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Escenas de 1915 y las circunstancias de la actuación.

Autor(es):
Ramón Leonardo Cabrera Figueredo.
Comentarios al filme «1915» que trata elementos de la historia de Armenia.

"A mi juicio, el mejor gobierno es el que deja a
la gente más tiempo en paz".

Walt Whitman

"A algunos hombres los disfraces no los
disfrazan, sino los revelan. Cada uno se
disfraza de aquello que es por dentro".

Chesterton

"Cuando la necesidad nos arranca palabras
sinceras, cae la máscara y aparece el hombre".

Lucrecio

 

235.jpgDamas y caballeros, estamos aquí para montar una obra. Esta no será un performance común, no será ficción. Nuestra historia en verdad sucedió hace mucho tiempo ya. Esta noche, en este escenario, le contaremos la historia olvidada de 1915. Hace cien años, a esta misma hora, un gran crimen aconteció y un pueblo entero se desvaneció de la faz de la Tierra.

Con estos textos da inicio el magnífico filme 1915, una cinta de corte dramático/suspense psicológico que intenta -y ciertamente lo logra con creces-, situarnos frente a un contexto fidedigno acaecido en Armenia, en el año antes mencionado. La cinta resulta de una gran economía en su puesta, pues todo acontece en los espacios de un escenario, camerinos, cabina de audio y el interior de un teatro de los Ángeles, que son la vital encrucijada para hablar y contar historias pasadas. Sobreviene en escasas locaciones.

¿Dónde está lo positivo de la puesta en pantalla? Radica en la asunción de los personajes para los cuales ha sido practicado un método inusual en la técnica de actuación teatral, que suele viajar desde una inserción de hipnosis inducida y el procedimiento síquico practicado para lograr el ¿sueño mágico? e irrebatible desde el interior del actor, actor como instrumento en el que se embasan las más increíbles emociones de la catástrofe que narra la obra escogida.

1915 no se separa de una observación dentro del cuadro; es decir, no hay un distanciamiento teatral para explicitarnos los conflictos internos de cada personaje en las tablas, sino que está atemperado al lenguaje cinematográfico y sus códigos, pero nosotros establecemos con el discurso audiovisual, una relación significante en la cual -sabiendo que el cuadro y los movimientos de cámaras no exageran para convencernos de que estamos viendo teatro- nos apropiamos de una tasación del arte de las tablas más riguroso y la obra más compleja asumida por las técnicas empleadas, eso sí queda claro desde el punto de vista del realizador.

237.jpgEl aparente conflicto dramático principal, pasa a ser algo circunstancial, pero no deja de ser un satélite de los conflictos internos de los personajes, no de la historia teatral, sino de la eventualidad de los actores y actrices que lo generan. Pocas veces hemos asistido a un cine a ver teatro por dentro, con el idioma del cine mismo y creernos que ese lenguaje es quien lo resuelve todo, porque una especie de teatro filmado es lo apreciado; es cierto que este es el tropo en la ficción, pero no en lo fundamental, pues se juega con él para descargar en otro código, el que lleva tácito la condena de cada exégeta: hacer real lo que está edificando en escena.

La sumisión de Armenia a finales del XIX, nos remite a la invasión turca a esa pequeña nación al oeste de Asia. Este tipo de catástrofe se ha repetido en la historia de la humanidad, en toda la geografía terráquea, desde que la misma se llama con su misericordioso nombre: ¿humanidad? y se han condicionado los más atroces crímenes contra los hombres, pero lo que pone al desnudo la película, mas allá de los discursos políticos, ideológicos, es la aclamación de las emociones en los caracteres despertados de los personajes, tragedia que se le puede inducir al individuo en una guerra, pero también en un escenario donde la historia ficcional es pasto para contarnos una parte de la verdad acaecida.

