A Elena Chávez por su confianza y el recuerdo siempre
El director dio una voz de mando -¡Corten!
Era un receso, estábamos grabando un cortometraje de ficción para nuestra tesis del ISA. Miguel Benavides Chávez entró al bar, locación de trabajo ese día; su figura, sombrilla en manos, semejaba un gentleman con bastón rojo, tez oscura y cabellos absolutamente blancos.
-¿Puedo ayudar? -Inquirió.
-No tenemos cigarros para esta escena -Dijo alguien, que no previó se los fumaran todos de pura ansiedad.
Benavides alargó su mano izquierda y sacó, como en las buenas películas del Lejano Oeste, los suficientes para terminar el día, con la deuda contraída de poner aquel gesto en los créditos del video.
La idea de una entrevista a Miguel Benavides nació en ese momento, con un marcado interés documental, pero mientras él se persuade, se decide ante lo posible y real de esa variante, comparto con ustedes una conversación oficiosa con una de las principales figuras del teatro, el cine y la televisión en Cuba; un intercambio entre el maestro y un alumno, entre dos amigos como pretendidamente somos.
Al triunfo de la Revolución, usted era un joven de veintiún años. ¿Dónde estaba, en Manzanillo o en la Ciudad de La Habana?
Yo estaba en Madrid, España. Me había ido en septiembre del cincuenta y ocho; ¿las causas?, mi hermano en la Sierra, y yo era un perseguido; debo recordarte que todos nos llamamos igual, es decir, Miguel Benavides, mi padre, mi propio hermano..., pero el perseguido era yo, con un ultimátum de muerte dedicado a mi persona. Estaba dispuesto a marcharme a la Sierra Maestra con mi hermano pero los viejos míos lo sabían, al punto que en Los Letreros*, unas amistades de ellos me viraron para atrás, y ése es el motivo por el cual, en enero de 1959, no estoy ni en Manzanillo, ni en Cuba.
Usted tendrá razones para regresar hoy y radicarse, definitivamente, de nuevo en Manzanillo, luego de más de cuarenta años de ausencia. ¿Cuáles podrían ser esas determinaciones?
Bueno?, en primer lugar una promesa hecha al pueblo en un carnaval junto a Alex Pausides; segundo, soy médico y sabía que tenía un cáncer de pulmón, vivía solo con mi madre** en La Habana, y su familia vive acá, no tenía con quien dejarla, es decir, el retorno era algo normal y natural; esas son las razones básicas; en tercer lugar, un sincero gusto por hacer teatro aquí, aunque no actúe como actor pero sí poner todos mis conocimientos al servicio de la cultura teatral o escénica en Granma, más específicamente en Manzanillo.
Usted tiene dos ocupaciones que ha ejercido de forma muy profesional, una de ellas ser actor y la otra, haber sido un reconocido médico. ¿Cómo pudo simultanear estas dos carreras tan distintas?
Las dos cosas me gustan mucho, lo que indiscutiblemente me inicié primero como actor, presentándome en la sociedad Maceo, con toda una serie de gentes, que hoy algunos están y otros no. Me estrené, entre otras cosas, con una canción de Harry Belafonte, la cual era ya muy famosa. Así y todo el garaje de mi casa era grande; hicimos comedias, sketch, etcétera. Indiscutiblemente aquello quedó, y es curioso, porque en mi familia no hay tradición, ni nadie que tenga que ver con las artes escénicas. Luego la casualidad quiso que integrara el Coro Nacional, en los sesenta, en la cuerda de bajo, eso fue lo primero que hice en La Habana. No me inicio como actor, sino como cantante, malo?, pero cantante. Ya era estudiante de medicina, una vez que abren la universidad me enrolo en la medicina y La Habana se convierte en un hervidero de cosas; yo quise incluso alfabetizar pero como estaba estudiando medicina no me lo permitieron; así era entonces como hacía las dos cosas.
Usted ha trabajado en varios medios. ¿Cuál le gusta hacer más?
