamás los entierra la Patria!"
Muchas gracias.
Manzanillo, 15 de junio de 2015.
Publicado: viernes 13 de abril del 2018.
Última modificación: jueves 30 de mayo del 2019.



