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Victoria o sangre en la noche.

Autor(es):
Ramón Leonardo Cabrera Figueredo.
Una visión íntima, nocturna, tortuosa del filme alemán Victoria.

Los placeres sencillos son el último refugio
de los hombres complicados.

En esta vida la primera obligación es ser
totalmente artificial. La segunda
todavía nadie la ha encontrado.

En los mejores días del arte
no existían los críticos del arte.

Oscar Wilde


 

I. Introduzione

Prendo el receptor de televisión con el objetivo de calmar mi sed de fastidio, sintonizo el primer canal. Es sábado en la noche y toca más de lo mismo; que los sábados no son buenos para rondas de películas, la basura contrae la eminencia de mis pretensiones, no tengo nada que hacer, estoy anímicamente o perversamente mal, sufro cual delirium tremen de ver cine toda la semana, todos los día por estos días, no quiero cambiar mi intimidad de nuevo a mi empleo habitual, intento escapar de la PC, la televisión, del cine, de todos y todas, pero? enciendo la tele. Un flasheo acompañado de música en una discoteca que presiento como lejana, como la auscultada bajo los efectos del alcohol; un bello rostro de mujer joven en primerísimo primer plano ¿bailando?, brinca en medio de una música que olvido y esa ansiedad de la cámara renuevan en mí los feroces apetitos de seguir distinguiendo emociones en el cine, aunque la relación de esta bestial noche me la provoca la joven protagonista de la cinta Victoria; es una revelación casi libidinosa, no me apena decirlo, constantemente se arregla la coleta y descubro en ella el rostro de otra actriz en una situación de acción física y dramática afín a su nombre Björk Guðmundsdóttir de Bailando en la oscuridad, esa frenética y sutil cinta de Lars von Trier. Y el desorden en Berlín en el hondonada de un sótano donde está la discoteca con humo de cigarros, gentes sin rostros e inseguridades garantizadas por la intermitencias del ritmo, de las luces, de la música y de mi vista usurpada por la cámara ahora y hasta el final de la historia. Ya no recuerdo nada, sólo ver el filme que me va despojando y voy cediendo lánguidamente, no tengo prisa, quiero ver a esta chica saber más de ella; se contagia todo mi espíritu en plena madrugada alemana, siento que debería estar allí, sólo se trata de abrir la puerta y correr a esa discoteca sin saberlo. Ya estoy junto ella, la película ya no es la película, somos nosotros Victoria y yo la situación que me prende. Olvidé el sábado en la noche, las demás películas, mi trabajo. Olvidé la rutina y ahora sólo veo a Victoria con una codicia ardiente. ¡Qué preciosa, qué joven, qué alegre! Pide un trago doble de cuatro euros y sigue bailando sola; se va al toilette y de paso conoce a unos chicos de su edad. Me siento mareado. Ella sale a la calle y la mayoría duerme. Ellos son cuatro jóvenes de veintitantos años. Siento frío y temo por Victoria. Me resisto a creer que la violaran, sólo así volveré a la rutina de nuevo. Salen por ese barrio berlinés jugando; no pasa nada. Razono, vislumbro cómo sospecha algo que está por ocurrir...

II. Intermissione

Victoria toma su bicicleta de manos, ellos la invitan a su supuesto automóvil salen corriendo entran a una licorera roban algunas cervezas, siento, padezco una sumisión extrema por el personaje tengo miedos reales, la ficción perpetua yo no consiento ni percibo ese término estoy tan dentro de ella y ella tan dentro de mí que perderme esta película en un exploración más o menos teologal de tipo moral, ético sería todo un desperdicio ya comienzo a creer que estos chicos muchachos son: Boxer, Blinker y Fuss dos de ellos corretean juguetones de juegos sensuales en las calles recorridas por la policía, los transeúntes, otros jóvenes noctámbulos pleitearos de turno saben que hay un orden que cumplir a pesar de los tiempo, de las cervezas y sus esperanzas por desanudarse de ese viaje con la popular, oxidada y petulante rutina que acaba con el hábitat de la alegría del placer de la lujuria. Van al cielo pero no llegan hasta el infinito toman el ascensor, en Alemania no se habla en los ascensores, solo a ti te dejo, dice uno de los personajes... la música despoja a todos de su lugar en la puesta en pantalla, ni una palabra es la ausencia de sonido para proclamar la música como lenguaje hegemónico solo reposan en una azotea para vivir ese último instante de la noche, como culminación infinita de la existencia por lo menos ese día y así celebrar el advenimiento del cumpleaños de Fuss tras un tradicional ceremonial de casi todos los jóvenes en el mundo hablar en muy baja voz en la cumbre de la juerga en una noche bien avanzada abandona el lugar Victoria, temo por ella nuevamente sale acompañada por el co-protagónico principal del que no resuelvo acordarme su maldito nombre solo su rostro es una suerte de remembranza muy distante del púber Marlon Brandon en Nido de Ratas de Elia Kazán y no pasa nada... me vuelvo de nuevo a mí y recobro el aliento perdido, sigo sospechando pero la ordenación del romance no delata entelequia alguna, siento y padezco ya descubrí que la cámara es la responsable, las locaciones me incomodan soy una marioneta o un títere de uno de los guionista que une de ellos resulta ser el mismo director, no puedo suspender mi interés algo no me deja, algo va a pasar...