El teatro, indiscutiblemente. Estudié en la Escuela Municipal de Artes Dramáticas de La Habana y allí siempre se hacían obras a final de curso, recuerdo haber hecho una de Eugene O´Neill llamada En la zona, junto a Carlos Pérez Peñas y otros. Creo ser una gente muy acuciosa en la cuestión de la puesta en escena, de la dramaturgia, porque eso me lo enseñaron mis directores Roberto Blanco y Nelson Dorr; soy incluso el tipo de actor que en muchas de las obras que hice, realicé aportes de momento, cosas que se me ocurrían y las incorporaba y una gran cantidad de directores lo aceptaban porque estaban bien pensadas. No es que yo me crea un gran director, ni mucho menos.
El cine me capta después, hago unas pruebas junto a un grupo de actores para hacer una película que se llamó Crónica Cubana, muy relacionada con Playa Girón, dirigida por un uruguayo llamado Ugo Ulive, quien después fuera el primer rector del ISA, y fui escogido entonces para esa producción.
Tengo entendido que ha trabajado en un total de dieciocho películas, entre cubanas y coproducciones extranjeras con Cuba. ¿Cuál es su predilecta?
La odisea del general José, aunque siempre me gustó El otro Francisco; La odisea? porque fue la que más entendí, la que más comprendí y en la que más me nutrí de fuentes históricas, y eso, aunque tú no lo creas, hace que las cosas fluyan en un actor, y gracias a Luis Felipe Bernaza, el cual me ayudó mucho; aclarar quiero que la dirección era de Jorge Fraga, pero le agradezco mucho a Luis Felipe Bernaza por su inestimable ayuda.
Durante la III Muestra de Jóvenes Realizadores auspiciada por el ICAIC, le celebraron a usted un homenaje por su carrera en el cine cubano. ¿Qué cree de los homenajes?
No creo que sea merecedor como tal de homenajes, porque si bien fui uno de los primeros actores del ICAIC, incluso por concurso, existen otros ya fallecidos como Tito Junco, Adolfo Llauradó, Samuel Claxton, que es un señor que se formó de la nada, y sé que es un actor excelente; está Mario Balmaseda; en fin, creo que hay mucha gente que puede ser homenajeada, y el homenaje no creo que sea para un actor, para mí, debe ser para el ICAIC, porque sin el ICAIC y sin la Revolución, no hubiera un Miguel Benavides, ni un Samuel Claxton, ni nadie. Eso lo veo bien, lo acepto con humildad.
Los homenajes a mí no me gustan porque cada vez que hay homenajes la gente se muere, pero bueno, hay que aceptarlos y lo agradezco.
Si usted tuviera que escoger en un inventario de películas del cine universal y sólo le dejaran escoger una, ¿cuál seleccionaría como la mejor?
El ciudadano Kane, de Orson Welles, esa me golpeó mucho. Te podría citar las películas de Griffith, de Einsenstein, pero Orson Well era un genio. Chaplin también me ha tocado mucho y hondo pero en otra medida, de Charles Chaplin admiro la sensibilidad. Chaplin, aunque la gente me dice que no, es muy brechtiano porque en un momento determinado de tragedia se va a otra cosa, cómica por ejemplo, y de plano te olvidas de lo malo, de lo inhumano, te olvidas de aquello inicial.
Y del cine revolucionario, ¿cuál escogería?
Dos de ellas.
No, sólo le pido una.
Bueno... Suite Habana, de Fernando Pérez. Es una cinta muy revolucionaria, la película que le hubiera gustado hacer a Titón (Tomás Gutiérrez Alea) con Guantanamera, pero ahí hay muchos actores, demasiada ficción. A mí me gustó por lo que yo creo fuerte en ella, lo que pienso que es revolucionario. Déjame decirte, me mandó para el hospital; es mucha la carga humana, de sacrificio, de ver la realidad terriblemente como está, en definitiva nosotros no tenemos una venda en los ojos, ¿o sí la tenemos? Estar aquí, seguir aquí, vivir aquí, y amar ésto, es lo principal, y sobre todo tener sueños que realizar, eso es lo principal de todo cuanto hay en la película, es lo que me hace vibrar de ella.