La gravedad de esta obra cinematográfica reside en el histrionismo desatado cual huracán o erupción dormido en sus intérpretes, que se mueven entre una fina línea: la ficción y la verdad entre el cine y el teatro, pero apresados en emociones que realmente sufrieron todos los que un día, quedaron alcanzados por las garras de la oscuras fuerzas de la maldad, el genocidio; y hacernos creer doblemente, por la puesta en las tablas dentro del filme y por la puesta en pantalla totalizadoramente, que la magistral historia es objetivamente auténtica y que la locura obtenida como un dato que le sobrevino a un grupo de artistas, es innegable; uno queda en pugna con lo visto y oído, sin otra reacción posible, por lo menos en mi caso, del silencio, de esa extraña conexión oscura con el texto a primera vista, con ese contundente primer encuentro retador, frente a una obra que se ha sabido levantar hasta sus más imperceptibles detalles. Las exigencias del director teatral -dentro de la película- son tremendamente brutales, su investigación (de actores y actrices) y los cuerpos cual contenedores de emociones encontradas, son insuficientes para contar lo que se quiere decir al público, pero logra con tétrica extravagancia desaforar los entuertos de la psiquis y el carácter déspota, en ocasiones, del espíritu humano; también logra en su puesta relocalizar al artista en el personaje, y borra la intimidad medida entre la realidad y la puesta del acto sin más poética que el desgarramiento, la muerte, la familia, una pérdida insalvablemente del destino de todo un pueblo.

236.jpgEl filme se desenvuelve tras la creencia de que no hace falta el olvido, que lo importante de la historia es mantenerse sagrada, pero sangrando la herida sufrida hace cien años por el pueblo Armenio y lo lleva al tratamiento de una historia donde el nivel de la exaltación pudiera descansar en la demencia, el rescate a petición del actor o la actriz de la cordura por pura piedad, cual tortura penetrante que flagela, pero se hace necesaria para lograr la triste imitación de la realidad contenida en el argumento de la historia teatral contada a través del cine.

Los espacios interiores de la locaciones elegidas para este filme, se contraen sin transición entre dos lenguajes, para ni en el discurso total mismo pasar una vez y otra vez, de un plano real a uno ficcional, como si fuera el diseño de la circunstancias que viven disfuncionalmente los actores en lo personal, embases lógicos de todo intento pretérito/histórico; es una buena señal que se matice con los claro/oscuros de los opacos espacios que suelen encontrarse fuera de aforo, en un ambiente que conspira para que la amalgama con la que se construyen los personajes, sea trascendente y verosímil.

Es así como los fantasmas de la historia revuelven la escena despreciable, el memorándum de una locura y los límites con la cordura. Su esmerado cuidado en cada texto de la película, nos deja entrever que el olvido no existe, que las apariciones nos acompaña, aunque por momentos les dejemos libres, para nosotros continuar ruta hacia el futuro.

Sigo especulando que la tesis de esta película está expuesta en la atareada relación entre la verdad y la ficción, entre el intérprete (actor/actriz) y los personajes; sólo así estaré persuadido, por fin, de que la obra se asegura un terreno en el futuro de la tradición del mejor cine contemporáneo; el público que siga vociferando en las afuera del teatro en contra de la puesta, al fin y al cabo son únicamente la multitud contra los artistas, algo que de vez en cuando se torna recurrente y hasta necesario, pues no sólo de vino, pan y circo vive el hombre.


1915

Cine dramático/Suspense psicológico. 1h 32m
Directores: Garin Hovannisian, Alec Mouhibian
Música compuesta por: Serj Tankian
Guión: Garin Hovannisian y Alec Mouhibian
Productores: Garin Hovannisian, Alec Mouhibian y Terry Leonard.
Interpretan: Samuel Page Ángela Sarafyan, Grigor Sarafyan, Simon Abkarian. Catherine Schaub, Sima Abkarian y Djivan Abkarian
Nominaciones: Premio Drama Desk a la mejor coreografía.



Publicado: viernes 13 de abril del 2018.
Última modificación: lunes 03 de junio del 2019.