III. Clímax

Victoria es una española que está en Berlín porque algo ha pasado y esa insuficiencia de información aún me mantiene en vilo. Llegan al Café donde trabaja, continúan hablando. Percibo un cambio de rumbo y no sucede nada. El Brandon de mi visión, el careta de Brando sigue jugando con ella, se ralentiza el conflicto dentro del café Victoria, demuestra que es la hija de Mozart, no por herencia genética sino porque demuestra que es capaz de tocar a ?Mephisto? para el asombro de su acompañante y para mí; ha tocado ese instrumento dieciséis años y medio, siete horas durante siete días persistentes de su existencia porque no tiene amigos, porque los otros chicos que están en el conservatorio no sus amigos, son como ella, pelean por sus sueños también y la competencia duele.

Regresan todos, comienza a aclarar la noche, se van como asteroides crápulas en busca del asesino nocturno, del capo de chiquillos. Son contratados para robar en un banco setenta mil euros y aguardan para saldar viejas deudas de prisión. Se agita mi pulso. La cámara se ha convertido en una pistola con el cañón caliente. Victoria los acompaña, va la izquierda de un auto recién robado. Una sueca en Berlín maneja sin saber cuál es el rumbo de su vida, de sus acciones. Vuelvo a caer en la cuenta que no sé el rumbo de mis emociones, se recargan nuevamente con el susto, con algo misterioso... Vuelvo a desplomarme en el impulso inicial cuando todo se entendía en otro sentido. Perdido en la narración audiovisual me siento un atormentado audiovisual del argumento, me matan los motivos de evaluar cómo han construido la historia los que la inventaron, los que filmaron y se fueron; me dejan ensimismado el corre-corre; apretaron el encendido de la cámara y se olvidaron de apagarla; corre con ellos en la fuga con el saqueo; en el vehículo vuelven al bar? el tiroteo, el desorden, la muerte, el final. ¡Qué pasa!, no entiendo, sólo siento, no tengo que entender. Victoria deja al Brando en el Hotel más cercano, desaparece de mi vista con un nylon repleto de dinero, la cámara sigue agitando mis confusa emociones, todo se va a negro y suben los créditos como la muerte misma.


IV. Finale

Estoy de vuelta, he regresado de un viaje que no me esperaba, el suspense, la acción física, sicológica y algo más que valió la pena: el sábado y la película. Ahora estoy seguro que nunca apagaron la cámara y que el plano secuencia fue una coreografía, mi catarsis sirvió para algo, por tanto estoy nuevamente persuadido que el cine preexiste, aunque hayan películas tristes, aunque hayan películas malas y hasta felices, aunque hayan Victorias amargas. La realidad es una infeliz idea para los raros seres sin espíritu o sin alma cuando de películas se trata, los buenos filmes son buenos aunque los critiquen, ese acto viene a revalidar que la buena diatriba es el rubor, el reflejo emocional del subconsciente y aunque la imparcialidad la compare con los referentes que tengamos, triste evidencia es confirmar que no todos pueden deleitarse de la misma manera que comer con los ojos, nos alimenta como un bocado de vitaminas que el rato de ausentarte de nuestro ego, de su centro nos permite ver una y muchas otras realidades del vivir un poco más en menos tiempo cinematográfico, que el espectáculo no es profeta sino un proxeneta un rufián de las emociones y que por fin la Victoria de nuestros sentidos puede salvarnos de la rutina, de una cíclica muerte emocional que vegetamos todos los días al abrir los ojos y ver el plano con que comenzamos la película de la vida.


R. L. Cabrera.
Manzanillo, 14 de abril sin Victoria y al borde del precipicio.


246.jpgTítulo original: Victoria.
Año: 2015
Duración: 140 min.
País: Alemania
Director: Sebastián Schipper
Guión: Olivia Neergaard-Holm, Sebastián Schipper.
Fotografía: Sturla Brandth Grøvlen.
Reparto: Laia Costa, Frederick Lau, Franz Rogowski, Max Mauff, Burak Yigit, Nadja Laura Mijthab.
Productora: MonkeyBoy / Deutschfilm / Radical Media.
Género: Thriller. Drama | Robos & Atracos.
Sinopsis: Rodada en un único plano secuencia, el film tiene como escenario el famoso barrio berlinés de Kreuzberg. La cámara es testigo de todo lo que le pasa a la joven Victoria, una joven española de Berlín, durante dos horas de su vida, desde las cuatro de la mañana hasta las seis, conoce a cuatro jóvenes para los que la noche acaba de empezar y cómo en ese breve período de tiempo le suceden cosas que darán un giro total a su vida. (FILMAFFINITY)

Premios:

(2015) Festival de Berlín: Contribución artística sobresaliente (ex-aequo).
(2015) Premios del Cine Europeo: Nominada a mejor película, director y actriz.
(2015) Festival de Sitges: Sección Oficial de Largometrajes.
(2014) Seis Premios Lola Cine Alemán, inc. Mejor película, director, actor y actriz.



Publicado: viernes 13 de abril del 2018.
Última modificación: lunes 03 de junio del 2019.