Hay otros medios en los que se ha desempañado, sobre todo en los dramatizados; háblenos de televisión y radio, si es que esta última la ha hecho.
La televisión tiene de bueno que te «populariza» rápidamente, si tu personaje es de los que la gente quiere, el televidente agradece. La telenovela Salir de noche es buen ejemplo de ello, teniendo en cuenta mi experiencia personal, porque es lo último que he hecho para la televisión nacional, donde mi personaje se faja con el poder, es decir, sus ideas son más fuertes que las del poder? y lo vence; luego, la televisión tiene la magia de entrar en tu casa sin pedir permiso, es más que un acto social, es una comunicación ideal, personal, catártica, subliminal y sutil; te hace muy popular enseguida, tú recibes muy rápido la retroalimentación de tu trabajo actoral.
¿Por qué no ha hecho radio?
Soy un actor muy pasional y me gusta meterme en los papeles, corporizarlos, encarnarlos. La radio es muy difícil, de todos los medios es el que yo más respeto, es mi criterio y lo digo.
Después de tanto tiempo alejado de Manzanillo, residiendo en La Habana o el extranjero, condición esta imprescindible para poder comparar, que en definitiva es evaluar, ¿cómo observa la cultura artística en la ciudad?
Es una pregunta muy amplia, creo que hay que ir por las diferentes zonas que he podido ver y apreciar hasta hoy; y por lo que he podido ver, los músicos son mucho más combativos, hay excelentes músicos y maestros de música. En la literatura hay gente maravillosa, hay muy buenos poetas, en honor a la verdad. En la narrativa los nuestros están en La Habana, es decir, no tienen que ver nada con Manzanillo. ¿Qué es apoyar en arte?, es sencillamente la obra de los creadores si está en consonancia con las ideas de la nación, y echarlas para adelante, pero en esta ciudad yo siento que eso no avanza, que no hay un salto de calidad. Pachi es un héroe, al igual que Cándido Fabré, ambos podrían estar mucho mejor en otras partes del país, sin embargo, están aquí, lo cual dice del amor por este pedacito. Dionisio Ponce es otro que hace cosas increíbles, como dirigir y realizar shows en un lugar que está mal construido, donde los bailarines trabajan directamente sobre el concreto, no sé cómo soportan sus piernas, no cuentan con especialistas que asesoren aquello, coreógrafos, maestros de baile, y esas cosas hay que valorarlas, Dionisio solo no puede, de verdad, no puede.*
Se hace necesario el debate, el ejercicio del criterio, la crítica honesta y transparente para construir, no criticar para demoler. Creo que hace falta una profundización y más rigor en la ejecución de cualquier proyecto, como también se necesita mayor apoyo por parte de las direcciones de casas de cultura, además de la propia Unidad de Apoyo a la Cultura, en este municipio.
Una pregunta que se recicla. Háblenos de sus proyectos.
Mira, mi proyecto lo hago por la necesidad que se tenga de mí, voy a hacer lo que se me mande, siempre y cuando valore si eso vale la pena. Tengo una salud crítica para un actor, debo, por ello, limitarme, ya no puedo montar a caballo o en avión; muchas invitaciones hechas para actuar las he tenido que suspender; pero seguiré abogando para que la cultura artística en Manzanillo dé un salto, ese necesario escalón que ya debe subir.
Quisiera poder dirigir Sueño de una noche de verano, algo que tenga que ver mucho con Manzanillo, aunque sea una obra para teatro del dramaturgo inglés William Shakespeare.
¿Cuándo volveremos a conversar, cámara de por medio, para hacer un documental sobre usted?
Ya yo no estoy para videos, estoy para ayudarte a ti y a todos los que quieran aprender de mi modesta experiencia, aunque no para que me filmen. Bueno, si está en tus proyectos algún documental o ficción en los que yo pueda actuar, cuenta conmigo; pero para repetir ésto, no.
Una última petición: me gustaría anexar a esta entrevista dos criterios que me parecen importantes, por los nombres de las fuentes, y le pregunto a usted si los puedo incluir, ya que han sido publicados en el catálogo de la III Muestra de Jóvenes Realizadores que organiza el ICAIC y no son conocidos fuera de ese marco.
