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2008. Intervención en el VII Congreso de la UNEAC.


Versión de la exposición de Delio G. Orozco González, en el VII Congreso de la UNEAC, el día 1ro. de abril del 2008, en la sesión plenaria de Cultura y Sociedad.

231.jpgInicio mi intervención animado por la pregunta de Humberto Eco: ¿deben los intelectuales participar de la política?, y nosotros respondemos, no sólo de la política, sino, de la economía, la educación, la salud y el gobierno.

Con el objeto de abreviar por lo escaso del tiempo y además, porque como decía Enrique José Varona, todo el mundo es capaz de predecir catástrofes pero nadie ofrece soluciones para evitarlas, vamos a señalar los puntos que nos preocupan y ofrecer al mismo tiempo proposiciones prácticas para su resolución.

Cuba es un estado de derecho, pero a excepción de los que están en esta sala, más allá de sus paredes muy pocos conocen la Constitución, ni saben en cuantos capítulos y artículos se estructura la Carta Magna, por eso, y porque es preciso que la gente común conozca sus deberes y derechos para que nadie pueda conculcárselos, del mismo modo que publicamos la Biblioteca Familiar, reproduzcamos la Ley de Leyes Cubana, mientras la televisión puede preparar un programa sobre Educación Cívica y Ciudadana donde se explique la constitución, los poderes del estado, su estructura, sus funciones, organizaciones, organismos, en fin, todo aquello que aporte información y conocimiento sobre las estructuras de gobierno del país, porque nadie da lo que no tiene ni ama lo que no conoce.

Decía Martí que todo lo que es, es símbolo. Me duele ver como muchos jóvenes usan la bandera de las barras y las estrellas, pero no solamente esa, usan muchas otras; hay una explicación para eso, y es que un padre que gane 470 pesos o 400 pesos, no puede abonar 8 ó 10 dólares para comprarle un pulóver a su hijo que tenga la bandera o la insignia en el pecho o en una gorra para que la lleve en la frente; por eso, me permito apropiarme de los versos de Joaquín Sabina y decir: "Que lucir mi bandera no cueste tan caro, que mostrar la ajena no valga la pena".

El inicio de la supresión de las prohibiciones es un hecho que saludamos con regocijo; sin embargo, nadie sabe si en el futuro habrá que implantar nuevas prohibiciones, ojalá que no, pero si es así, prefiero ser excluido por dinero y no por mi condición de cubano; incluso, la constitución plantea que se puede tener una sola ciudadanía y yo no deseo ni quiero perder la mía para acceder a los beneficios que como hijo del país tengo derecho.

Una última reflexión sobre nación y revolución. Para mi está claro que el fin es el país y la revolución el medio; o sea, la revolución es el medio que los cubanos de estos tiempos se han dado para adelantar al país, de modo que, si vemos la edad de la revolución, 50 años, entonces podemos aseverar que antes de la revolución hubo país, en la revolución hay país y después de la revolución habrá país; lo que sucede es que para desgracia de los enemigos de Cuba, es la revolución lo que mejor le ha sucedido al país desde que el genovés plantó sus plantas sobre esta ínsula. A nosotros corresponde hacer que la revolución siga revolucionando, y la prensa, que si bien no es panacea universal, si puede convertirse y debe convertirse en el Cuarto Poder, debemos permitir una inclusión participativa absoluta en todo; refiérome a la máxima del Conde Romanones cuando decía que en política hay que sumar todo lo que se pueda, no restar nada, multiplicar con cuidado y si hay que dividir a alguien hasta hacerlo polvo es al enemigo; por tanto, la prensa debe convertirse en ese Cuarto Poder, no solamente en los órganos de prensa nacionales, sino también en los provinciales, en los municipales, donde se libra la batalla por la cultura cubana, allí en el barrio, en la comunidad, con la gente que sufre, que padece, que ama y que vive el país, e indiscutiblemente es esa una prensa que aconseje, que señale, que sugiera, que critique y que denuncie, que de eso se encargue entonces el poder judicial, que ella cumpliendo su misión puede hacerlo; nos debe preocupar la falta de opinión, no el exceso de la opinión, porque la prensa tiene que convertirse en un símbolo de la nación, en un proyecto de inclusión donde todo el mundo no sólo pueda participar y hablar, sino también, donde se vea representado, porque no son solamente los problemas culturales, sino los problemas existenciales de la gente, que se vea reconocido cuando se trata un problema que tiene que ver con el barrio, con la casa, con el trabajo, con la remuneración, y evidentemente es lo que tenemos que hacer: una prensa en Cuba, por Cuba y para Cuba, lógicamente desde Cuba.

Y como la cultura cubana es un constante acto de fundación y refundación, fusiono aquel sentir del Maestro cuando en noviembre de 1891 va por vez primera a Tampa, con la decisión de marzo de 1960 cuando enterrábamos nuestros muertos después del atentado de la Coubre, en una decisión de lucha que compartimos casi todos los que estamos aquí, y digo casi, porque decir todos es una generalización y toda gran generalización constituye gran equivocación:

 

¡Patria con todos y para el bien de todos o Muerte
Por una Cuba más justa y justiciera, libre y liberadora
Venceremos!



Publicado: viernes 13 de abril del 2018.
Última modificación: jueves 30 de mayo del 2019.