Por el Francotirador del Cauto
Riflexiones
El reciente artículo aparecido en "Cuba Posible", de Delio G. Orozco González, titulado "Cuba: meditaciones sobre una misma cualidad", no deja de ser eso, precisamente un conjunto de reflexiones profundas acerca de nuestra realidad insular. Y no es que esté en contra de lo enunciado por el articulista, pues su punto de vista razonado históricamente es muy válido, pero me gustaría matizarlo con algunas consideraciones personales.
De entrada su visión coincide con lo que expresé en una ocasión acerca de que, tan difusa está la frontera entre el bien y el mal en nuestra época, que usualmente estamos a cada momento obligados a elegir entre lo menos malo, ante la inexistencia de lo que aspiramos como mejor.
Asumimos determinado grado de frustración cuando estamos obligados a admitir lo que afirma Orozco, que "el proceso político conocido como Revolución cubana es el acontecimiento menos malo -en términos de justicia social-, verificado en la geografía insular, por lo menos desde el momento en que aparecen los registros escritos de su pasado".
La frustración parte, para los que aún vivimos, en que cuando decidimos militar hace cinco décadas en el proyecto de construcción de una nueva sociedad lo que vemos hoy no son los parámetros que nos propusimos, y llegamos a algo así como el gallego, con el perdón de los gaitos, que se propuso construir la bicicleta y solo logró un afilador de tijeras.
Loable es también que Orozco en sus reflexiones no se ande por las nubes cuando se proyecta hacia el futuro y afirme, que si las nuevas formas socio-económicas y políticas que han de venir superan sus logros, estaremos entonces en condiciones de señalar que la novedad es superior a la Revolución; empero, no porque la suceda en el tiempo; sino, por las cuotas de justicia y felicidad que sea capaz de otorgar a los cubanos, "porque la historia demuestra de manera irrecusable que no todo lo nuevo es necesariamente superior, mejor o beneficioso".
Touché. No se llega a nada superior merodeando por los fangales del capitalismo.
Afirma además que como lo cortés no quita lo valiente, alguien, con toda razón, puede argumentar que la cuota de justicia alcanzada no justifica la pérdida de libertad individual o el daño cometido; sin embargo, alguien, con esa misma cuota de razón puede repetir el argumento del Cristo: "¡Que tire la piedra quien esté libre de pecado!" o como escribió Martí horas antes de morir: "las cosas de hombres, hombres son quienes las hacen"; por tanto, imposible sustraerse a sus yerros y aciertos. Pero es que aquí nadie, en sus cabales, aspira a ser Cristo ni Martí, sino que participa de la idea de actuar con moderación e inteligencia, sin ambiciones de poder, acorde a las experiencias históricas, digamos que desde la izquierda se enfatiza en recuperar aquella idea de que el poder radique en la sociedad, en el pueblo, que se acabe el caciquismo, el poder vertical, la parafernalia del dogma y el elegido, el que otro que no he elegido decida por mí.
El éxito no radica en el pecado, sino en la resurrección. No podemos darle participación al pecado desde el nuevo punto de partida. El haber pecado no limita al hombre y a la sociedad en su resurrección. Y el que peca y sigue pecando no tiene derecho a dirigir.
Luego una pregunta que se las trae. ¿Por qué un pueblo beligerante como el cubano, que en menos de una centuria se enroló en tres guerras independentistas, otros conflictos menores, una Revolución fracasada y una guerra de liberación que condujo al triunfo de la Revolución de 1959, ha permanecido "bastante pasivo" durante 56 años?
Orozco con esa pregunta se pierde en el matorral de la falsa historia. No hay un momento desde el triunfo de la Revolución en 1959 en que la lucha de clases, en todas sus manifestaciones, no se haya manifestado en nuestra sociedad.
La historia de la Revolución cubana debe volverse a escribir porque hasta ahora solo conservamos o damos como cierta la versión de los vencedores, esa donde el detalle se pierde, y en la que toda oposición ha sido calificada como traición a la patria, donde las tonalidades grises no se aceptan como válidas.
No hay pasividad en el pueblo cubano, al contrario, existió un esfuerzo y sacrificio descomunal por lograr una sociedad socialista, con justicia social, educación, salud pública, una sociedad de leones, no de carneros. No culpemos a nuestro pueblo por haber confiado que caminábamos hacia un lago que resultó al final estar seco. Es la hora del análisis y el recuento unido y de que todos tomemos el camino que nos conduzca a abrevar y calmar nuestra sed, sin extremismos ni la porra para el que piensa diferente. Sin más sacrificios inútiles, ese que nos pide la dirigencia de antaño nuevamente.
Debemos evitar a toda costa lo que nos advierte Orozco, que la burocracia siga ganando espacios, que continúe la maraña de prohibiciones lastrando la gestión pública, y siga promoviéndose desde la burocracia la rigidez ciudadana y un estatismo social que jamás nos llevará al desarrollo con justicia social.
Y muy de acuerdo con lo que afirma de que "no será nunca justificable un desarrollo que descarte, excluya o convierta en daños colaterales la vida de un grupo de hombres en beneficios de otros".
Finaliza Orozco sus reflexiones afirmando que "las modificaciones y adecuaciones como las que hoy se hacen y es preciso seguir profundizando en estructuras económicas, políticas, jurídicas y sociales -teniendo siempre como centro al hombre-, nos permitirán salir del estado en que estamos, oxigenarán el país dándole confianza en sí mismo y la construcción de un futuro, mejorando -más que preservando-, las conquistas sociales porque a fin de cuentas para eso se hizo la Revolución: para servir a los cubanos, lo demás vino por añadidura. Si logra sobrepasar el ciclo vital de sus hacedores, entonces habrá cumplido con creces su misión histórica; de lo contrario, quedará en los anales de la Historia como un punto de inflexión, cóncavo o convexo -según el punto de mira-, en la larga línea de la evolución humana".
Celebro su artículo por el análisis realizado. Admiro su confianza, que la izquierda no tiene, en las adecuaciones y modificaciones que implican los lineamientos. Fatalmente no todos tenemos el mismo catalejo cuando observamos el firmamento del futuro.
Quiero una bicicleta, no un afilador de tijeras.
Fuente: http://primerocuba.blogspot.com/2015/07/el-afilador-de-tijeras.html
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Publicado: viernes 13 de abril del 2018.
Última modificación: jueves 30 de mayo del 2019.