Si lo crees necesario, entonces lo dejo a tu elección.
Muchas gracias.
No, gracias a ti, Cabrera.
Manzanillo, domicilio de Miguel Benavides, marzo 23 de 2005.
Víspera del día de la fundación del ICAIC.
Tres anexos necesarios
Primer plano de Miguel Benavides
-¡Éso es saber actuar para cine! -me dijo Julio del Campo (un ingeniero tan cinéfilo como yo) y fui corriendo a ver Crónica cubana, el 12 de septiembre de 1963.
Yo tenía diecinueve años y vivía deslumbrado por la propuestas de la Nueva Ola Francesa, por la política de «cine de autor», de Cahiers du cinema, y el cine de Alfred Hitchcock.
Hasta ese momento, nada en el cine cubano había despertado en mí una verdadera emoción. Nada, excepto el último cuento de Historias de la Revolución, donde la frescura de sus encuadres, la épica colectiva -casi documental- y la presencia magnética de Miriam Gómez, me ilusionaron con un cine cubano acorde con mi lógica intolerancia de joven aspirante a cineasta, que ignoraba todo lo que me faltaba aún por aprender.
Crónica cubana fue otro intento fallido, pero en mi memoria quedó la imagen de Miguel Benavides al final de la película, su rostro escrutador, en impecable primer plano; sólo él, frente a una cámara que se hizo invisible, porque lo único visible, lo único palpable, lo único real, era el dolor del personaje: su dolor.
El ingeniero Julio del Campo tenía razón: Miguel Benavides se revelaba como un actor que sabía actuar para el cine.
Con el tiempo he podido confirmar que actuar para el cine es un don que se tiene o no se tiene, pues la actuación cinematográfica es una relación misteriosa que sólo la cámara es capaz de establecer con el actor para revelar sus estados de ánimo, sus inefables sentimientos, su «aura» invisible para los ojos. Y Miguel Benavides ?quien durante más de tres décadas contribuyó al esplendor de ese cine cubano, que en 1963 sólo se instituía? fue enfrentándose, en cada película, a esa magia misteriosa que se crea entre cámara y actor, y en muchas ocasiones, logró penetrar algunos de sus arcanos.
La odisea del general José es una de esas ocasiones. En ella, compartimos y sentimos con el actor el frío de la montaña, la humedad de la lluvia, la soledad del monte, la desorientación, el hambre, la sed, el cansancio, la levedad del rocío. No sólo porque Miguel supo expresar orgánicamente las acciones físicas, sino también porque convirtió esas acciones físicas en estados de ánimo.
Siento que esa respiración cinematográfica que define gran parte de la amplia filmografía de Miguel Benavides, continúa viva, aunque la vida lo haya enfrentado a difíciles derroteros personales en años recientes. Por eso pedí escribir estas palabras, con el anhelo -que ojalá sea certeza- de que en una próxima muestra, o en cualquier filme, veamos un plano escrutador como el de Crónica cubana, otra complicidad del actor con la cámara, en la que Miguel Benavides nos entregue, nuevamente, todo su talento y humanidad.
Fernando Pérez
Director de cine
Elogio a Miguel Benavides
Ante la disyuntiva que se produjo en su vida, a la edad de veinticuatro años, entre ejercer como médico o dedicar su vida a la actuación, Miguel Benavides escogió ser actor. Difícil decisión entre dos destinos tan dispares. Así, en 1963, bajo la dirección de Ugo Ulive, comenzó su carrera en el cine cuando protagonizó Crónica cubana.
A partir de ese momento su rostro aparecería a lo largo de más de treinta años, en filmes del ICAIC, desempeñando los más diversos roles: poeta, esclavo, general de las guerras liberadoras, en cintas como: La odisea del general José, El otro Francisco; Plácido; Cecilia y Pataquín.
En cualquiera de estas películas dejó al espectador impresionado con su rostro amable de hombre bueno.
En uno de estos filmes -lamentablemente poco exhibido y casi desconocido-, La odisea del general José, Miguel desplegó tales recursos expresivos que consigue dar la estatura de un personaje histórico de la talla de José Maceo. En una historia apenas sin diálogos, el actor hace reflexionar sobre el drama del patriota, logrando un excelente uso del silencio y la expresividad; pero Benavides no sólo es un actor de cine, en teatro trabajó bajo la dirección de Roberto Blanco en María Antonia y Yerma; con Berta Martínez en Fuenteovejuna; y con Nicolás Dorr en La Chacota, entre otras muchas obras en las que asumió los papeles protagónicos. En varias de ellas fui su compañero en los escenarios más reconocidos, y testigo entonces, de la plenitud de su entrega al trabajo de perfeccionamiento actoral durante los entrenamientos y funciones, como en Una temporada en el Congo, de Aimee Cesaere (Aimé Césaire), donde la vehemencia de su estremecedor Patricio Lumumba nos inspiraba a todos cada noche; o en comedias como El alboroto, de Carlos Goldoni, donde apenas podíamos contener el regocijo creador de estar todos, junto a él, en el escenario.
Del Miguel ser humano, no sólo mi apreciación personal, sino la de todos los que han tenido la oportunidad de tratarlo o trabajar con él, día a día. Habría mucho que decir de su inteligencia para enfrentar los más complejos encargos actorales, de su reconocida generosidad con los compañeros y para los que le rodean, de su disciplina absoluta y rayana en el sacrificio personal, de su alegría e iniciativa para enfrentar, con una mirada siempre optimista, los problemas de la vida diaria, y de un especial sentido por lo verdaderamente justo.
Durante los últimos años, como reconocimiento a su talento, estudiantes de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños lo han invitado a protagonizar sus filmes.
Hoy, con más de una veintena de películas, Miguel Benavides continúa sus trabajos intentando nuevos caminos: la docencia y la dirección. Imparte talleres y clases de actuación en Manzanillo, y aspira a fundar y dirigir el grupo teatral «El monte», en esa ciudad.
Resulta un privilegio estar hoy aquí agasajando una vida plena de talento, valor, y humanismo. Todo esto hace de Miguel uno de los nombres imprescindibles en la historia de los que han hecho y hacen el cine cubano.
Mario Balmaseda
Actor
La Habana, marzo de 2004.
Filmografía de Miguel Benavides Chávez
1.-Crónica cubana, 1963. Hugo Ulive.
2.-Preludio 11, 1963. Kurt Maetzig.
3.-La decisión, 1964. José Massip.
4.-El encuentro, 1964. Manuel Octavio Gómez.
5.-El robo, 1965. Jorge Fraga.
6.-Papeles son papeles, 1966. Fausto Canel.
7.-Hombres de Mal Tiempo, 1968. Alejandro Saderman.
8.-La odisea del general José, 1968. Jorge Fraga.
9.-La primera carga al machete, 1969. Manuel Octavio Gómez.
10.-Un día de noviembre, 1972. Humberto Solás.
11.-Ustedes tienen la palabra, 1973. Manuel Octavio Gómez.
12.-El hombre de Maisinicú, 1973. Manuel Pérez.
13.-El otro Francisco, 1974. Sergio Giral.
14.-Retrato de Teresa, 1979. Pastor Vega.
15.-Cecilia, 1981. Humberto Solás.
16.-Patakín, 1982. Manuel Octavio Gómez.
17.-Habanera, 1984. Pastor Vega.
18.-Plácido, 1986. Sergio Giral.
19.-Un remolino del olvido, 1993. Alejandro Normand.
20.-La caza, 1998. Miguel Valsilski.
21.-Destinos marcados, 1999. Víctor González.
22.-Las profecías de Amanda, 1999. Pastor Vega.
23.-Habanecer, 2000. Jorge Nebras.
24.-El caso Tadeo, 2000. Ashs Lovelance.
25.-Permanencia, 2000. Livia Hernández.
Publicado: viernes 13 de abril del 2018.
Última modificación: miércoles 05 de junio del 2019.



